jueves, 29 de septiembre de 2016

El hilo azul. Anne Tyler


     "Una noche de julio de 1994 Red y Abby Whitshank recibieron una llamada telefónica de su hijo Denny mientras se preparaban para acostarse. Abby estaba junto al tocador, quitándose las orquillas una por una del despeinado moño alto de color arena. Red, un hombre moreno y demacrado, con el pantalón del pijama a rayas y una camiseta blanca, acababa de sentarse en el borde de la cama para quitarse los calcetines. Por eso, cuando sonó el teléfono de la mesita de noche que tenía al lado fue él quien contestó."

    Por sorpresa, así llegó este libro a mi casa. Un regalo inesperado de una amiga con una recomendación entusiasta para que lo leyera rápido. Y lo cierto es que tardé un poco, pero finalmente, hoy traigo a mi estantería virtual, El hilo azul.

     Conocemos a la familia Whitshank, formada por un matrimonio con cuatro hijos ya adultos e independizados. Sin embargo, la avanzada edad y el comienzo del deterioro de los padres, hace que sus cuatro hijos tengan que adaptarse a pequeños cambios. Así conoceremos a las dos hijas, serias y formales, y a sus dos dispares hijos varones: el rebelde Dennis y Stem, el pequeño, el responsable de la continuidad y cuidado.

     Aproximadamente una veintena de novelas avalan a Anne Tyler, pero no es solo el volumen de su producción la que lo hace. Galardonada con el National Book Critics, el Pulitzer finalista del Man Booker Prize, es una autora a la que, desde luego, merece la pena acercarse de vez en cuando. Tiene por costumbre en sus novelas, adentrarse en familias, en entornos conocidos y no buscar que se diga de ellas que son arriesgadas o trepidantes, manteniendo una calidad en su prosa a la que el lector fiel se vuelve adicto.
     En esta ocasión, los elegidos son los Whitshank, una familia con la que la autora se remontará tres generaciones para descubrirnos cómo han llegado a loq ue son, sus relaciones  y también algún que otro secreto. Porque nosotros los conocemos establecidos y en Baltimor, con unos padres mayores y unos hijos que se han de adaptar, cada uno a su modo. De los cuatro hijos, al autora destaca a los varones sobre las mujeres proporcionando más datos al lector que pronto comprende que el hijo que puede descarriarse es el más mirado y por lo tanto, el más tratado en el libro. En este caso Dennis, el rebelde, el inconstante, el que no parece de fiar, el más complejo.

     A pesar de esconder alguna sorpresa y una pérdida importante, la autora mantiene una prosa reflexiva que parece buscar desnudar a una familia con la que cualquier pueda sentirse identificado en mayor o menor medida. Tengo que decir que, si bien es posible que lo que muestra sea cierto en algunos casos, no me gustó como comienza por la forma de abordar un tema como la posible homosexualidad de uno de los hijos, pero que a medida que iba avanzando la historia, me sentí más cómoda. Al final, y sin demasiadas complicaciones, lo que vemos es el sacrificio, el deterioro, una leve sensación de pena en el tono cuando se acerca a la vejez de los padres, y también la solidaridad que hay en las familias. Tengo que admitir que en algunos momentos me ha resultado un tanto plana y que me hubiera gustado profundizar más en los personajes, por ejemplo, tuve una suerte de decepción al ver que el elegido era Dennis por la autora, ya que yo, sin dudarlo un instante, me hubiera quedado con Stem para ver lo que supone ese peso extra que pone sobre sus espaldas antes incluso de que nadie piense en pedírselo.

     En conjunto me ha parecido una novela aceptable que no llega a la calidad de otras firmadas por Tyler como El turista accidental, pero que leída libre de comparaciones inalcanzables, proporciona un rato entretenido, una narración cuidada y equilibrada y además estoy segura que provocará más de una reflexión en el lector.
 
     A veces pasa, al menos a mi, que un escritor brilla tanto en un título, que cualquier otro libro suyo que llegue después, no llega a ese ya leído ajando un poco el concepto en el que tenía a quien lo firma, como si fuera culpable de algún delito. Y vosotros, ¿recordáis algún escritor de un solo título?

     Gracias.

     

martes, 27 de septiembre de 2016

Los últimos días de Adelaida García Morales. Elvira Navarro


     "Una mujer se presenta en el despacho de la concejala. Es un cuarto desabrido, con tres ceniceros sobre una repisa de obra y varias estanterías atiborradas de cartapacios y libros cuyo tema es el propio municipio, hoy convertido en una ciudad dormitorio. Hady desde publicaciones del cronista local hasta un volumen de leyendas comarcales, pasando por un poemario infantil de una maestra jubilada que cuenta cómo los Reyes Magos llegan al pueblo para alegrar el árbol de Navidad de los hogares humildes."

    Me gustó leer a Elvira Navarro en La trabajadora y me quedé con ganas de más, por eso ni me lo pensé cuando salió este título y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Los últimos días de Adelaida García Morales.

     Adelaida García Morales, pongámonos en antecedentes, porque de eso va precisamente este libro, fue una famosa escritora fallecida de manera casi anónima el 22 de septiembre de 2014. Prueba de ello es que hoy estamos a 27 y dudo que alguna haya visto referencia alguna salvo este libro, al segundo aniversario de su fallecimiento hace apenas unos días. Adelaida alcanzó el éxito con El Sur, una película inspirada en un relato suyo que publicaría luego en El Sur seguido de Bene, reeditado hasta la saciedad. A este éxito le seguiría El silencio de las sirenas Premio Herralde de 1985. ¿Y qué pasó después? ¿A alguno os resulta familiar el nombre, a muchos acaso? Porque esta mujer cayó en el olvido y ahora Elvira Navarro partiendo de un hecho real, ficciona los últimos días de la escritora.

     Elvira Navarro parte de una visita que realizara Adelaida a la concejalía de cultura del pueblo en que residía solicitando 50 euros para visitar a su hijo que en ese momento reside en Madrid, en autobús. La concejala le explica que no es ahí donde tiene que solicitarlo, que eso es Asuntos Sociales quien lo gestiona, pero la mujer no parece entrar en razón, ella lo quiere de cultura. La concejala indaga sobre esta escritora residente en Dos Hermanas, pero la desidia parece seguirla y no recuerda bien el nombre o no llega a leer la novela, menos mal que hay una película. Y hablando de películas entra la segunda voz de esta novelita de cien páginas: una realizadora está rodando un documental en un polígono sobre Adelaida García Morales. Solo tiene tres testimonios y una cámara. Dos mujeres y un hombre, psiquiatra de Adelaida, relatarán mientras cae la tarde, lo poco que saben de esta mujer cuya vida parece haberse diluido hasta ser casi olvidada. Todo esto sucede pocos días antes de su muerte. Aquella mujer que lograra la fama, pedía 50 euros para el autobús un puñado de días antes de fallecer.

     Pareciera que Elvira, que es por cierto, la mirada observadora en la foto del fondo de la cubierta del libro, quisiera resarcir el olvido del mundo hacia García Morales otorgando una voz casi literal a la escritora olvidada a través de este relato de sus últimas jornadas. Y pareciera además, no solo por este libro sino por los temas que tiende a tocar, que a la autora le gusta además fijarse en aquellas cosas que pasan desapercibidas habitualmente. Esta vez, es otra escritora que vivía en un mundo que un día decidió olvidarse de ella. Y nos representa de este modo lo efímero del éxito, la crueldad de la vida y la reivindicación en una voz que se empeña en ir a cultura para solicitar lo que Servicios Sociales podrían haberle procurado con mayor facilidad... o tal vez no. Hay una contradicción en esta Adelaida que se nos presenta deprimida, recluida, dejada no ya de aspecto sino de entusiasmo por la vida, que reivindica ese derecho para poder coger un autobús justo frente a Cultura. Y también tiene algo de simbólico que la concejala que le explica que no puede dárselo, no reconozca a quien tiene delante, que ni siquiera sea capa de recordar su nombre. De este modo parece que la concejala lleve el peso de todo el sector sobre sus hombros incluso ante la sorpresa e indecisión que le provocan la muerte de la autora. Elvira Navarro tiñe para representar todo esto, de una suerte de nostálgica bruma esta novelita capaz de conmover al lector en muchos de sus momentos ya que desnuda el alma de la fallecida.

     Párrafos largos y tono pausado, testimonios que parecen enfrentarse a ratos, no por defender una memoria, sino por defender sus minutos de gloria. Tristemente real, nos decimos mientras seguimos avanzando en esta tremenda lectura. Y es que, puede que la novela que hoy traigo sea ficción, pero Adelaida García Morales existió, exactamente igual que la anécdota de la que parte el libro. Y quizás sea eso lo que provoca que cerremos el libro pensando en lo frágil, lo efímera que es la vida, y lo poco que cuidamos la propia memoria. Hay, por supuesto, una crítica también al olvido cultural en forma de sorpresa por parte del lector que desconoce o apenas recuerda el nombre de la mujer cuya vida nos es relatada, y no sólo en el de la concejala ya nombrada. Y hay, una historia que merece la pena ser leída. Elvira Navarro tiene una voz propia en su obra, y, si me permitís opinar, es de esas voces que merece la pena conocer.

     Por cierto, que ayer olvidé preguntaros, ¿qué libro estáis leyendo esta semana?

     Gracias.

   

lunes, 26 de septiembre de 2016

Quien pierde paga. Stephen King


     "Despierta, genio."

     Así comienza la nueva novela de Stephen King para deleite de sus fans. Y digo para deleite porque la frase la pronuncia un personaje con pasamontañas a un escritor que está durmiendo plácidamente en su casa. ¿Reconocible esa relación escritor/lector en la obra de King? Por supuesto. Hoy traigo a mi estantería virtual, Quien pierde paga.

     Tres hombres encapuchados llegan a casa de un anciano escritor llamado Rothstein con intención de asaltar al que fuera denominado genio literario. Sin embargo, uno de ellos, Morris, tiene una deuda con el escritor y su personaje más conocido: está cabreado con el anciano por la trayectoria que hizo tomar a su personaje y ha oído que tiene en casa manuscritos sin publicar. El asalto se salda con el robo de dinero y manuscritos y la muerte del viejo escritor. Conocido Morris vemos como decide esconder el botín tras finiquitar su relación con sus cómplices y como acaba pasando en prisión unos cuantos años. Y entonces viajamos en el tiempo para conocer a la familia Sauber, un matrimonio cuyo marido es una de las víctimas de la masacre de Mr Mercedes, su esposa y dos hijos que ven como su vida se va al traste por los problemas económicos. Eso hasta que Pete, el hijo mayor, encuentra un cofre en el bosque. A partir de aquí seguiremos las dos historias buscando la unión entre ambas.

     Quien pierde paga es la segunda parte de la Trilogía de Bill Hodges, una tentativa del autor de terror más conocido por varias generaciones, de adentrarse en la novela negra. Conocimos a Hodges, un policía retirado, y sus ayudantes, en la primera entrega, Mr Mercedes, y en esta segunda, King lejos de comenzar citando a su detective, nos hará revivir en el segundo capítulo aquella truculenta escena que marcaba la primera entrega de la trilogía en la que un coche arrollaba a una multitud que hacía cola esperando conseguir un empleo. Pero antes de eso, King recupera una de sus obsesiones: los fans malsanos de los escritores. Y nos presenta en las primeras páginas un asalto digno de Misery para dar comienzo a la acción determinante en este libro: la muerte de un Rothstein cuyo nombre nadie duda que es un homenaje a Roth a manos de un lector. Ahí está el King reconocible para todos sus lectores, el autor visual capaz de estremecer al lector al hacerle partícipe del terror de sus personajes. Y no contento con ello, repetirá en ese segundo capítulo al relatar la masacre desde otro punto de vista al conocido ya por quienes nos hicimos con aquella primera entrega.

     A partir de aquí y marcado por una narración ágil, King despliega sus dos historias separadas por treinta años. Por un lado, vamos conociendo el destino de los asaltantes de la casa de Rothstein (de uno de ellos en realidad), y también el botín robado. Por otro, y pasados treinta años, descubrimos siguiendo la historia de ese tesoro enterrado, a la familia Sauber cuyo hijo se convierte en descubridor de ese tesoro. Y comenzamos a temer el momento en que ambas historias se vayan a cruzar. Porque todos conocemos a King, y tememos y deseamos ese momento a partes iguales. Aunque tal vez no seamos los únicos preocupados, y ahí es donde King nos deja recuperar a Hodges, quizás una niña se haya fijado en el cambio operado en su hermano y acuda a un adulto pidiendo ayuda para saber por qué se ha producido dicho cambio. Sin embargo, y pese a pertenecer a la citada trilogía, Hodges dista mucho de ser el protagonista principal de esta novela que se articula en torno a Morris y Pete, dos personajes con más de un punto en común, como su pasión por la literatura, que serán los encargados de llevar el peso de la historia.

     A lo largo de aproximadamente 450 páginas, King hace gala de su facilidad narrativa que engancha al lector, obligándole casi a seguir leyendo sin notar apenas unos fallos que se hacen evidentes al finalizar el libro y que llevan el mismo nombre: Rothstein. Ese personaje que abre la acción al ser asesinado y cuya sombra planea de forma constante, el genio que guardaba un tesoro en manuscritos y del que nos faltaron datos que, sin ser determinantes para la historia, necesitamos saber gracias a que el propio autor nos lo recuerda en varias ocasiones. O tal vez tengamos que esperar a la tercera entrega para saber por qué Rothstein decidió guardarse una parte de esa historia que le dio la fama.

     En conjunto Quien pierde paga me ha parecido una novela francamente entretenida de un King que no parece terminar de encontrarse cómodo en este género. Perfecta para pasar unas cuantas tardes.

     Dicen que todo lector que ha superado los ciento cincuenta libros a sus espaldas ha leído algo de Stephen King, así que decidme, ¿habéis leído algún libro de King?

     Gracias.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Entrevista a Carlos Soto Femenía


     Carlos Soto Femenía nace en Palma de Mallorca en diciembre de 1966 aunque pronto se muda a Madrid, lugar en el que permanece hasta finalizar sus estudios. Debuta en el mundo literario, amén de relatos premiados en los certámenes Silverio Lanza de Getafe, con el libro La unción que ganaría el Premio Alfonso VIII y publica años más tarde la novela Enemigo innúmero. Ahora lo podemos encontrar en las librerías desde hace apenas unas semanas con su obra El carbonero.
- Han pasado doce años desde aquella primera novela, ¿cómo ves La unción desde la distancia?
- La veo como una novela sencilla, muy sencilla, con las carencias de quien está empezando. Es un libro de comienzos.
- Y sin embargo un punto en común entre ambos libros es ese distanciamiento en el tono.
- Me lo han comentado o he leído como lo decían en algunas críticas los lectores, pero en realidad no era mi intención cuando estaba escribiendo ese distanciamiento. Si se percibe quizás sea porque el personaje es muy fuerte y de este modo alcanza una suerte de equilibrio con la historia.
- Marc, el personaje principal de la historia, es muy carismático y especial. ¿Cómo lo describirías?
- Honesto. Marc es honesto. Es una persona muy directa con apenas contacto humano y tal vez eso hace que resulte tan frontal. Es honesto incluso consigo mismo, de hecho no tiene reparos en reconocer cuál es su futuro, a dónde va abocado, y también en reconocer su lucha en contra de ese destino que parece tener marcado por ser quién es.
- Un carbonero, una figura totalmente desconocida para muchos de nosotros, que parecía vivir ajeno y escondido del mundo. ¿Por qué un carbonero?
- Realmente yo tampoco tenía conocimiento de esta vida. Conocía, claro, las sitjas, pero no había investigado sobre el tema, creo que ni siquiera me había parado a pensar en ellas, hasta que un día me encontré con un artículo en el que un hombre hablaba de su profesión. Era carbonero, hijo y nieto de carboneros y había ejercido su profesión hasta hacía treinta años. Imagina, treinta años y estaba contando una vida que pareciera databa de hace un siglo, pero que estaba ahí al lado. Al descubrirlo no pude evitar tirar de un hilo que me llevó a nuestra maravillosa sierra y los personajes comenzaron a construirse prácticamente solos.
- La sensación de aislamiento que transmite esa vida es brutal, ¿en qué medida afecta eso a tus personajes?
- En todo. Estar ahí arriba tantos meses sin apenas contacto te da mucho tiempo para pensar. Tanta soledad puede volverte loco y uno se acaba refugiando en sus pensamientos que, en el caso de Marc, van invariablemente hacia ese crimen que se cometió y, por supuesto, hacia la venganza. Es el aislamiento el que alimenta la intensidad de esa necesidad de vengarse que tiene Marc y de ahí nacen los deberes que él mismo se pone. Marc entiende que su vida está marcada y dibujada, pero tiene una deuda moral con ese momento de fractura su vida y la de su padre. Porque prácticamente lo pierde todo y es ahí donde la señora gana la fuerza de quien vela por ellos, y también la deuda de Marc hacia la señora. Con el tiempo, Marc sabe que no es responsable de lo sucedido, pero si se ve en la responsabilidad de que no caiga en el olvido lo sucedido, ni esa vida pasada que perdió en un momento.
- Nombras a la señora, que es un personaje mucho más complicado de lo que puede parecer a simple vista.
- Sí, la señora es un testimonio vivo y Marc tiene sentimientos encontrados hacia ella. Por un lado parece una competidora de su madre y, por otro, su familia está unida a ella que siempre estuvo ahí, velando por ellos. Por todos en realidad.
- Un ambiente rural que llega a convertirse casi en un universo cerrado y prácticamente ajeno a todo lo que sucede fuera de él.
- Es que es justo eso, y Marc es quien ha de mantenerlo vivo. Se niega al olvido.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Una letra femenina azul pálido. Franz Werfel



     "La correspondencia estaba sobre la mesa del desayuno. Una respetable pila de cartas, pues Leónidas había festejado poco antes su quincuagésimo aniversario y aún seguían llegando diariamente felicitaciones atrasadas. Leónidas se llamaba, en verdad, Leónidas. Debía aquel nombre tan heroico como abrumador a su padre, un pobre catedrático de instituto que, aparte de esa herencia, sólo le había dejado la colección completa de clásicos greco-latinos y los números de la revista Tûbinger altphilologische Studien correspondientes a un decenio."

     A partir de las cincuenta páginas, aproximadamente, se considera que un relato pasa a denominarse novela. Sin embargo no suele ser cuestión de extensión el que una historia se quede con el lector. Hoy traigo a mi estantería virtual, Una letra femenina azul pálido.

     Conocemos a Leónidas pasado su cincuenta cumpleaños. Tan cerca, que sigue recibiendo felicitaciones y, un día cualquiera, entre ellas, llega una carta con letra sesgada, femenina, en un color azul pálido. Turbará esta carta su existencia provocando que recuerde a Vera, aquella mujer a la que amó estando casado y que ya le escribiera otra carta hace años que jamás llegó a leer por miedo a su celosa esposa. Una carta y unas letras que llegan sin avisar cambiándolo todo, haciéndole recordar.

     Menos de cien páginas tiene esta novelita que uno encuentra por casualidad, disfruta de una sentada y regala después casi con la obligación de quien comparte un descubrimiento. Viajamos en el tiempo y el espacio hasta Austria para conocer a este Leónidas que se hizo a si mismo gracias al frac de un suicida, que se reinventó y llegó a lo más alto casándose con la heredera más hermosa y pudiente de la ciudad. Un hombre íntegro que jamás olvida sus raíces, un hombre honesto... que una vez conociera a otra mujer capaz de hacer que se desviara de su rumbo, acaso de su destino. Y esta será la historia que esboce el autor en el recuerdo de su protagonista mientras avanza el presente, y abrimos la carta, y conocemos sus letras, y también a Vera. Con una atmósfera que se adapta perfectamente a eso que conocemos como viejo continente, Werfel demuestra que no es necesario caer en la tentación del exceso de páginas para contar una historia completa cuajada de sentimientos en cada página. Utilizando para ello un narrador omnisciente que nos deja penetrar en sus personajes, y articulándose cual trípode en Leónidas, Amelie, su esposa, y Vera. Y utilizando la ambigüedad de una carta en exceso formal como detonante de lo que podríamos pensar es una novelita romántica que tratará el tema de la infidelidad y la purga de la misma, el autor nos conduce a un sorprendente desenlace que permite al lector obtener una visión de conjunto diferente. Ahora ya conocemos la época, aquella en la que ser alemán o judío era vital... y también cómo el pasado por mucho que uno crea lo contrario, tiene la mala costumbre de negarse a morir.

     Werfel tiene algo de poético en sus letras, quizás porque fuera también poeta, que ha provocado su comparación con otros nombres más conocidos en nuestro país, como el de Zweig. Sin embargo, tal vez su mayor similitud sera el conocimiento del universo interior de los sentimientos, incluido el femenino, y su capacidad para abrir una ventana al observador sin necesitar para ello más que un puñado de líneas. Y es que, Una letra femenina azul pálido, pertenece a esos libros que uno lee sabiendo que no será la mejor de sus lecturas, pero sí una de esas fielmente recordada. Un placer dosificado, un gran libro pequeño.

     Y vosotros, ¿le dais importancia a la extensión de un libro?

     Gracias.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Zombi. Joyce Carol Oates


     "Me llamo Q_P_ y tengo treinta y un años y tres meses.
     Altura: metro setenta y siete; peso: sesenta y siete kilos.
     Ojos castaños, cabello castaño. Complexión mediana. Algunas pecas desperdigadas por los brazos y la espalda. Astigmatismo en ambos ojos, lentes correctoras para conducir. Rasgos distintivos: ninguno."

     Oates es una de las escritoras vivas más importantes del panorama literario. Más de cien libros, algunos bajo seudónimo, ningún miedo a adentrarse en cualquier tema y, sobre todo, una calidad literaria sorprendente ante tanta producción, avalan esta afirmación cada vez más extendida entre críticos y público en general. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, uno de sus libros singulares. Hoy traigo, Zombi.

     Conocemos a Quentin P_, un joven de treinta y un años que está en libertad condicional por un percance racial. El mismo nos relatará su historia en una suerte de diario mental fragmentado y nos dejará de este modo entrar en su mente. Pero esta no es una historia sobre un conflicto racial, no. Q_P_ como se llama a si mismo, es un psicópata obsesionado con hacerse un zombi que le obedezca, se interesa por las lobotomías... y los picahielos. Q_P_ sabe lo que quiere.

     La maldad humana es uno de los temas más recurrentes en la literatura: noshabla el malo, buscamos al malo, cogemos al malo, lo observamos, lo condenamos, lo matamos... y diciendo esto, ya estaríamos cubriendo una gran parte de la literatura universal. Sin embargo, Oates, como es su costumbre, da un paso más en este libro: le da la voz al malo, a Q_ P_, y no lo hace de palabra, sino en forma de diario privado en el que Q_ puede expresarse libremente. Y nos deja conocerle de esa forma íntima que nos conocemos a nosotros mismos porque miramos rincones que nadie más ve.

     Capítulos cortos, tipografía que alterna cursivas y palabras en mayúscula y algunos dibujos realizados a mano en forma de notas, serán el perfecto complemento de la mente que nos habla a través de las letras de Oates. Q_ tiene unos padres que se preocupan, con una educación y una posición, un psiquiatra de renombre y una mente analítica bajo una lógica retorcida que llega a sobrecoger al lector. No es solo por la lógica propia que despliega, también porque Oates procura hacernos conscientes de lo fácil que es ser así... no nosotros, pero sí cualquiera que nos rodee, incluso un vecino. Nos busca aterrorizarnos, pero de algún modo consigue meter el miedo en el cuerpo del lector, sin estar escribiendo terror, como si nos dijera que ahí fuera, en la calle... y luego nos dejase rellenar el final de la frase. Q_ habla de sí mismo en tercera o primera persona, se nombra o se cita detrás de una inicial, pero, sobre todo, se muestra. Y vemos que es un producto de una sociedad enferma que permite que se desarrollen este tipo de conductas y queden ocultas bajo el manto social demasiado tiempo, porque Q_ tiene un psiquiatra que se limita a tratarle con pastillas. Y Q_ bebe y se droga y ve la televisión y tiene acceso a la información que cree necesitar en una sociedad moderna, la misma que en su día hizo que su padre le obligara a quemar unas revistas en las que aparecían hombres para no disgustar a su madre. Pero ojo, Oates no va a justificar jamás a su protagonista, no va a buscar el trauma ni el detonante que le justifiquen porque Q_ no cree que necesite justificarse de nada. A fin de cuentas, él solo quiere tener un zombi.

     Basado parcialmente en Jeffrey Dahmer, un asesino de chicos que venía de una familia normal, Oates logra que sintamos un rechazo casi visceral hacia su protagonista. De hecho, si hay quien ha catalogado este libro como terror, posiblemente sea porque eso es lo que llegamos a rozar al leer alguna de las afirmaciones que es capaz de realizar. Y no es fácil alcanzar esa conexión con el lector como para que se sienta intimidado ante lo escrito y afirmado por el protagonista. Es algo al alcance de muy pocos y Oates ha demostrado que sabe cómo conseguirlo. Por eso nos encierra detrás de los ojos de Q_, para que sintamos la claustrofobia de quien mira sin poder impedir lo que sucede y sabe que el asesino es consciente de esa facilidad para salir impune.
     Por supuesto, y fiel a la costumbre de la autora, hay una crítica social en todo esto. Sobre todo a la pasividad, al mirar hacia otro lado, al no querer ver. Esa es la verdadera impunidad de la que goza mucha gente, parece decirnos Oates, no la de quien se esconde bien, sino la de quien se aprovecha de esa comodidad que es vivir en la ignorancia. Como el padre que visita a su hijo y, lejos de ahondar en lo que tiene delante, termina por invitarle a cenar.

     Zombi me ha parecido un buen libro. Un experimento literario que viene a demostrar que no todo está inventado y que quedan formas de explorar los temas en la literatura. Q_ no deja indiferente a nadie.

     No necesito que un protagonista me agrade para que me guste una novela. No es importante si me gusta o no, si me cae bien o no, lo importante es que me produzca algún tipo de sentimiento de empatía o rechazo. Y cuanto más fuerte, mejor: como el protagonista del libro de hoy. Pero he observado que no a todo el mundo le sucede y hay muchos lectores para los que es necesaria una cierta afinidad con el protagonista para disfrutar de una novela. Por eso hoy os pregunto, ¿necesitáis que el protagonista os caiga bien para disfrutar de un libro?

     Gracias.

martes, 20 de septiembre de 2016

El otro hijo. Sharon Guskin


     "La víspera de su treinta y nueve cumpleaños, el día más deprimente del peor febrero que alcanzaba a recordar, Janine tomó la que acabaría siendo la decisión más trascendental de su vida: disfrutar de unas vacaciones."

     Cuando vi este libro pensé que sería una buena lectura para pasar el rato entre otras más complejas, anunciado como una novela de misterio, con una base sobrenatural en la que no creo, pero sin que esto sea un problema para la lectura, y con las alabanzas de libreros independientes, no dudé en ponerme con él. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El otro hijo.

     Conocemos a Janine en su cumpleaños, día que que se deja llevar y termina en una noche de pasión. Unos años después la retomamos, sin una pareja, vive con su hijo Noah, fruto de aquella noche. Noah es un niños especial que vive aterrorizado por el agua, no se relaciona bien, y parece recordar atisbos de otra vida, con otra casa, otros gustos... porque nada justifica en el entorno de Noah las cosas que sabe. Por eso su madre, se esfuerza con el  de médico en médico hasta que se tropieza con Anderson, un doctor que documenta este tipo de casos: reencarnaciones.

     Partiendo de una premisa que puede ser interesante la autora nos mete de lleno en la desesperación de una madre cuando la ciencia es incapaz de poner nombre o solución a la dolencia de un hijo. Nos describe cómo es el día a día de un niño especial, con fobias, que pide incluso desesperado a su madre que le lleve con su otra  madre. Y luego nos muestra, alternando capítulos de supuestas experiencias reales documentadas, al doctor que habla de la reencarnación, de niños que recuerdan otras vidas hasta los 5 o 6 años, porque sus mentes aún están abiertas. Abre entonces la trama de misterio, además de la búsqueda de esa otra vida, y obliga al lector a preguntarse qué sucedió en esa otra vida, cómo murió ese otro niño o a manos de quién.

     Es evidente que estamos ante un argumento diferente al que se le puede sacar partido, pero no he tenido esa sensación. Me ha parecido una historia superficial en la que, ni la desesperación materna era genuina, ni se justificaban sus continuos cambios de opinión. No tengo problema con tramas sobrenaturales, pero necesito que, si me sacan a todo un doctor experto, me den algún hilo que justifique en este caso, el estudio y la creencia, y aquí la autora se ha limitado a acumular experiencias en cursiva que parecen intentar convencer al lector por repetición. Porque es el problema principal de esta trama fallida, la falta de convicción y el "imposible descifrar", "expresión nueva para ella"... que parecen acompañar a los supuestos momentos de tensión como si Guskin se quedase sin argumentos llegados esos puntos que suelen ser los principales en una historia. Por otro lado tampoco el personaje del doctor, al que aqueja de una enfermedad degenerativa, termina de resultar convincente, como si esos olvidos y pequeñas incapacidades, fueran la excusa para no necesitar ahondar en él. Y así solo nos queda la trama, una trama en la que se precipita para luego tener que frenar y no terminar el libro "demasiado pronto", lo que ha provocado en mí esa sensación de goma que tira y afloja durante una lectura que, no sólo no ha llegado a convencerme, sino que ha terminado por ser decepcionante.

     De vez en cuando me gusta experimentar, y de un tiempo a esta parte parece que la palabra independiente es considerada un sinónimo de calidad: ya sea editorial independiente, prensa independiente o libreros independientes, pero lo cierto es que si uno experimenta, tarde o temprano, se estrella. Y eso es justo lo que me ha pasado a mi con El otro hijo. No obstante, no me arrepiento de su lectura, hay que leer de todo para saber lo que a uno le gusta.

     Y vosotros, ¿recordáis vuestra última decepción?

     Gracias.

lunes, 19 de septiembre de 2016

El palacio azul de los ingenieros belgas. Fulgencio Argüelles


     "Mi padre tomaba grandes tazones de café negro y llevaba siempre camisetas sucias que olían a alquitrán y a mi madre le decía lisonjas cuando quería algo, ternezas como prenda o encanto o princesa, pero voceaba furioso insultándola, llamándola perra asquerosa y cosas peores cuando ella se retardaba, y lo hacía con una voz ofensiva y metálica, agitando sus brazos inmensos, pero mi madre nunca le contestaba, jamás le decía una palabra de réplica, ni siquiera perdía su expresión de gratitud perenne."

     Hay títulos que, por algún motivo, me llaman la atención y me resulta imposible salir sin ellos de la librería. Eso es lo que me pasó con este, y ni siquiera me planteé leer la sinopsis. Hoy traigo a mi estantería virtual, El palacio azul de los ingenieros belgas.

     Conocemos a Nalo en septiembre de 1972, momento en el que entra a trabajar en el palacio que da título al libro como jardinero. Desde ese momento y hasta 1934 acompañaremos a este Nalo jardinero, observador, al niño que crece en una época convulsa en España. Veremos un universo desplegarse ante sus ojos en un puñado de personas con sus sentimientos y temores.

     El palacio azul de los ingenieros belgas fue la novela ganadora del prestigioso premio Gijón en el año 2003. Un premio que, si alguien me preguntara mi opinión, tiene muy poca repercusión para la fama literaria del lugar y sus tertulias, y que ha dejado títulos que siempre merece la pena ser descubiertos. Y un ejemplo perfecto es el título de Fulgencio Argüelles, un nombre que me era totalmente desconocido hasta verlo impreso en la cubierta de mi reciente adquisición.

     El lector avezado rápidamente se dará cuenta del contexto histórico de este libro, de lo sucedido en Asturias, de Primo de Rivera.. pero no por ello hay que pensar en una novela que habla de guerra o preguerra, porque en realidad lo que estamos es ante una novela de iniciación de un Nalo que no deja jamás de ser quien tiene la palabra como narrador, y que irá descubriendo el mundo adulto, el amor, el sexo, la amistad y los secretos, pero en un momento muy especial. Una época en la que es cierto que llegaron personas como estos ingenieros, a Asturias, a trabajar y explotar las riquezas del lugar. Y que generaron una serie de contrastes respecto al modo de vida y poder adquisitivo, y de esto, nuestro Nalo, porque pronto se convierte en nuestro de la forma en que lo hacen los personajes entrañables, es testigo de excepción. Por supuesto que se ven afectados por la guerra, una guerra que provocó el dolor y la muerte de los sueños de muchos, y el autor, a través de ese pequeño universo que rodea al palacio, es capaz de elevar una voz anónima de lo que fuera la vida de muchos. Ahora mismo, mientras hago un repaso de la lectura, no puedo hacer otra cosa que sonreír ante esa aspiración de poseer una enciclopedia que nos  es mostrada en un momento dado y que percibimos con casi candor.
     Los personajes, ese componente del que se suele hablar con términos como perfilados o profundos, son el eje principal de la historia. No hay uno solo que aparezca al azar, incluso los secundarios tienen una importancia vital para los hechos que nos relatan. Y se ven arropados por descripciones espléndidas y, sobre todo, por una prosa cuidada hasta el extremo convirtiendo la lectura en un placer por el simple hecho de leer las formas del autor. Así disfrutaremos con los abuelos, la hermana, con Julia, los ingenieros y sus familias... y con cada una de las situaciones que provocan. Y así lo sentirá el lector mientras percibe un cierto aire a novela de formación casi victoriana, cosa que hará desde el momento en el que la sensualidad asociada al crecimiento, viene a impregnar algunas de sus letras, sin por ello desanclarse del momento histórico en que se produce.

     El palacio azul de los ingenieros belgas es una gran novela, de esas que parecen haberse perdido en el tiempo frente a la marabunta de novedades de las mesas libreras y que, tal vez y precisamente por eso, proporciona un placer privado en el lector que se decide a descubrirla y se alza como abanderado del título, resuelto a recomendarlo orgulloso. Un tipo de libro que es muy poco habitual que venga firmado por un autor patrio.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

sábado, 17 de septiembre de 2016

Las mentiras del lector


     "Que otros se enorgullezcan por lo que han escrito, yo me enorgullezco por lo que he leído."
     Jorge Luis Borges.

     Parece que fuera una moda de los últimos años hablar de libros no leídos, presumir de ellos, tal vez incluso pasearlos. Sin embargo, desde que el hombre tuvo capacidad de hablar, la usó para presumir, y, por lo tanto, también para mentir. Es más, podría afirmar sin dudarlo que exactamente igual que hay títulos que la gente parece jactarse de no haberlos leído, véase El Quijote es un tostón, nadie aguanta al infumable Ulysses o nadie en su sano juicio leería (poner aquí título) de Pynchon, hay otros con los que sucede justo lo contrario: esos son los títulos malditos que todos afirman conocer o leer, pero que si pusiéramos un examen, muchos se verían en serios apuros. No con todos, claro, muchos han visto la película, ya que en su mayoría se trata de libros harto conocidos y, si bien no demasiada gente ha leído El nombre de la rosa, la inmensa mayoría te dirá que leyéndolo no pudo evitar poner a su protagonista la cara de Sean Connery.

      Haciendo un ejercicio de sinceridad me gustaría saber cuántas personas pasaron de aquella versión infantil de Moby Dick a la novela de Melville, o si nos ha servido con ver las adaptaciones de las obras de Austen, o cuántos han leído Expiación pese a casi todo el mundo le gustó la película. Pero tampoco necesitamos irnos al cine para evitar un libro, no. Platero y yo, estoy segura de que pocos levantarían la mano si estuviéramos en un examen, incluso El principito se cuenta entre esos libros hablados más que leídos haciendo un buen dúo con El guardián entre el centeno. Y así nos va, ni más ni menos. Presumir de parecer, de saber, de conocer e incluso de leer. Que dicho así suena bastante feo, pero en el fondo es lo que hay. O mejor, demos la vuelta a lo mismo, porque realmente, si habla tanto de determinados libros, que es casi como si lo hubiéramos leído. Nos suena tanto que es prácticamente imposible que capten nuestra atención porque la relectura es un hábito en desuso casi una excentricidad. Y si uno ya conoce la historia, la primera lectura es justo a lo que suena.

     Y es que, por mucho que nos fastidie eso que tanto se comenta del tema del postureo lector, seamos sinceros... algo de eso, hay. Y entre los que nos cuesta confesar haber leído y aquellos que se van dejando, está el punto intermedio en el que nos hayamos todos los lectores. Aunque, eso sí, leer leemos. Y, por supuesto, lo disfrutamos. Al menos yo. Cada vez más.

     Confieso que no he leído, ¿quién se anima? Yo no he leído Las olas, de Virginia Woolf. Que no se diga que no abro mecha.

     Gracias.

     PD: No vale decir La Biblia.
            Ni el Kamasutra.

viernes, 16 de septiembre de 2016

Patria. Fernando Aramburu


     "Ahí va la pobre, a romperse en él. Lo mismo que se rompe una ola en las rocas. Un poco de espuma y adiós. ¿No ve que ni siquiera se toma la molestia de abrirle la puerta? Sometida, más que sometida."

     Desde que descubrí la voz narrativa de Aramburu, se ha convertido en uno de esos escritores a los que me gusta seguir. Por eso no dudé en anotarme este título de llamativa cubierta con paraguas rojo, y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Patria.

     En esta novela conoceremos a dos familias, amigas y afines en muchos sentidos, la de Miren y Joxian y la de Bittori y Txato que residen junto a sus hijos cerca de San Sebastián. Una de ellas tiene la suerte de prosperar y la desgracia de que ETA se fije en ella para pedirle el impuesto revolucionario, la otra tiene a uno de sus hijos dentro de la organización, e inevitablemente, se produce una fractura, irreparable además desde el momento en que Txato muere asesinado.

     Hay que decir, por esto de comenzar de frente, que el hecho de que ETA mueva gran parte de los sentimientos expresados en la novela, es tan importante como anecdótico. Y con esto quiero destacar que no estamos ante una novela política, de hecho el autor, excepto tal vez en la parte en que toma la voz un escritor, llegando al final, procura no dar su opinión o juicio amparándose en capítulos cortos cuajados a su vez de frases cortas. Lo que relata esta novela en realidad, es la vida de dos familias en una sociedad y una época marcada por la existencia de esta lucha armada, pero también encontraremos situaciones cotidianas que nos resultarán tremendamente familiares. Y lo aclaro porque es importante no quedarse en un punto cuando se lee un libro y abarcar la historia completa. Es evidente que si comenzamos en el momento en el que se abandonan las armas definitivamente, y sabiendo que uno de los protagonistas ha sido asesinado, no se puede decir que sea un telón de fondo, ya que nos queda claro que va a marcar la historia. Pero es precisamente eso lo que refleja el autor, la infinidad de vidas y de situaciones que ha marcado la existencia de esta banda armada, y así lo vemos en los nueve protagonistas de Patria y también en los personajes satélite, alguno de los cuales marcará al lector nada más empezar a conocerlo.

     Aramburu nos muestra una fractura real en la que hay una familia que pierde a uno de sus miembros en un charco de sangre, una familia que se endurece en la figura de la ahora viuda que no encuentra o no parece lograr la forma de quedarse en paz y sus hijos Xabier y Nerea que salen de allí, con su marca, como una muestra indeleble que no podrá borrar el paso de los años incapacitándoles para algunas cosas o acaso olvidada mientras viven sus vidas. Del otro lado, la otra familia, la de Joxian y Miren y sus tres hijos, Gorka, escritor, homosexual, buscador de su lugar en este mundo que le ha tocado, Joxe Mari, el miembro de ETA, el detenido, el interrogado sin piedad, la fractura... y su hermana Arantxa, personaje que nos deja ver  el otro lado de una madre que se ha radicalizado solidaria con su hijo. Y es que esta es una novela con hombres, pero que destaca la fuerza de las mujeres, mostrando una sociedad marcada por el matriarcado en el que ellas eran como leonas que cuidaban de sus familias. Ambas heridas por distintos flancos, ambas rabiosas, una con una hija que va creciendo en la historia, la otra con su hija como talón de Aquiles.... mujeres. El autor, quizás en un afán de intentar evitar el victimismo fácil en el que se puede caer ante este tipo de temas, no duda en intentar mostrar todas las voces, todos los posibles, porque, y esta es mi opinión, siempre que se pueda hay que relatarlo todo. Y posiblemente eso, junto con una cronología desordenada que tiene momentos casi de crónica de vivencias sueltas, alternando incluso la persona del narrador, será lo que marque el realismo de una novela que no duda en mezclar nombres cuando lo considera necesario para recordarnos que lo que nos relata es una historia que está ahí, poblada de personas que aún viven y respiran y sienten. Quizás por ese realismo que conocemos tampoco necesita o quiere marcar una historia de buenos y malos, deja parte del trabajo al lector y por eso he pronunciado la palabra crónica. Crónica de un momento, de una sociedad, de víctimas, victimarios, padres e hijos, madres e hijas, juicios, amores, confesiones y creencias, la crónica de unas calles y también de los almas de quienes transitaron por ellas.

     En un momento dado uno de los personajes se pregunta por qué no decir que su hijo es médico cuando otros presumen de otras cosas. Y tal vez sea eso lo que hace el autor en esta novela que recoge su propio testigo de Años lentos, para finalizar con un simbolismo que no escapará a los ojos de nadie, dejado ahí por esto de la esperanza o tal vez el cambio, ante los ojos del lector que se ha dedicado durante más de seiscientas páginas a juzgar por si mismo lo que Aramburu iba relatando. Y no me cabe duda de que hay una literatura que refleja la sociedad, que denuncia, que refleja lo que se vive, y que tal vez ese motivo sea suficiente para recomendar sus títulos. sin embargo, yo prefiero recomendar Patria por su buen hacer, su cuidada prosa, su autopsia distante de los personajes ante la mirada del lector. Prefiero recomendarlo por ser un buen libro.

     Y vosotros, ¿os acercáis a libros contemporáneos alguna vez?

     Gracias.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Tan poca vida. Hanya Yanagihara


     "Se detuvo un par de veces para echar un vistazo a la sala de estar, donde Jude seguía en la misma postura, con los ojos cerrados, el puño apretado y la cabeza ladeada para que no pudiera verle la expresión."

     Hace unos meses yo tenía una reseña escrita que comenzaba con esta frase:

     "The only trick of friendship, I think, is to find people who are better tan you are - not smarter, not cooler, but kinder, and more generous, and more forgiving- and then to apreciate them for what they can teach you, to try to listen lo them when they tell you something about yourself, no matter how bad -or good- it might be, and to trust them, wich is the hardest thing of all. But the best as well"

El libro era A little life,  una novela enorme y desgarradora que había marcado un pequeño punto de inflexión en mi ruta lectora ya que paralizó otros títulos hasta finalizarlo. Pero no saqué la publicación. Y no lo hice porque descubrí que Lumen iba a editarlo, y quise leer la traducción al castellano y esperar a hablar de un libro que no hubiera que pedir y solicitar, sino que estuviera al alcance de cualquiera en una librería. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Tan poca vida.

     Ambientado en un impreciso presente, conocemos a cuatro amigos de la universidad que se trasladan a la gran ciudad, Nueva York, para conseguir sus sueños. Serán, JB, Malcolm, Willem y Jude. Todos ellos persiguen su sueño y nosotros seremos testigos de sus éxitos. Veremos, además, como la historia se va centrando en Jude, un juguete roto por algo que le ha sucedido en el pasado.

     Con este argumento Hanya Yanagihara construye una conmovedora novela que se contradice tanto en contenido como en extensión con su título, Tan poca vida. Porque hay mucho que contar y muchísimo que sentir tras esa cubierta ya conocida por todos.
     Comenzamos la historia con entusiasmo para ir descubriendo que en realidad trata de la vida de Jude, de su cuerpo maltratado por cortes que le dejan surcos ni la mitad de dolorosos que los que lleva su alma. Y asistimos también a la incapacidad de comunicarse, a su necesidad de ser tocado y querido frente a su aversión a que le toquen. A su lucha diaria. La autora va desgranando su vida mientras nos sentimos asolados y morbosos por no ser capaz de dejar de mirar. Y quizás por eso nos coloca el contrapunto, ese entorno, esos amigos que rescatan, que comprenden, que reflejan a su vez lo mejor sin que parezca muchas veces ser suficiente. Nos muestra esa amistad entre los protagonistas, todos ellos hombres, principalmente entre dos que van más allá de una simple amistad, y también los muros a la hora de hablar abiertamente, de mostrar sentimientos, de exponerse. Y, por supuesto, sin aligerar en ningún momento una historia que consigue conmover al lector desde las primeras páginas. Quizás sea esa ansiedad durante la lectura la que nos obliga a seguir leyendo, y más allá de eso, nos hace partícipes de ese voyeurismo que antes comentaba. Porque difícilmente se resiste uno a comentar lo que esta lectura le provoca, como si buscara un consuelo, olvidando que otras veces, estas lecturas las hemos hecho en solitario, contagiados por la caida libre sufrida entre las líneas de la novela.
 
     Todas estas sensaciones se intensifican porque la autora deja fuera la otra vida, esa que nos ayudaría a saber el año exacto, el momento exacto, y no nos da más que detalles alrededor del grupo principal. Si en algún momento al comenzar la lectura pensamos que era una crónica, esa sensación se desvanece pronto, aunque posiblemente creamos que estamos en la época actual, tal vez en unos pocos años... nada exacto, qué importa en realidad. La sensación de burbuja es lo que se busca y se logra en esta novela. El consuelo y el desconsuelo, consiguiendo que una y otra vez nos preguntemos hasta qué punto va a ser capaz de aguantar, o vamos a serlo nosotros... y ambos lo hacemos hasta llegar al final de este libro realmente inolvidable.

     Llegados a este punto muchos os preguntaréis por qué recomendar un libro así. La respuesta es fácil: no me gustan las lecturas convertidas en agua, que no provocan sensación alguna y se olvidan incluso más rápido de lo que se leen. Me gusta reír y también llorar, conmoverme, sentir pena, pasión, desgarrar y morder. La vida está llena de sentimientos y la literatura nos acerca muchos desde la distancia, con arnés, y esos.. esos quiero sentirlos todos. Además, lo mismo que no he conocido a nadie que haya quedado indiferente con la lectura de Tan poca vida, tampoco he conocido a nadie que se haya arrepentido de leerlo. Y, si ha habido voces que se han alzado cuestionando el realismo de la narración frente a la sobrecarga que impone la autora, cosa que comprendo, yo hago especial hincapié en el realismo de los sentimientos que despierta. Y eso, amigos lectores, es algo que no se puede impostar. Ahora me toca buscar el anterior título de Yanagihara.

     Y vosotros, ¿sois de los que buscáis historias que no os dejen indiferentes?

     Gracias.

     "No creo que la felicidad sea para mi."

lunes, 12 de septiembre de 2016

El carbonero. Carlos Soto Femenía


     "Siete años atrás había recorrido aquel mismo camino en sentido contrario, al principio andando, un tanto desorientado, después acelerando el paso y por fin corriendo, gimiendo, casi gritando.
     Habían asesinado a mi madre. Le habían partido la cabeza con un hacha. El buhonero, que era quien había venido a darme aviso, no había sido tan explícito, naturalmente. Los detalles los sabría más adelante."

     A veces es la sencillez lo que más nos llama la atención. Quizás por eso esta cubierta se me grabó a fuego asentando la certeza de que era un libro que iba a leer. el caso es que hoy traigo a mi estantería virtual, El carbonero.

     Conocemos a Marc, hijo y heredero de la labor de un carbonero mallorquín. Tras la muerte violenta de su madre, vive con un padre que ha optado por el silencio, cayendo en u nmutismo casi autista que, sin embargo, no le incapacita para su trabajo. Marc, en cambio, se refugia en el calor de unos vecinos, en las visitas de la señora de sus tierras, y en la necesidad de saber. Ahora, siete años después, el pasado volverá a llamar a la puerta.

     El carbonero es una obra singular desde su abrupto comienzo hasta la última página. Con la fuerza de una primera persona de voz serena y reposada relata un drama rural teñido de rojo sangre que se acerca a la novela negra sin apenas dar un respiro al lector. No diré uno de esos adjetivos tan de moda, como trepidante, porque no lo es. Es en realidad una marcha sin fin hacia lo inevitable que va cargando de estática las páginas del libro. Con un cierto regusto a aquellos autoras que recorrían caminos rurales, Femenía nos deja el retrato de un pueblo y un oficio desconocido, cuando no olvidado, para muchos: el carbonero que quema encimas vigilando a costa de su propio bienestar que no se apague el fuego. Y también una vida aislada, casi anclada en el tiempo que parece inamovible mientras los días pasan sin apenas cerrar los ojos. Y es en este entorno en el que sitúa la tragedia utilizando para ello una voz desapasionada que contrasta con el sufrimiento que, a todas luces, arrastra el dueño de esa voz y protagonista del libro. No necesita tampoco muchos personajes para terminar la composición de una historia en la que la justicia, o la falta de ella, se alza como la gran protagonista junto al honor y el cariño.

     No se pierde el autor en retórica para hablarnos de las costumbres, los valles y las montañas como tampoco lo hace para hablar de los sentimientos, que quedan muchas veces reducidos a impulsos primarios. Quizás sea por eso que se nos antoja una narración cruda, casi descarnada, como si estuviéramos ante el volcado de un alma en boca del narrador. La vida, qué duda cabe, a veces nos da golpes de los que uno nunca se termina de recuperar, y al mismo tiempo obliga a seguir adelante. Y eso es justo lo que sucede en El carbonero: resentimiento, sed de venganza, aislamiento y oscuridad. La vida, en definitiva, y su capacidad para transformar a las personas.

     Me ha gustado posiblemente sería la reflexión final más acertada. He disfrutado la historia, he acompañado al protagonista en su búsqueda de verdad, de venganza y de su propio lugar en paz; he escuchado mas que leído cada una de sus confesiones y me he puesto en su piel y sus ojos. Porque, si algo tiene El carbonero, es que no deja indiferente al lector.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

sábado, 10 de septiembre de 2016

La carne. Rosa Montero


     "Carne traidora, enemiga íntima que te hacía prisionera de su derrota,"

     Si hay una mujer que ha sabido entrar y salir en distintos temas en la literatura actual de nuestro país, esa es Rosa Montero. Por eso la publicación de su nuevo título, me llamó tanto la atención. Y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La carne.

      Conocemos a Soledad, una galerista que recién cumplidos los sesenta, comienza a tambalearse en la inseguridad de determinadas edades que pasan del adjetivo "maduro". Terminada su última relación con un hombre casado y conocedora de la posibilidad de un encuentro, decide contratar los servicios de un scort, solo por si se encuentra con su anterior pareja. Sin embargo, un suceso del que serán testigos esa noche, empujará que Soledad y Adam, su compañía contratada, den un paso más de los planeados.

     Pocas veces un título fue elegido tan bien como en este caso: La carne. Porque es la esencia del libro, la carne que da placeres y disgustos y es jaula o paraíso de cada una de las almas encerradas en ella. Y pocas veces encontré en un libro, tanto símbolo expuesto entre las páginas, colocado de una forma no demasiado sutil pero sí efectiva, para empujar al lector en su relación con la historia. Soledad, se nombra a la protagonista como si ese nombre fuera definitorio de una mujer que ve en esa palabra un miedo. Adam para el scort, el hombre, el sexo, la carne una vez más. Una pareja de protagonistas curiosa separada por el abismo de los años que uno cree que no va a funcionar pero que encaja a la perfección. Y de fondo una exposición de escritores malditos, algún dato salpicando la novela, un acento en lo que ya nos contaba la historia, otro pequeño empujón dirigido al lector.

     Rosa Montero ha conseguido un libro que se lee en un suspiro con el que uno puede emocionarse pasando por sentimientos encontrados de ternura, tensión, incredulidad, entendimiento, tensión y sonrisa controlada. Escrito con la dificultad que conlleva que quien te lee crea que es fácil, Montero desnuda a sus personajes y también uno o dos de los miedos de, aseguraría, casi cualquier lector. La novela funciona desde las primeras páginas, y es mucho más de lo que podemos encontrar en la sinopsis pero que, por expreso derecho de la autora, no voy a extenderme en explicar. Porque ella lo dice en los agradecimientos; dejad que descubran la novela. Y de este modo finaliza una lectura que se antoja, a ratos íntima, y en la que no me ha costado nada imaginarme a Rosa con una sonrisa en el rostro pensando en la cara que pondrá el lector.
     Una novela que demuestra que a veces, parecer que no relatas nada si lo comparas con otros libros de sinopsis grandilocuentes, es la mejor manera de contar mucho, de encerrar sentimientos, de establecer un diálogo. Un libro que se disfruta y con el que se espera a otro lector para comentar detalles, pero, sobre todo, La carne es un bocado de realismo. Y una novela que no puedo dejar de recomendar.

      Y vosotros, ¿me recomendáis autora españolas?

     Gracias.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Persuasión. Jame Austen


     "Sir Walter Elliot, de Kellynch Hall, de Somersetshire, era un hombre que jamás se entretenía con otro libro que no fuera el directorio de baronets: en él encontraba ocupación para sus horas de ocio y consuelo para las de abatimiento; con su lectura se despertaban en él la admiración y el respeto, contemplando lo poco que quedaba ya de los antiguos privilegios;  y cualquier sensación desagradable derivada de los asuntos domésticos se tornaba de forma natural en compasión y desprecio, mientras recorría el casi interminable listado de títulos condecidos en el último siglo."

     Empecemos en este caso, hablando de la edición, ya que cuando se trata de títulos ya consagrados, muchas veces los lectores buscamos ediciones concretas. Y es por eso, que hoy traigo a mi estantería virtual, Persuasión, en una preciosa edición ilustrada y conmemorativa.

     Conocemos a la familia Elliot, formada por Sir Walter Elliot y sus tres hijas para centrarnos pronto en Anne, la mediana, ninguneada por su familia y refugiada en los consejos de Lady Russell, íntima amiga de su madre. Enamorada por Frederick Wentworth decide aconsejada por su familia rechazarle,, renunciando de este modo a la felicidad sin saber que pasado un tiempo se reencontrarán, convertido él en un hombre de posición respetable que sigue dolido por aquel rechazo.

     Comenzaba hablando de la edición, y es que nos encontramos ante una nueva traducción, realmente hermosa, acompañada de un prólogo, ilustraciones, un magnífico apéndice y un dvd con un documental sobre la autora. Un tesoro de edición que hay que apreciar y más teniendo en cuenta lo que nos encontramos en las librerías de vez en cuando.

     El prólogo, escrito por José Luis Camarés, experto en Literatura Inglesa, contextualiza la obra tanto de forma social como literaria y da además las líneas maestras para conocer a Jane Austen, preparando al lector de este modo para disfrutar de la novela que tiene entre manos. De este modo llegamos a conocer a los Elliot, listos para disfrutar de la magnífica prosa de la autora. Nos sumergiremos entonces en una época en la que las familias con hijas tenían como objetivo un buen y temprano matrimonio para ellas, fraguándose estos en las visitas sociales a media tarde, y la posición social era el rasgo más importante a la hora de valorar las relaciones con los demás. Una sociedad basada en apellidos y privilegios a los que se podían acceder y a los que nadie quiere renunciar, ni siquiera una familia venida a menos como la que protagoniza la novela.  Austen, además, se caracteriza por esconder en una prosa aparentemente sencilla, una representación magnífica de esta época a través de los pequeños detalles cotidianos. De este modo, y pese a ser Anne el personaje central al que llegamos conocer tanto como si fuera una persona cercana, no nos cuesta nada situar su vida y comprender  por qué se dejó persuadir en su momento para tomar la decisión equivocada. Aún así no busca lástima la autora, y Anne no será un personaje al que consideremos desvalido ya que hay una fortaleza latente en ella que la separa de ese concepto.

     Una novela con aires folletinescos, llevada varias veces a la pantalla, que se ha convertido en un éxito atemporal que ha sabido aguantar el paso de los años. No leeremos la historia sopesando en este caso su realismo, sino disfrutando de los enredos, idas y venidas del pequeño grupo que la protagoniza. Un poco de romanticismo no viene mal.

     Y vosotros, ¿sois de los que buscáis ediciones en concreto o no os fijáis en esas cosas?

     Gracias.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Tú no eres como otras madres. Angelika Schrobsdorff


    "Hoy, 30 de junio, día de su cumpleaños, he sacado de mi baúl del pasado el librito largo y estrecho. Es de pasta dura con ornamentación marginal en negro y oro e inscripción en letra dorada."

     Después de ver mil veces este libro, y dejar enfríar tanta buena crítica, decidí animarme con él. Hoy traigo a mi estantería virtual, Tú no eres como otras madres.

     A través de esta biografía novelada, conocemos a Else, madre de la autora, una mujer vital e inconformista nacida en el seno de una familia judía con buena posición en Berlín. Unos padres que la adoran, al menos hasta que no se casa con quien le correspondería, y una época convulsa será lo que nos relate la autora a través de la vida de su madre. Comenzaremos antes de la Gran Guerra, viviremos el periodo de entreguerras y también los cambios provocados por el ascenso de Hitler al poder. Una mujer con una vida incesante y una hija que lo relata.

     Ya sé que es muy manido eso de que la realidad supera la ficción, pero es cierto que hay casos en que uno lee unas memorias fascinado, acaso incrédulto y es precisamente el rescordar esa frase lo que provoca que la narración se torne más fuerte y contundente ante nuestros ojos. Y eso es lo que pasa con Tú no eres como otras madres, un libro que oscila entre la descarga de una hija y el homenaje velado a una mujer con sus propios principios tal vez no demasiado comprendida en algunos momentos. Else, no os quepa duda alguna, no fue una mujer convencional. De eso nos damos cuenta ya con la anédota del arbolito de Navidad que se coloca en la casa de una familia judía. Y tampoco será siempre comprendida, entenderemos, al ver el destino del arbolito de las primeras páginas como si fuera una metáfora de lo que vamos a ir leyendo después.
 
      Con un principio tal vez un poco lento, la autora nos va descubriendo a sus personajes y, sobre todo, los interiores de una época sorprendente. No me esperaba yo esa libertad de actos y pensamientos que parecía imperar en el círculo de fiestas y amores en el que se movía la protagonista, círculo que hace suyo aquello de más dura será la caida ante la llegada del III Reich. ¿Qué queda tras esos años felices cuando se ven convertidos en simples ejemplos raciales y llega el dolor y el sufrimiento? Posiblemente los recuerdos ante la desolación, y salidos de esa desolación toca tal vez maldecir los nuevos recuerdos. Porque ese vaivén de emociones es el que marca la novela, de eso y de reinventarse. Y de arrastrar al lector en ese laberinto, descubrirle una libertad y una forma de pensar que sorprende y luego pasar por esa incomprensión que provoca no vivir una época y que parece acompañar al ascenso de Hitler, ese "cómo pudo suceder" a la vez que uno tiembla pensando en si podría repetirse.
     Llega además un punto, aproximadamente a la mitad, en que se complica dejar la lectura. Escrito con un lenguaje sencillo y textos extensos, nos vemos arrastrados a continuar una página más y nos dejamos emocionar hasta llegar a un final que, estoy segura, ha sido duro de revivir y, aún más de escribir. Y nos queda entonces el recuerdo de una mujer que pensó en tener un hijo con cada amor, una vida de amigos, amantes, maridos, nuevas parejas, riñas y perdones. Una vida en la que, como en la de cualquiera, jamás dejan de suceder cosas, con una única diferencia: y es que pocas veces se puso un título tan adecuado a una novela. No me cabe duda de ello, Else, jamás fue como las demás.

      Tú no eres como otras madres ha resultado un libro más que recomendable, quizás no esa obra maestra que muchos se han empeñado en encumbrar, pero sí que he disfrutado de ella.

     Y vosotros, ¿sois de los que corréis a la librería o preferís dejar que se "enfríen" las modas?

     Gracias.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Clases de Baile para mayores. Bohumil Hrabal


     "Igual que ahora vengo a verla a usted, señorita, antes me gustaba frecuentar aquellas bellezas de allí, junto a la iglesia; no es que yo estuviera tan entregado a la sacristía, es que al lado de la casa del cura, había una tienda, donde un tal Altmann vendía máquinas de coser de segunda mano, además de gramófonos americanos de doble cuerda y extintores de la marca Minimax; y el tal Altmann, como segunda ocupación, proporcionaba chicas guapas a todos los bares y tabernas de la provincia..."

     Tras Una soledad demasiado ruidosa y Trenes rigurosamente vigilados, estaba claro que tenía que leer algo más de este escritor, lo que no sabía es cuándo. Finalmente, hoy traigo a mi estantería virtual, Clases de baile para mayores.

     Un hombre de edad avanzada, pongamos que es Pepín, el tío del autor, se dirige en un monólogo incesante, a una joven. Tiene la firme intención de conquistarla, motivo por el cual el anciano lleva a esta joven de nombre Kamila, un ramo de rosas robadas de algún jardín ajeno. De este modo saltaremos entre lagunas de memoria, hacia lugares del pueblo, tiempos pasados y momentos bélicos, mientras el anciano realiza esta suerte de cortejo a la belleza y juventud femeninas.

     Un anciano que recuerda la época del Imperio Austro-Húngaro. Un hombre cuyos mejores tiempos han pasado y que se aferra a una memoria caótica para relatar su vida celebrando tener aún memoria. Ese es el protagonista de esta novela en la que sabemos que corteja a una joven mujer. Pero olvidémonos de Lolitas, porque no es ese el personaje de Hrabal. Nuestro querido protagonista es un hombre que inspira ternura y cariño mientras nos saca la sonrisa en sus anecdóticos pasajes de una vida anterior. Nos  habla de su oficio de zapatero y sus peripecias de guerra, nos presenta una vaca que parió quince terneros y no duda en hablar del cura del pueblo. Habla de otras mujeres, normalmente hermosas, y de conquistas o de aquellas que le quisieron conquistar o robar un beso, momentos triunfantes para el ahora ya anciano varón.
     Un hombre que nos va ganando con sus palabras, que comparte alegrías y penas con nosotros, y que termina de hacerse hueco en el corazón del lector con un magnífico epílogo en el que un narrador nos lo presenta "por fuera", y no sólo al físico, si no a una visión externa de aquel que se nos ha dado a conocer en sus palabras. Nos habla de la vida de este hombre en el pueblo y de la ropa que lleva puesta, lo convierte en precisamente el tipo de anciano que hemos ido perfilando a lo largo de la lectura, convirtiendo así esta novelita en un rato para el recuerdo.

     Bohumil Hrabal es un gran escritor como demuestra en este libro, posiblemente una de sus novelas menores. Párrafos más que largos que, sin contener diálogo alguno, fluyen de forma natural hasta conseguir un libro cuyas páginas parecen escurrirse entre nuestras manos como agua en una cesta. La tranquilidad, la naturalidad y lo coloquial del lenguaje, hacen una pareja perfecta con el carácter del narrador, otorgando credibilidad a este entrañable personaje. Ironía y ternura a partes iguales en un librito que no puedo dejar de recomendaros y cuyas páginas se componen de todos aquellos sentimientos y situaciones que ocupan una vida, y que; trágicos o cómicos, dulces o amargos, importantes o banales, nos vienen a la cabeza en forma de instantáneas al echar la vista atrás. Un verdadero lujo, leer a Bohumil Hrabal y conocer a este entrañable protagonista.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

sábado, 3 de septiembre de 2016

Los libros que vienen



    Al igual que se preparan los libros escolares, las editoriales también nos dejan poco a poco un aperitivo de lo que será la llamada rentrée, y entonces los lectores empedernidos tomamos papel y lápiz para comenzar listas imposibles de aquellos libros que se nos antoja serán imprescindibles una vez comience a ponerse en marcha nuevamente todo el engranaje literario.



     Este año han sido muchos los nombres que se han sumado a estas listas, y es que ya tenemos en las librerías libros como Las chicas, de Emma Cline, una fantástica novela de crecimiento con la sombra de Charles Manson detrás de la que hablaba hace apenas unos días, lo último de Clara Sánchez, titulado Cuando llega la luz, o el último Goncourt de Mathias Enard, Brújula, junto a la esprada continuación de Ildefonso Falcones, Los herederos de la tierra. Pero no soltéis el lapicero, porque esto no ha hecho más que empezar. Nos encontraremos nombres de autores hasta ahora desconocidos como el de Carlos Soto Femenía y su excepcional libro El Carbonero, acompañando a otros como Luisgé Martín, con su libro El amor del revés, Fernando Aramburu con Patria o Félix G. Modroño con Sombras de agua y su ya conocido Doctor Zúñiga. Carlos Ruiz Zafón cerrará este año su tetralogía con el libro El laberinto de los espíritus, mientras que Álvaro Pombo nos presenta La casa del reloj, y Juan Jacinto Muñoz Rengel nos regalará un protagonista único en su libro El gran imaginador.


     Llegará Elvira Navarro para relatarnos Los últimos días de Adelaida García Morales, y por supuesto, no puedo dejar de nombrar el magnífico Tan poca vida, firmado por Hanya Yanagihara y que estoy segura dará mucho que hablar. Tres días y una vida es el título con el que Lemaitre regresa dejando de lado ya a Camille, y Stephen King con el título Quien pierde paga. ¡Y Potter! No podemos olvidarnos del esperado regreso de Harry Potter y el legado maldito, que se colará ya en castellano en apenas unas semanas en todas las librerías, como tampoco sería justo no hablar de Oates y su Rey de picas o de Howard Jacobson y su letra J.


     Y me dejo muchos nombres en el tintero. Veremos en las librerías el fenómeno juvenil Landon de Anna Tod junto a autores como J. J. Benitez, Inma Chacón, Svletana Alexiévich, Hening Mankell o Annie Proluz, que regresa con El bosque infinito.  Nos reencontraremos con Erri de Luca para leer su poesía, con Kenzaburo Oé y La bella Annabel Lee y descubriremos por qué se hizo conocida Paulina Flores. David Foster Wallace se reedita dejándonos asomarnos incluso a un título inédito. Veremos nombres clásicos en esta época como Forsyth, le Carré o Grisham y nos preguntaremos qué esconde la última novela de David Vann mientras nos dejamos tentar por Javier Reverte y su libro New York, New York. Veremos a Baricco y La esposa joven, la Bravura de Carrère y tal vez nos asomemos al nuevo título de Kazuo Ishiguro.  Veremos a Use Lahoz, a David Lagercranz separado esta vez del fenómeno Millenium, y tantos otros nombres que me dejo en el tintero, que creo que necesitaremos unas vacaciones y un carrito de la compra, sólo para llevar esa lista interminable que sé que muchos ya estamos haciendo.


     Y es que, por mucho que hayamos viajado (o no) estas vacaciones, aquellos que somos lectores no podemos evitar impacientarnos, y sentir que las librerías se convierten en aeropuertos, puertos o estaciones que aguardan a que, de la mano de un libro, emprendamos el próximo viaje. No perdamos de vista a nuestro libero, seguro que nos descubre algún título que contiene el viaje perfecto a la historia adecuada. Cuidemos los libros, vayamos a las librerías y preparémonos para disfrutar del camino.


    Y vosotros, ¿hay algún libro que esperéis especialmente?

     Gracias.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Brújula. Mathias Enard


     "Somos dos fumadores de opio cada uno en una nube, sin ver nada fuera, solos, sin comprendernos jamás fumamos, catas agonizantes en un espejo, somos una imagen congelada a la que el tiempo confiere la ilusión del movimiento, un cristal de nueve deslizándose sobre una bola de escarcha cuyas complejas marañas no hay quien entienda, soy esa gota de agua condensada en el cristal de mi salón, una perla líquida que rueda y nada sabe del vapor que la engendró, ni menos todavía de los átomos que la componen y pronto servirán a otras moléculas, a otros cuerpos, a las nubes que tanto pesan esta noche sobre Viena."

     El prestigio de un premio viene dado por los títulos que lo refrendan. Esa ley no escrita, es algo que no deberíamos perder jamás de vista ahora que está tan de moda ser críticos de todo, susceptibles a la sospecha, agnósticos casi de los galardones. Hoy traigo a mi estantería virtual, Brújula, el último Premio Goncourt.

     Conocemos a Franz Ritter, protagonista, narrador, opiómano, enfermo terminal, musicólogo austriaco conocedor de esa Viena puerta de Oriente, insomne, erudito, nostálgico de vida y amor... Conocemos a Ritter y nos dejamos llevar por sus recuerdos que van tejidos por esas asociaciones que hace el cerebro cando viaja libremente hacia el interior de lo conocido y vivido por cada uno. Y descubrimos ciudades, amistades, amor y viajes en el interior de este extraordinario narrador.

     El Goncourt, instituido por el escritor Edmond Goncourt como homenaje a su hermano Jules también escritor, se otorga por primera vez en diciembre de 1903. Dotado con 50 francos en un primer momento, apenas ha cambiado el montante de uno de los premios literarios más prestigiosos que, a fecha de hoy, otorga a su galardonado 10 euros y el respaldo de un prestigio que viene dado por la calidad de los premiados y no por el cheque que ingresan. Y así es como llegamos cada año a las librerías en su busca, con ilusión, casi con avidez. Quizás por eso me impacienté con el título de hoy, se me hizo larga la espera.

     Veintisiete líneas son las que necesita Enard para enseñarnos que es un maestro escribiendo. Ni una más ni una menos. Y también que la mayor parte de esas reglas no escritas sobre como una frase larga puede ser un lastre durante una lectura, quedan borradas en función de las palabras empleadas en esa frase. Veintisiete: las líneas que ocupa la primera frase de Brújula y que nos dejan una magnífica muestra de todo lo que nos vamos a encontrar a lo largo de las cuatrocientas páginas que tiene la novela. Cuatrocientas páginas, y a partir de este momento aparco las cifras, en las que el autor nos propone un viaje privado que irá de Viena a Siria saltando entre vivencias y recuerdos, que no pierde en ningún momento, pese a que encontramos alguna traza de humor, ese tono solemne de discurso casi onírico que contagia la ensoñación al lector. Y digo esto porque es muy difícil no dejarse arrastrar por las ciudades y los nombres de nuestros compañeros de viaje, paladear  a Mozart, Mendelson Balzac o Rimbaud en las palabras de Ritter. También es imposible no enamorarse del amor del protagonista al ir descubriendo a Sara, inteligente, brillante, al lado pero imposible, una noche, una palabra: Sara.
     Podría ahora parecer, y sería un error, que estamos ante una novela de viajes, aunque sean pasados. Pero Brújula es más que eso, Enard nos deja un recuerdo nostálgico lleno de belleza que no viene mal recordar cuando escuchamos o leemos las noticias de un mundo que parece empeñado en fraccionarse. Convierte su libro en esa puerta que nos dice que fue Viena y nos permite asomarnos a ese mundo que no conocimos y sumarnos a la bruma nostálgica del narrador.
     
      Hermosa en sus formas, no es una lectura ágil, eso hay que reconocerlo y se observa ya en el fragmento que abre la entrada. Pero ágil es un concepto muchas veces sobrevalorado a la hora de empezar una lectura, exactamente igual que denso suena casi a farrangoso cuando no ha de ser así. Brújula es una lectura densa por todo lo que el autor incluye, por la necesidad de pararnos en sus letras para fijar imágenes, recuerdos impostados posiblemente influenciados por la infancia del propio Enard.

     Brújula es un libro que enamora en sus letras y en su tono. Tal vez no para todos los públicos y haya quien se pueda sentir abrumado, saturado incluso ante la avalancha de cosas que nos relata el autor. Pero a fin de cuentas, ¿qué vida no es una avalancha de sucesos en si misma si uno la recordara en una noche de insomnio?

     Me ha gustado, lo he disfrutado, me sigo fiando del Goncourt. Y vosotros, ¿hay algún premio al que sigáis la pista?

      Gracias.

     "La existencia es un reflejo doloroso, un sueño de opiómano, un poema de Rumi cantado por Shahram Nazeri..."
Brújula
Mathias Enard

jueves, 1 de septiembre de 2016

Las chicas. Emma Cline


   " Volví la mirada por las risas, y seguí mirando por las chicas."

     Con esta contundente frase comienza uno de los títulos que darán que hablar en la rentrée. Una primera novela avalada por un casi desconcertante apoyo que habla de traducciones e incluso derechos, titulada, Las chicas.

     Conocemos a Evie, una mujer madura que intenta pasar desapercibida en su vida pero que vive con una serie de sucesos a cuestas ocurridos en su adolescencia, en 1969., año que recordará para el lector en un segundo hilo temporal. De este modo accederemos a esa época de los catorce años que da pie a una adolescencia inconformista en casa y con un deseo sumo de agradar, en la que Evie se sintió deslumbrada por una chica que parecía representar todo aquello a lo que ella aspiraba, Suzanne. siguiendo a Suzanne, Evie entrará en una suerte de comuna comandada por Rusell sin saber que con ello se está convirtiendo en una de las terribles chicas Manson y cómplice de los terribles sucesos acaecidos no mucho tiempo después.

     Charles Manson como figura central o periférica ya sea en cine o literatura, ha hecho correr ríos de tinta. en el caso de la novela de Cline, no será el tema central, será casi la periferia de una novela de crecimiento que reflejará una época vivida por la protagonista, que de hecho ni siquiera participa en la matanza, pero que, para cuando llegamos a este punto, tampoco nos importa demasiado si participó de forma activa o no.
     Cline hace un relato magistral dividido en dos hilos temporales de una única persona, Evie. La conocemos ya adulta, con una vida gris que ella se empeña en hacer aún más gris, y un recuerdo del pasado que nos avisan le estalla a ráfagas ante estímulos que nos pueden parecer mínimos: un olor, la hierba, una luz...  Este pasado es el que interesa realmente a Cline, y en él es en el que la protagonista se deja caer para abrirnos la puerta a esta historia fascinante sobre el crecimiento y la personalidad que sólo se puede producir a esas edades tempranas en las que el adulto que seremos aún asoma en una maraña de sentimientos encontrados. Así se nos presenta la Evie joven, la casi adolescente que tiene una amiga gordita a la que va viendo defectos antes de separarse y sentirse sola. Una aún niña que va por el mundo con un rostro que no puede evitar reflejar sus ganas de encajar y caer bien. De hecho la autora invierte tiempo y páginas en desgranar una vida familiar que pasa por un divorcio; presentarnos a un padre mujeriego y una madre que ante la soledad del divorcio oscila entre ser una suerte de mujer new age y una madura desesperada por no terminar sus días sola. Evie es, por lo tanto, infeliz, y no desea más que encontrar su sitio. Quizás por eso se siente deslumbrada por Suzanne y busca su atención, o tal vez simplemente buscaba atención y coincidió que Suzanne pasaba por allí, por ese parque rodeada de otras chicas, consiguiendo que Evie se fijase en ella aún sin pretenderlo. El caso es que Evie quiere a Suzanne o tal vez quiere ser Suzanne, una chica un poco mayor en la que proyecta todo lo que ella quiere llegar a ser. Evie se rebela contra su entorno y, captada la atención de Suzanne la sigue hasta conseguir entrar en una suerte de comuna en la que la falta de propiedad y el desorden se le antojan en ese momento el orden perfecto para su más que alborotada cabeza. Y eso es lo que realmente parece interesar a la autora, esos sentimientos encontrados propios de una edad, ese querer engañarse tal vez sabiendo que nos engañan porque empieza a despuntar esa pequeña voz de adulto que nos avisa de que algo no va bien, mientras todo nuestro ser tira de nosotros para seguir dejándonos llevar y experimentar. Y para todo ellos Cline usa frases cortas, floridas, repletas de sensaciones y melones que estallan, olores en las ropas, sensaciones a flor de piel, coches ardiendo y ese pequeño conato de poder que la protagonista nota a ratos en su interior y que le provoca un bienestar que la empuja a seguir adelante en ese nuevo mundo que se acaba de abrir delante de ella.
     Emma Cline hace un trabajo excepcional en esta ficción histórica convertida en un magistral novela de aprendizaje, una Bildungsroman por la que el lector se deja llevar conociendo desde el primer momento que estamos a punto de entrar en la comuna de Manson, ese terrible nombre que sigue resonando, y también que la protagonista consiguió ser periferia en los hechos: no participar. Quizás por eso, en algún momento de excepcional sinceridad sobre ese suceso del pasado, consigue ponernos los pelos de punta. O tal vez sea porque, aunque no la comprendamos ni mucho menos secundemos, de algún modo la autora nos empuja a querer entender lo que nos quiere decir. Pero no, eso jamás lo va a admitir un lector fascinado por esta novela. La Evie adulta que tiene recuerdos a fuego, no consigue explicarlo tampoco exactamente igual que no consigue explicar del todo la fascinación sentida para dejarse llevar por ese mundo. Y aún así, esa fascinación la comprendemos perfectamente, sin necesidad de haberla vivido. Por eso son tan importantes los detalles de las historias, por eso Cline nos sumerge en un momento en el que todo se revolvía en las concepciones sociales y familiares, una zona de rebeldía que es capaz de criticar con la ferocidad de un adolescente implacable con los adultos de su entorno, pero también con los más jóvenes. Habla en un momento determinado la novela de cómo es la mirada de una mujer sobre otra, afirmando que sabe entonces en qué tiene que fijarse y que es precisamente en lo que la otra mujer quiere que se fije; nos dice que evalúa. Y eso es precisamente lo que hace Cline con la sociedad de la época, evaluar y juzgar sin piedad, exactamente igual que de duramente que se juzga la protagonista delante del espejo en su juventud y delante de la experiencia acumulada por los años en la edad adulta. Un juicio que abarca en una sola pincelada la actualidad en la que vivimos que aún encuentra ese tipo de fanáticos por hechos sangrientos que actúan como groupies de una banda de rock.

     Las chicas es una fantástica primera novela que da muestras de ambición y que nos deja un enfoque distinto de una historia ya conocida que apenas es usada. Pero, sobre todo, Las chicas es un gran libro cuya lectura no puedo dejar de recomendaros; independientemente de si es o no la ópera prima de una escritora que, estoy segura, tiene por delante un futuro literario del que oiremos hablar. No dejéis que se os pierda este título.

     Me ha resultado curioso que no se use como reclamo a Manson para la promo de la novela, máxime cuando ahora parece que todo vale para poner una faja enorme y llena de nombres rimbombantes. Así que decidme, ¿sois lectores de fajas literarias?

     Gracias.