sábado, 24 de junio de 2017

Qué libros te llevarías...


     "El abuelo Vicenzo una vez me contó cómo se había salvado de un naufragio famoso. Le pregunté si se había librado porque sabía nadar. "No, cómo se te ocurre. Siempre he tenido más afinidad con las aves que con los peces. Pero la verdad es que tampoco sé volar." Su carcajada florentina resonaba en el patio como un carrillón, "¿y entonces cómo te salvaste?¿Muy sencillo: perdí el barco en Génova. Llegué al puerto media hora después de su partida asquerosamente puntual. Traté de conseguir una lancha que me llevara hasta el vapor (aún estaba a la vista). Para mi suerte, fracasé en el intento."
Mario Benedetti 

     Decía Eduardo Mendoza: Si tuviera que llevarme un sólo libro a una isla desierta, preferiría ahogarme en el naufragio. Pero es cierto que es una pregunta tonta que hacemos desde que somos pequeños, ¿qué te llevarías a una isla desierta? y elucubramos y nos damos cuenta de que no tenemos enchufes o pilas y le damos vueltas. Luego crecemos y vamos acotando y nos preguntan por nuestras cosas favoritas; ¿la comida? el tomate, la tortilla... ¿la bebida? la coca cola, ¿un color? el negro, el rojo si es en las suelas de los zapatos, ¿un libro?... Pregúntale a un lector por su libro favorito y, si es un lector empedernido, de esos que sudan tinta para elegir la siguiente lectura, no por elegirla, sino por sacar de ahí abajo de la pila de pendientes el título que se le antoja, y lo tendrás entretenido durante un buen rato.
     ¿Mi libro favorito? Para los nostálgicos será aquel que le hizo descubrir que era un apasionado de las letras, para los románticos fue su primer amor, regalado o escrito entre sus páginas, para los desmemoriados será el último que le hizo vibrar y para aquellos que escriben será el que les hizo pensar eso de "yo podría hacer algo así". Hay tantos motivos como personas y no hay una sola persona que tenga un único motivo para elegir un libro. La primera edición dirá el coleccionista, o ese que me firmó.. dirá el lector avezado y suertudo de haberse podido acercar. Y es que, no es justo elegir un único título cuando son tantos los que nos han acompañado, si acaso elegir el nombre de un escritor; porque eso si es más fácil, siempre hay uno al que volvemos, que nos acoge entre sus páginas, que no falla en sus letras y cuyos títulos esperamos apenas hemos cerrado su última historia. Dónde va a parar, todos tenemos ahora mismo su nombre en la punta de la lengua y, en muchos casos, la pena de no poder expresar lo que hizo por nosotros sin querer, sin saber...
     Pero hablábamos ahora del libro, que no de su autor, y también de la isla, como los niños, porque una forma de leer es soñar lo leído, volver a ese estado de imaginación infantil, ahora tomada prestada al escritor que tiene quizás más de niño que nosotros y por eso es capaz de plasmar sus sueños.

     Y así, con todo esto dicho, la pregunta es clara, ¿qué tres libros os llevaríais a una isla desierta? Serían libros ya leídos o correríais el riesgo de leer durante años algo que no os gustó, tal vez libros de esos que dicen tochos para que os duren más, y lo digo mientras sigo sopesando si es mejor incluir al menos uno no leído. ¿Y poesía? pero de la positiva, una isla desierta quizás no sea un buen sitio para poemas deprimentes... Decidme, ¿qué tres libros os llevaríais a una isla desierta? Y bueno, supongo que me toca responder a mi. Así que yo creo que si tuviera que elegir que llevarme a una isla desierta y reflexionando un poco sobre todo lo dicho me llevaría a...

     Gracias.

     PD: Si, es mi lado cotilla, el del lector que se asoma por encima del hombro, el que busca el libro con más marcas cuando va a casa de un amigo, el que no puede evitar mirar el título que compra la persona que está delante en la librería. Por eso es la pregunta, porque no me gustan las listas que hablan de novedades o de género de ventas hoy o hace un mes, me gustan las recomendaciones directas que hacen cierto eso de que hay libros que recomiendan personas. Dejad vuestros títulos. Juguemos. 

viernes, 23 de junio de 2017

Agua salada. Charles Simmons


     "En el verano de 1963 yo me enamoré y mi padre se ahogó."

     No leo muchas historias de amor, pero algunas me atraen desde el primer momento. Eso sucedió con el libro que hoy traigo a mi estantería virtual. Se trata de Agua Salada.

     Conocemos a Michael en el verano de sus 16 años, estamos en 1963 y se dispone a pasar el verano con sus padres en una casa de Bone Pint, como siempre. Allí conoce a la bella Zina, hija de la señora Mertz, y cae fascinado en el embrujo de esta joven mayor que él que le engaña con la edad y le da vodka mientras descubre que acaso esté lejanamente emparentada con la nobleza rusa, como una suerte de princesa. Definitivamente, este no será un verano más para Michael.

     Visto así el argumento, es más que comprensible que sea el propio autor quien diga que con Agua salada ha saldado su deuda personal con la obra Primer Amor de Turgueniev ya que no resulta difícil identificar a los personajes, son básicamente iguales en su raíz, ni tampoco conocer por lo tanto de antemano el final de la historia. Sin embargo, no la desvelaré, no porque sea importante ser cogido desprevenido, sino por una cuestión de llegar virgen, al menos en parte, a cada una de las lecturas. Hablemos por lo tanto de amores de verano, primeros amores, pasiones y relaciones familiares. El rol de cada uno, su lugar elegido o impuesto y también la capacidad de cambiar el modo en que se ve cada uno cobran una fuerza inusitada en esta novela. Porque el libro trata un poco de todo esto, y cuando uno piensa que está ante una simple historia de amor o desamor, descubre que las relaciones familiares y el punto de inflexión que hay en el paso a la vida adulta en el que uno comienza a ser consciente de lo que le rodea, son los ejes principales de esta novela. Quizás por eso me ha parecido tan delicioso el paralelismo entre las dos madres y también la relación de Michael con la propia, uno de los grandísimos aciertos de esta novela, a mi modo de ver.
     Simmon ha sabido adaptar la historia a tiempos mucho más actuales, conservando todo eso y además, permitiéndose hablar de realezas rusas sin que nos resulte extraño. Casi al contrario, terminan de otorgar ese halo casi mágico que tiene el primer amor cuando se recuerda mirando al pasado.

     Todo está cuidado en esta novela, también el título que hace referencia a ese mar de indiscutible protagonismo, pero también al sabor que tiene una lágrima. Cada frase, cada pincelada, ha sido elegida con la necesidad de contar una historia sencilla que vaya desvelando esos pequeños secretos que creemos descubrir a medida que crecemos. Nos lleva con ritmo calmado por ese camino, ese verano, hasta que de repente, toda esa escruttura que nos ha mantenido seguros como niños, se desvanece de golpe dándonos la bienvenida a esa nueva vida. Y Simmons sabe hacerlo de la manera precisa como para conseguir que la unión de esta obra con aquel Primer amor, nos ea una comparación, sino casi un anexo, un complemento que nos ayude a comprender lo que ha escrito.

     Me ha gustado Agua salada. Me encantó Primer amor. No hace falta leer la segunda para sumergirse en estas aguas, solo saber que bebe de ella. Pero nada más. La historia se disfruta en cada letra. Y eso, en el caso de estas novelas retelling, me parece harto complicado. Así que animáos, echadle un vistazo. Pero con cuidado, cuando uno se mete en el agua, es imposible no salir mojado. Y eso es justo lo que le sucede al lector de Agua salada.

     Y vosotros, ¿qué opináis de estos libros que beben de grandes clásicos?

     Gracias.

jueves, 22 de junio de 2017

La luz de la noche. Graham Moore


     "El día en que conocería a Thomas Edison, Paul vio a un hombre arder en el cielo de Broadway.
     La inmolación ocurrió a última hora de la mañana de un viernes."

     Siempre me han interesado las novelas que tratan sobre ciencia, y siempre he pensado que es un mundo que está poco aprovechado literariamente. Por eso me atrajo tanto esta novela y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La luz de la noche.

     Conocemos a Cravath, jovencísimo abogado prodigio contratado por George Westinghouse para defenderse del imperio eléctrico de Thomas Edison. Llega a una reunión con Edison y lo primero que encuentra en su camino es una electrocución, y con un Edison abiertamente hostil. Hay un frente abierto, por un lado Edison quiere defender su patente, por otro Westinghouse, quiere mejorar ese invento y exportarlo a todas las calles terminando de ese modo con la oscuridad nocturna en Estados Unidos.

     Hay épocas que parecen concebidas con la capacidad para ser noveladas, y una de ellas es finales del siglo XIX, Un momento en que los avances científicos cobraron velocidad gracias a la confluencia de unas cuantas mentes brillantes, que provocaría profundos cambios en el mundo a velocidad de vértigo. Quizás por eso, me gusta más el doble sentido que se le pude aplicar a esta novela en su título original, The last days of night.

     Moore aprovecha la época y se lanza con una novela de ficción histórica en la que no solo rivalizan Edison y Westinghouse por conseguir su objetivo, también lo hace Edison con el joven abogado que, al igual que él, parece vivir alimentándose de las victorias. En esta novela, en la que iremos dudando de quién existe y quién no, de qué sucedió realmente y en qué momento entra la pluma del autor para cambiar la historia, todo parece tejerse a ritmo de thriller con muerto en la primera página incluido, mientras se encadenan sucesos que bien pudieran por separado, tener sus propias historias. Y así es como descubrimos hechos que han quedado en el olvido o que, tal vez, directamente desconozcamos.
     Desfilarán además personajes como Tesla, y descubriremos no sin asombro que, pese a que la bombilla es patente de Edison, Westinghouse la mejoró e intentó patentar y de como ya en aquellos años, las demandas millonarias que ponían por valor de mil millones de dólares. Viajaremos descubriendo intrigas alrededor del término AC/DC (como el famoso grupo), lucha en la que veremos que entra, aunque no como contendiente, las sentencias a muerte.Nos tropezaremos con universitarios ilustres, alguno de los cuales colaboró en la educación de esclavos libres, descubriremos romances más que famosos y financieros cuyo nombre sigue sonando en nuestros oídos y, más aún, en la memoria más reciente. Moore deja clara su fascinación por la época y también por el carácter de los llamados genios en cada una de sus palabras, contagiando al lector que cae sin remedio fascinado ante los hechos que el libro nos relata. Tanto es así, que uno desearía poder asomarse a la época para ser testigo real y no dudar de la frágil barrera que se establece entre realidad y ficción. Porque hay cosas que dudamos, sí, pero quizás la mayor incredulidad es el momento en el que toca comprobar lo sucedido realmente, y descubrir que es mucho más de lo que hubiéramos esperado. Casi como si el autor hubiera querido decirnos como broche "amigos, siempre se ha dicho que la realidad supera la ficción, y ahora os voy a demostrar por qué", lo cual me lleva a pensar en la enorme cantidad de documentación que habrá tenido que reunir Moore para montar esta historia.

     La luz de la noche me ha gustado, me ha parecido un libro muy entretenido del que además estoy segura recordaré un montón de anécdotas que desconocía. He disfrutado con su lectura, y me ha dado a conocer una faceta de Graham Moore, ya que hasta ahora, solo le conocía como guionista. Ha sido, y nunca mejor dicho, un descubrimiento (perdón por el chiste).

     Y vosotros, ¿os gustan los libros que mezclan realidad y ficción o sois más de elegir entre uno y otro?

     Gracias.



martes, 20 de junio de 2017

Las tierras arrasadas. Emiliano Monge


     "También sucede por el día, pero esta vez es por la noche. En mitad del descampado que la gente de los pueblos más cercanos llama Ojo de Hierba, un claro rodeado de árboles macizos, lianas primigenias y raíces que emergen de la tierra como arterias, se oye un silbido inesperado, cruje el encenderse de un motor de gasolina y desmenuzan la penumbra cuatro enorme focos reflectantes."

     Tenía curiosidad por este libro. Desde la primera vez que lo vi en la librería, algo me atrajo de él. Y han sido estos días en los que he viajado un poco, que he aprovechado para sumergirme en sus páginas. Hoy traigo a mi estantería virtual, Las tierras arrasadas.

     Conocemos a Epitafio y Estela, dos enamorados que viven al margen de la ley. Pero no es la suya una historia de amor en la que estar al margen de la ley provoque suspiros románticos. En realidad su amor es lo único humano que les vemos, ya que se dedican al tráfico de migrantes que pasan por México camino de Estados Unidos.

     Empezar a leer Las tierras arrasadas en zambullirse en el tono de la novela, directo, sin adornos, y a la vez hermoso. Posee esa doble cualidad que caracteriza a algunos libros que terminan ganándonos tanto por cómo nos relatan la historia como por la historia en sí. Y eso sucede con este, solo que además está plagado de frases de esas que caen como sentencias ante los ojos del lector obligándole a sacar papel y lápiz y anotarlas. Y aquí justo termina la parte hermosa de la novela, porque el resto es una pura pesadilla que ya intuiamos al saber en las primeras páginas, que tal vez sea culpa de una tal Cementeria, que Estela, "una mujer armada con pedazos de otros cuerpos", no duerma.
Las tierras arrasadas es una historia de tráfico de migrantes en un país del que sabemos que la violencia es algo que le viene marcando a fuego. Solo que esta vez no se trata de narcotráfico, no, Monge se mete en algo mucho más crudo para relatar esta terrible historia, que no por terrible deja de ser real. La historia de esas personas que son despojadas de voz, de individualidad, de humanidad, mientras van camino de un sueño. México convertido en "la gran tierra lacrimante" en este libro en el que la vida no tiene valor alguno, convirtiéndose en ese terrible camino en el que es casi peor que la muerte. Tal vez por eso se les otorga a estas personas sin nombre un coro, en forma de voz doliente de todos aquellos que no la tuvieron. Efectivo, mucho más que lo habitual y que pasa por crear la historia de dos de estas personas para dar voz al colectivo. Porque Epitafio y Estela, pertenecen al lado de los malos. Son dos bestias despiadadas que ejecutan su labor en esta suerte de holocausto moderno. Y ahí, en mitad de tanta abyección, surge el amor. Y Monge utiliza ese amor, ese sentimiento humano y bueno por excelencia, para hacer el retrato de sus dos personajes. Un amor puro que es usado como arma arrojadiza por el lector, que no consigue en ningún momento conceder siquiera el beneficio de la duda a estas dos personas. Y así, nos resiente incluso que sean capaces de sentir algo cuando llevan una vida que demuestra lo contrario, incluso nos enfada. Y el amor se convierte en aquello que nos demuestra que no son personas, ni siquiera bestias. ¡Qué difícil ha tenido que ser concebir un paso así! Y aún más ejecutarlo.

     Me ha gustado Las tierras arrasadas. Forma parte de esos libros que centran el foco en realidades incómodas que preferimos no mirar. Y lo hace sin el brillo del celuloide, sin buscar un héroe que todo lo arregle, porque las cosas son así, y así es como Monge las relata.Escalofriante. Necesario. Y además, un buen libro, potente.

     Ahora que se acercan las vacaciones, tengo curiosidad por saber si elegís algún tipo de lectura específica para este periodo.

     Gracias.

lunes, 19 de junio de 2017

El cielo es azul, la tierra blanca. Hiromi Kawakami


     "Oficialmente se llamaba profesor Harutsuna Matsumoto, pero yo lo llamaba maestro."

     No me suelen gustar las historias de amor, pero intuía algo más en esta novela. Por eso me atrajo. Y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El cielo es azul, la tierra blanca.

     Conocemos a Tsukiko na mujer soltera de 38 años que lleva una vida solitaria, sin amor. Un día se encuentra en una taberna a su maestro de japonés de la escuela y juntos comienzan a compatir vidas y soledades, experiencias: la mujer que se va, el compañero que se quiere acercar... sin saber que eso les va acercando a ellos.

     Resulta interesante que este libro esté escrito por una mujer ya que plantea situaciones peculiares de la sociedad japonesa. La protagonista es una mujer, por un lado liberada, que admite sin ningún problema su soltería, la pasión laboral sin importarle no tener tiempo ni ganas para el amor, y también su afición al sake que la lleva por tabernas en las que apenas comenta que haya mujeres. Una mujer liberada que se rebela contra algunos actos sociales, como el momento en que se turba al negar el acercamiento de un hombre de su edad, pero que sin embargo sucumbe al maestro con el que se encuentra. Sucumbe porque retrocede en todo lo ganado, y lo hace desde esa primera persona, ya que ella es la narradora. Desde los regaños mínimos, como el no saber servir la bebida, hasta temer ofender al hombre al que acompaña en un punto que oscila entre el respeto y el bajar la cabeza más que la mirada. Hay una suerte de rebeldía latente en la historia que lucha con el costumbrismo centenario que resulta francamente interesante.

     La novela en sí habla de esos encuentros que pasan por casuales y que tienen dos personas que parecen negarse la amistad que va aflorando entre ellos, ya que están acostumbrados a vivir en una soledad que reivindican pese a que ya dependan uno del otro. Dos personas que, narrado en la voz de ella, se añoran cuando están un par de días sin verse, y que descubren los sentimientos que pueden aparecer entre ellos, con más extrañeza que ilusión y, sobre todo, con mucha precaución, no sabemos muy bien si porque les asusta a ellos o porque temen asustar al otro. Y ello viene contado de la mano de Hiromi, que lo hace con las palabras justas, medidas como esos haikus que aparecen y desaparecen a lo largo de la novela. Da así la sensación de plasticidad, de hermosura en las letras, que parece ser habitual en la literatura oriental en la que el lirismo se desprende incluso de los títulos.
Una historia de amor, reza el subtítulo de esta novela. Y lo es. Quizás no al uso, no de la forma acostumbrada, pero si es una historia honesta. Más que del amor convencional, lo es del acercamiento, de las barreras, de los ciegos que ven y también de quienes no quieren ver, una historia de los primeros momentos y también de lo últimos, ya que la primera frase nos revela el final, inevitable, necesario. Porque hay historias de amor, que ganan al mirar atrás desde un futuro.

     El cielo es azul, la tierra blanca me ha parecido una novela hermosa, podría decir muchas cosas más, hablar de lo estático de algunas escenas, del ritmo lento, casi una cadencia, pero prefiero quedarme con lo hermoso que cuenta, y también en la forma de contarlo. Echad un vistazo, es diferente.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

viernes, 16 de junio de 2017

Mi maravillosa librería. Petra Hartlieb


     "Hemos comprado una librería. En Viena. Escribimos un email con unas cifras, ofreciendo una cantidad que no teníamos, y al cabo de unas semanas llegó la respuesta: acaba usted de comprar una librería... Hemos pujado con un dinero que no tenemos, y por una librería que está en una ciudad que no vivimos. Y la hemos conseguido. ¿Y ahora qué? Pues ahora tenemos que apechugar con el asunto."

     ¿Quién, de todos los lectores empedernidos que circulan y paran delante de este espacio, no ha soñado aunque sea en ficción, con tener una librería? Pues por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Mi maravillosa librería.

     Petra Hartlieb es una mujer normal, con familia y perro incluidos en el lote, que un día se enteró de que un negocio se ponía a la venta y decidió pujar. Y así, casi sin darse cuenta, o al menos sin haberlo reflexionado fríamente, se vio con una librería en una ciudad ajena a la suya, una deuda y un montón de trabajo por delante. Y esta es su historia.

     Poco sabía yo cuando estuve en Hartiebs Bücher, en Viena, que tiempo después iba a leer su historia en este amable librito de Periférica. Y supongo que poco sabía su autora cuando visitaba la ciudad, que se iba a encontrar como poseedora de una librería que se ha abierto con los años un hueco en el tejido cultural de esta gran ciudad.

     Comenzaba diciendo, y es así, que casi cualquier lector empedernido ha fantaseado alguna vez con tener una librería y convertirse en una suerte de Mendel capaz de recomendar el libro perfecto a cada lector, o haber leído al menos cada título por el que le preguntan. Y esta es la historia de quien tuvo que hacer realidad ese sueño. Y no, no estamos ante uno de esos libros de amor a la literatura, o pan y libro, en la que solo importa la satisfacción de recuperar un incunable o conseguir tal o cual título. Esta vez de lo que se trata es del proceso para formar una librería, narrado de una forma amable y sin esquivar algunos temas periféricos para el argumento, pero vitales para la vida de cualquiera. Es fácil, supongo, contar la vida con una sonrisa cuando ha pasado ya todo, las luchas y, aunque no lo diga, las noches de insomnio y vértigo, y ese es justo el tono que decide adoptar Hartlieb en esta novelita. Desde la aceptación que relata un poco rápida, hasta el banco que les otorga el dinero sin problema, pasando por la mudanza, las noches en casas ajenas, y la ausencia de tiempo que dedicar a la familia (tema que no suele presentarse en los libros, pero sí en la vida cotidiana de cualquiera que trabaje), la autora parece no despegar la sonrisa del lápiz en ninguna de sus líneas. Da además, la dosis de realidad de quien busca empleados, y la literaria de quien deja nombres y alguna que otra anécdota con la que calmar la sed de esos lectores que se ven atraídos por este tipo de títulos como polillas a la luz.

     Pese a contar una historia real y poder visitar el lugar si se visita la ciudad, no he conseguido despegarme una cierta sensación de fábula, precisamente por ese tono que deja fuera disgustos y contratiempos serios que hubieran borrado el aire positivo de la historia. Y es esa amabilidad la que provoca que uno no se detenga en su lectura y, en mi caso, bucee en las carpetas de fotos hasta encontrar aquella en la que aparece en el interior de una librería que un día visitó y hoy, sin haber sido buscado, estaba leyendo.

     Mi maravillosa librería es una novela entretenida y amable para amantes, y no tanto, de los libros.

     Y  vosotros, ¿alguna vez habéis soñado con tener una librería?

     Gracias.

jueves, 15 de junio de 2017

Los milagros prohibidos. Alexis Ravelo


     "Pues no sé yo decirle por qué los llevamos tan lejos, donde a Moisés se le cayeron las tablas de la ley. Eusebio, el Manoabierta, dijo que teníamos que ir a Fuencaliente y hasta allá nos llegamos. Así de simple."

     Así empieza la última novela de Alexis Ravelo, un escritor que ha sabido pasar por distintos géneros y estilos. Hoy traigo a mi estantería virtual, Los milagros prohibidos.

     Nos situamos en el año 1936, Semana Roja, isla de La Palma. Allí conocemos a Agustín, un hombre que ha tenido que huir y que añora a su esposa Emilia, de quien está enamorado. También conocemos a Floro, el Hurón, un falangista enamorado de Emilia que decide aprovechar la situación para vengarse de Agustín por ser él quien la consiguiera.

     Con este argumento, y pese a que muchos nos llevamos las manos a la cabeza cuando intuimos la Guerra Civil en una novela, juega Ravelo a construir su última historia. Una historia en la que la Guerra es importante, pero solo como excusa para sacar lo peor y lo mejor de las personas, en la que tiene el acierto de mostrar como se utilizó el conflicto para sacar venganzas y rencores en muchos entornos. Y por eso, lo que nos deja es una historia de amor, por hacer un resumen rápido, que se ve acompañada de buenos figurantes, como la madre del propio Hurón, y vestida con una serie de episodios testimoniales para cargar de dramatismo los hechos relatados.
     Cabe destacar, una vez más, el uso de personajes llanos, los sobrenombres, la cercanía que busca en cada una de sus historias, como si el principal objetivo del autor fuera recoger las historias de la calle. Y también el cuidado a la hora de elegir las palabras, utilizando los coloquialismos y vocablos que mejor le combinan a cada personaje, lugar y época, usándolos de este modo, como un añadido a la ambientación de la novela.

     Me ha resultado curioso como, pese a tener todos su papel definido en la historia, no hay buenos reales ni malos absolutos. O si los hay, solo que el autor decide no emitir juicios de valor anticipados, y dar un poco de luz a esos esqueletos de armario que la mayor parte de las personas guardan celosamente y que son proporcionados por la vida sin que podamos evitarlo. Eso hace que, por ejemplo y con el permiso de Agustín, el Hurón se alce como el gran personaje de esta novela, junto con un secundario llamado Juan que daría para un buen rato de reflexión sobre ideas, ideales, momentos y vida. Todo ellos hace que, pese a tener que colgarle el cartel de novela histórica, y sabiendo que no me gusten las etiquetas porque acotan dejando fuera muchas partes de un libro, sean en este caso los personajes lo importante, y la historia en sí, un accesorio casi secundario. Reconozco que, en mi caso, quizás me hubiera gustado más un final un tanto diferente, menos efectista, pero es un buen remate para una historia que sirve tanto para quienes ya conocíamos las letras del autor, como para quienes buscan un título como primer acercamiento. Y sí, efectivamente, es una novela sobre la Guerra Civil, solo que tal vez, o al menos en mi caso, nos queden algunas cosas por saber sobre ese periodo histórico no tan lejano de nuestro país.

     Los milagros prohibidos es una novela francamente entretenida, que viene a engrosas la trayectoria de un escritor que se ha hecho un hueco en los estantes a golpe de letra.

     Y vosotros, si os digo Guerra Civil, ¿cuál es vuestra literaria reacción?

     Gracias.