jueves, 26 de mayo de 2016

Todo lo posible. Carmen Pacheco


     "El cuaderno de las tapas doradas me lo dejé allí, en una bolsa roja de plástico, sobre la lápida de mármol de una tumba. Se me apareció ante los ojos horas después, de repente, como si la memoria lanzara una llamarada roja en medio de la masa verde, vertiginosa, que se deslizaba al otro lado de la ventanilla del tren.
     Qué funeral tan prematuro el del cuaderno recién comprado, con sus páginas color crema, inmaculadas. Y yo qué estúpida por haberlo olvidado allí."

     Últimamente estoy bastante superficial, pero cuando vi este libro no pude apartar la mirada de la cantidad de cosas que salían en la ilustración de su cubierta. Luego la autora comentó que todos eran objetos de su vida, y me pregunté qué pintaban entonces en la historia. Hoy traigo a mi estantería virtual, Todo lo posible.

     Conocemos a Blanca Cruz, una escritora de éxito con una saga protagonizada por una detective vampira. No se siente orgullosa, de hecho ni siquiera le gusta que la reconozcan, y menos ahora que debería de estar escribiendo la siguiente entrega. Es más, Blanca está atravesando una crisis con todas sus letras: tanto en su relación con Carlos, como en la parte creativa; no sabe qué hacer con su relación y sus sospechas y tampoco con sus protagonistas de la ficción. Quizás por eso se volcará en la historia de una escritora desconocida de novelas de misterio desaparecida sin dejar rastro muchos años atrás. A veces, uno se agarra a cualquier cosa, incluso a la vida de Patricia King, a la que llegó por pura casualidad.

     Por comenzar desvelando un misterio os diré que todos los objetos dibujados en la cubierta del libro, aparecen en la novela. De hecho, la mayor parte se encuentran en el despacho de la protagonista, aunque no todos. Y explicado esto, comencemos con una novela que me ha sorprendido bastante.
     Carmen Pacheco nos lleva por la historia de blanca, y la salpica de alusiones constantes al amor por las palabras, el acto de crear y las dudas y miedos del escritor que se encuentra ante una página en blanco. Es lo que más me llamó la atención en las primeras páginas, junto a esa prosa amable y agradable de leer que nos acompaña durante toda la historia. Aparecerán anécdotas de críticos que se convierten en editores, escritores de mediana edad que tienen al público femenino a sus pies, tanto por su físico como por su prosa o escritoras feministas y modernas de bellezas deslumbrantes. Un mundo que retrata Pacheco con soltura y un toque de humor imposible de no percibir. Nos introduce también en las inseguridades del creador y en el mundo editorial, sentando a negociar al autor y sus editores en un tira y afloja más empresarial que creativo, desvelando un mundo desconocido para el lector que asiste con curiosidad a lo relatado por la autora mientras la historia comienza a desplegarse.
     Aparece el misterio de Patricia King y su desaparición en alta mar, y la novela se divide para dejarnos leer las cartas que esta mujer escribiera a su hermana. Nos convertimos en los ojos de Blanca, o en los de Roca, su improvisado compañero en este misterio, para acabar padeciendo la misma necesidad de saber que los protagonistas, deseosos de conocer qué sucedió con esta misteriosa mujer durante ese crucero y por qué nadie parece conocerla ni a ella, ni su escueta obra. Y tirando del hilo, entre viajes en avión, coche o cementerios, y sin dejar en ningún momento ese sentido del humor que antes os nombraba, llegamos al final de una novela amable y divertida que se lee en dos ratos y deja un buen sabor de boca.

     Una lectura ligera para el verano, en la que, si bien me hubiera gustado conocer un poquito más a sus protagonistas, me ha sorprendido el buen hacer de su autora. Echadle un ojo, os divertiréis.

     Ahora que llega el verano me gusta compaginar una lectura ligera con algo más sesudo o una relectura de esas que uno sabe le llevarán tiempo mientras disfruta del camino. Y vosotros, ¿leéis más de un libro al mismo tiempo?

     Gracias.

     PD. Tiene la protagonista un despacho con un mueble al que no llamaremos cómoda al que sólo falta un huevo de faberge. Hay un muñeco en la novela y también unos guantes, unas cartas de las que os he hablado y un cuaderno con el que comienza la historia. En realidad, todo está ahí.

miércoles, 25 de mayo de 2016

La maniobra de la tortuga. Benito Olmo


     "Todo empezó con la muerte de una chica."

     A veces uno se tropieza con un título de forma recurrente hasta que tiene claro que lo va a acabar leyendo, u odiando quién sabe. En este caso ha sido la primera opción, así que antes de que nadie me terminara por relatar la historia, hoy traigo a mi estantería virtual, La maniobra de la tortuga.

     Conocemos a Manuel Bianquietti, un inspector de policía trasladado a la comisaría de Cádiz tras un incidente que traspasó de lo personal a o laboral. Manuel lleva un tiempo a su aire en la comisaría, sin interferir en nada y también sin que nadie le diga nada a él, sin embargo, la muerte de una joven de forma violenta, parece que lo hace reaccionar y meter la nariz en el caso para encontrar al culpable. Quién sabe, quizás le ayude a reaccionar también en la faceta personal.

     Benito Olmo juega a seguir la estela de la novela negra clásica. No escatima para ellos en adjetivos para su protagonista, ya sea rudo, fumador o marcado por su pasado en el que él tuvo parte activa, está claro desde las primeras páginas que Bianquetti nos resulta familiar: no ha buscado ser original. Sin embargo, tal vez eso no sea una falta sino un mérito en este caso, ya que tampoco ha cargado las tintas con él, ni ha necesitado llevarlo a ver prostitutas o consumir drogas escondidas en un cajón de la comisaría. Su Bianquetti es mucho más de "andar por casa" y prefiere acodarse cerveza en mano  y no torturarse más allá de lo necesario para conseguir las simpatías del lector. No lo necesita.
     Lo conocemos desterrado en un Cádiz que nada tiene que ver con las fotos turísticas que aparecen en los folletos de esta época del año. es una ciudad más, pequeña comparada con otras, en la que hay ricos y pobres, callejones oscuros y polígonos industriales. Y sí, también hay contenedores en los que aparecen jóvenes asesinadas. Y partir de aquí Benito Olmo abre una historia en dos hilos que se unen en un encuentro fortuito, en los que vemos, como viene siendo habitual en las novelas negras, un poso de crítica social a las influencias, los privilegios, el maltrato o el trato por parte de unos sectores a los inmigrantes.

     Estos son los ingredientes, que incluirán una mujer que se acerca a la vida de Bianquetti, también marcada por su pasado, y unos compañeros en la comisaría entre los que no tardamos en descubrir filias y fobias, que usará el autor para su novela. Una historia marcada por la brevedad de frases y capítulos que aceleran la lectura de una trama que no busca ser trepidante, por mucho que el adjetivo parezca estar de moda, sino interesante para el lector o más aún, entretenida. El lector avanza a medida que lo hace su protagonista, sufriendo los mismos resbalones que él ) aunque afortunadamente no los mismos reveses,) mientras se fortalece la simpatía que profesamos por el rudo inspector que, aunque aparentemente no haya nada que lo indique, bien podría haber desembarcado para quedarse a juzgar por el tono de la historia. Un final, por cierto, impecable, por si pensáis que lo he dicho porque el autor decide dejar abierto el caso: no es así.

     La maniobra de la tortuga ha resultado una novela entretenida que me ha durado apenas un rato en las manos, de esas que empujan a seguir leyendo un rato más hasta que, sin apenas notarlo, hemos llegado al final de la historia. Estaré pendiente de los títulos de Benito Olmo.

     De un tiempo a esta parte es innegable el protagonismo de la novela negra en nuestro país y vamos descubriendo títulos y autores en las mesas de las librerías que antes nos eran desconocidos y que se enfrentan al entusiasmo de unos y el escepticismo de quienes consideran que el género está, simplemente, de moda. Y vosotros, ¿creéis que está de moda la novela negra?

     Gracias.

lunes, 23 de mayo de 2016

El ojo castaño de nuestro amor. Mircea Cărtărescu


     "Como si, al escribir, cada línea que trazo en la página con el bolígrafo se cubriera de moho y cada página que dejo atrás, cubierta con mi escritura, se abarquillara, amarilleara y se retorciera como una hoja seca. Pero yo seguiría escribiendo igualmente cada vez más rápido, para que no me alcancen el desastre y la desgracia.
     Como si, al releerme, cada fotón que choca contra mi página, rebota y atraviesa mi retina envejeciera sobre la marcha, se arrugara como un grano de pimienta y, en lugar de luz, brotara de él un polvo sofocante, como el polvillo de las alas de las mariposas muertas, clavadas con un alfiler oxidado en el insectario."

     Hace ya muchos años que descubrí a este escritor cuyo apellido me sigue obligando a buscar en el teclado y caí rendida ante la belleza de sus palabras. Por eso cada año espero impaciente hasta saber si habrá título, hasta leer ese  nuevo título. Y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El ojo castaño de nuestro amor.

     Este libro, concebido como la sucesión de una veintena de relatos, nos da una muestra a retazos de la vida y memoria del autor. Pero más allá de eso, que sería lo básico a decir, más allá de hechos peculiares como el descubrimiento de la literatura, el fallecimiento de su hermano, el servicio militar y el nescafé o incluso unos jeans, encontramos el germen de su obra para deleite de quienes ya han leído los títulos nombrados, y guía para aquellos que no. Y junto a todo esto nos deja alguna reflexión sobre literatura o poesía y también un poco de fantasía en un volumen muy completo que tiene bonito hasta el título.

     Podría escribir la entrada de hoy a base únicamente de fragmentos del libro que traigo y sabría con toda seguridad, que ibais a salir de su lectura enamorados y buscando una librería. En eso consiste el placer de leer a Cărtărescu. Más allá de lo que nos cuenta, hay un extraño placer en leer cómo lo hace y dejarnos llevar por su magnífico cuidado de las palabras.
     Es un placer dejarse llevar por las letras de una de las voces más importantes de la literatura contemporánea. Descubrir en ellas el origen de algunos de sus personajes, o en El cuarto corazón, acompañar a quien quiso romper un corazón de plomo. Cărtărescu nos invita a ver niñas en el agua con ojos de príncipe, a conocer a la chica del borde y nos habla también de D, mientras recuerda el momento en que no quiso escribir un simple poema, es más, aquella querencia se convertiría en El Levante. Nos habla de la juventud y la creación, de escritos y escritores y también de la mediocridad y la invención y en un cortísimo momento, nos habla de Jesús, ese hombre que se refleja escribiendo una y otra vez y cuya vida nos es contada por terceros. Ha conseguido que me enamore de una ciudad que no he visitado y que un lunar, deje de ser un simple lunar. Y es que leer El ojo castaño de nuestro amor, como se titula uno de los relatos (tal vez mejor retazos de vida o de alma) supone exponer la piel a las palabras del autor sabedores de que poco a poco desarrollaremos una sensibilidad similar a la que tenemos ese primer día de sol y que, esas misma palabras que provocaron la sensibilidad, serán como un bálsamo capaz de erizarnos la piel.

     Comenzaba explicando que hay retazos de alma en este libro, de vida, y hay mucha literatura en sus letras. Sin embargo me cuesta decir que son relatos porque durante su lectura no los percibí como tales, por eso he sustituído la palabra por retazos o fragmentos. En todo caso, podéis darles el nombre que mejor os convenga, pero estamos ante una gran opción para descubrir las letras del autor y dejarnos enamorar por ellas.
     No os quepa duda de una cosa: hay que leer a Cărtărescu. Aunque sólo sea como bálsamo. Y una vez leído, venid y decidme si no ha sido una experiencia única y habéis querido alargar los días para seguir leyendo y luego alargar las páginas para no terminarlo.

     Y es que los libros, no todos pero si algunos... los libros son:

     "Los libros son como las mariposas. Habitualmente tienen las alas plegadas, como cuando las mariposas descansan sobre una hoja y desenrollan su trompa filiforme para sorber el agua de una gota de rocío. Cuando abres un libro, este se echa a volar."

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

sábado, 21 de mayo de 2016

El lector superficial


    "No juzgues a un libro por su cubierta"
     Refrán popular.

     Los lectores, como cualquier otra persona, tenemos nuestros gustos y nuestros placeres. Y también tenemos nuestra gotita de hipocresía, seamos sinceros. Se nos llena la boca diciendo eso de no juzgar un libro por su portada y luego asistimos con un morboso espanto a los diseños que nos dejan encima de algunas mesas. Y movemos la cabeza de un lado a otro horrorizados mientras nos decimos eso de "en qué estarían pensando para poner esto". Aunque luego podamos cambiar de... bueno, mejor pongamos un ejemplo, será mucho más fácil de entender.
     Recuerdo perfectamente la primera vez que vi esta portada. Ahora nos parece incluso normal y representativa la imagen de una trilogía que ya es tetralogía y no nos espantamos tanto de esa suerte de señorita deforme a la que no sabes si tirar pan antes o después de salir corriendo. Y luego nos escandalizamos con las chicas delgadas de los anuncios, me río yo. Pero nos acostumbramos a verlo, lo vimos tanto que ahora no nos llama particularmente la atención. Incluso hemos olvidado que lleva un título que parece una protesta por los 140 caracteres que admite twitter si queremos contarlo. Y eso que no dije nada del Drácula que abre la entrada, porque es casi tan ofensivo para el clásico como la existencia de vampiros con el cuerpo lleno de purpurina que dan abrazos y no mordiscos a la yugular.

Luego están las reediciones. Esas en las que uno se pregunta si tocar lo que ya existe es siempre una buena idea. Si Nabokov levantara la cabeza y viera que han convertido la Lolita que tanta guerra le dio en una suerte de anuncio de picaduras de mosquito, y eso siendo generosa por no hacer otro tipo de elucubraciones... ¡no quiero ni saber la opinión de su esposa!

     Pero ahí está, y nos hemos ido acostumbrando a casi todo. Y si digo casi es porque hay cosas por las que no paso, por ejemplo jamás me compraré un libro que tenga en su cubierta más abdominales que letras. Y eso no es negociable bajo ningún concepto. Y tampoco me gustan... veamos... ¡Bah! En realidad más allá de la crítica y la superficialidad poco importa la portada de un libro para llevárnoslo a casa. Porque lo abrimos y leemos el interior, y Lolita es una obra maestra y la saga antes nombrada un best seller y Drácula... Drácula es Drácula y seguirá poblando las noches hasta el fin de los tiempos.

     En realidad... debería de haber empezado diciendo eso de: Me enamoré mirándole a los ojos formados por letras sin haberme fijado en el resto de su cara y, quizás por ese motivo, jamás pude decir que fuera feo. O si lo dije fue con cariño de quien ya se ha enamorado y me apresuré a añadir todas las virtudes que escondía en su interior. Pasó de feo a llamativo, característico, ¡original! Bonita palabra esa de original que nos permite describir casi cualquier cosa sin perder la compostura. Incluso desarrollamos una suerte de hábito que nos lleva a mirar dos veces las portadas feas en las mesas de las librerías. No todas, sólo algunas, pero las miramos con curiosidad pensando que tal vez no necesitan llevar más, como aquellos libros de antaño en los que dominaba el blanco en su cubierta, porque el interior habla por sí mismo. Así descubrí yo precisamente mi libro de ayer, y lo comentaba en la reseña.

     Y aunque no entendamos qué pinta esa especie de señora disfrazada de señor mayor con una expresión digna de Eva Hache en un libro de Vila-Matas (nada menos), o estemos hartos de ver ositos, patitos y dibujitos de chicas con pinta de nerd cool en los últimos tiempos en las librerías haciéndonos dudar sobre sin libros o agendas de adolescente, les damos una oportunidad. Y descubrimos grandes historias. Y lo seguiremos haciendo porque juzgamos, sí, pero acudimos. Regresamos y damos una oportunidad tras otra a las historias sabiendo que una vez que lo abrimos, poco importa el diseño elegido por un señor que se quedó con las ganas de saber "a qué huelen las nubes" y decidió que ya era hora de que una señora se agarrase a una para meter la nariz.

Las cubiertas son cuestión de gustos y posiblemente a alguien le haya entusiasmado alguna de las que ilustran esta entrada, de eso no me cabe duda. Y sí, son una forma más de llegar hasta el lector y conseguir que nos llevemos un libro (nunca me he encontrado una que me haya desanimado de comprar un titulo que ya hubiera decidido leer de antemano). Pero además, seamos sinceros, es la mar de divertido ponerse a despotricar sobre las cubiertas de determinados libros. Y reconozcamos una cosa... algunos parece que los hicieron a posta.

     Y vosotros, ¿recordáis algún libro que os pareciera feo y os diera una grata sorpresa?

     Gracias

     PD. También hay libros que provocan la sonrisa... del adulto. Que aquí no se salva nadie.


viernes, 20 de mayo de 2016

Phobia. Wulf Dorn



     "El angosto piso, de dos habitaciones, estaba oscuro y mohoso. La luz grisácea de la primera tarde de diciembre apenas lograba abrirse paso por la única ventana de la cocina. Al otro lado, una sucia fachada obstruía las vistas. Daba la impresión de que pocos metros más allá del muro, tiznado de hollín, sólo podía hallarse el fin del mundo."

     Y si ayer hablaba de portadas feas, hoy de impactantes. Este tipo de portadas que suelen atraer una primera mirada de alguien que, tal vez, se convierta en futuro lector, prometiendo en una sola imagen una lectura de esas que dicen adictivas. Hoy traigo a mi estantería virtual, Phobia.

     Sarah vive recluída en sus propios miedos, aunque lo hace en una casa en un barrio residencial y con su marido y su hijo, un matrimonio aparentemente perfecto. Una noche que su marido está de viaje, Sarah oye su coche llegar. Decide bajar a preguntarle el motivo de su regreso y en la cocina se encuentra a un hombre con la ropa de su marido, siguiendo las rutinas de su marido y que la traa como si fuera su marido... pero que no es Stephen. Se trata de un hombre con el rostro desfigurado al que no había visto jamás. Sarah, entonces huye protegiendo a su hijo para llamar a la policía que se muestra escéptica con la historia. Pero hay una cosa más: el marido de Sarah, ¿dónde está? Sarah entonces recurre a un amigo de la infancia, algo está sucediendo.

     Una fobia es un miedo irracional capaz de incapacitar total o parcialmente a una persona. Y ese es el juego del autor: las fobias, los miedos. El miedo de Sarah, el de su amigo Mark, incluso el miedo del misterioso hombre de la cocina. Todo el mundo teme a algo y, en la mayor parte de los casos, ese miedo es a perder. Ya sea la relación que tenemos, el trabajo o la vida, el miedo es un sentimiento que debemos de mantener bajo control para que no condicione nuestras decisiones.
Partiendo de esa idea y con Mark como un especialista en fobias que ha dejado de lado su labor profesional al perder a la mujer que ama, Dorn monta una historia que arranca fuerte desde las primeras páginas. No nos coloca un muerto, se limita a insinuar una usurpación de personalidad y comenzar un juego que será la constante de la novela: un juego que establece con un lector inquieto que no puede dejar de preguntarse qué narices está sucediendo y por qué. No necesita colocar a sus personajes al borde de la muerte para que queramos seguir leyendo, porque ya lo ha conseguido al presentarnos la acción. De este modo, las páginas del libro vuelan mientras vamos profundizando en los protagonistas; incluso el misterioso hombre del rostro desfigurado será expuesto ante nosotros para ser juzgado. El autor deja eso en nuestras manos desdibujando a ratos la línea de la maldad a través de las motivaciones, como también desdibuja la de la bondad ahondando en el minado terreno de los secretos. Y Mark como constante del personaje que repite y que volverá, si hacemos caso al final de la historia. Un hombre que me ha parecido relativamente gris, y quizás precisamente por eso, real.

     Phobia es en conjunto una historia para pasar el rato, entretenida, para no pensar ni buscarle las vueltas y que cogemos con la seguridad de que no durará más allá de un par de tardes. Uno de esos productos de consumo que mezclan la intriga y los giros para procurarnos un buen rato a la sombra en verano... o al calor de una manta en invierno. Sin más. Y, a veces, no hace falta más.

     En este caso estamos ante una novela a varias voces, lo que nos hace conocer al malo en lugar de tener que buscarlo como suele ser la opción general, llevando al lector a elucubrar casi tanto como su protagonista. Así que decidme, ¿sois de los que buscan al culpable cuando leen novela negra?

     Gracias.

jueves, 19 de mayo de 2016

Manual para mujeres de la limpieza. Lucía Berlín


     "Un indio viejo y algo con unos Levi's descoloridos y un bonito cinturón zuni. Su pelo blanco y largo, anudado en la nuca con un cordón morado. Lo raro fue que durante un año más o menos siempre estábamos en la Lavandería Ángel a la misma hora. Aunque no a las mismas horas. Quiero decir que algunos días yo iba a las siete un lunes, o a las seis y media un viernes por la tarde, y me lo encontraba allí."

     Ya he comentado alguna vez que hay muchos motivos para acercarse a un libro y que uno de los más comunes es la atracción que se siente por el diseño de su cubierta. En este caso fue justo lo contrario: la fealdad del diseño me hizo pararme a mirar y finalmente llevármelo a casa. Hoy traigo a mi estantería virtual, Manual para mujeres de la limpieza.

     Lucía Berlín fue una mujer de vida azarosa. Pasó de niña de clase media con madre aficionada a la botella, a vivir en chile entre la alta sociedad. Heredó en suerte esa afición por la bebida contra la que lucharía, vivió en un edificio de oficinas y durmió con sus hijos vestida con las ropas más gruesas que tenía para no pasar frío por carecer de medios; busco trabajo mil veces, de cualquier cosa, también de mujer de la limpieza... pero le sobraba preparación. Con apenas treinta años ya acumulaba tres matrimonios y cuatro hijos y, aunque alguno de sus relatos habían visto la luz con escasa o nula repercusión, su éxito como escritora llegó hace un año y casi once después de su muerte.

     Lo sé, ahí debería de haber ido la sinopsis del libro. Un libro que reune 43 relatos abruptos que, aunque no lo parezca, podrían ir con el resumen de la vida de su autora. En ellos, con claros contenidos biográficos, Lucía Berlín nos habla de su vida, de la vida de muchos que no lo han tenido fácil y que muchas veces, como es el caso de una enfermera o de la propia mujer de la limpieza, conviven con la suciedad. De hecho, si seguimos el orden, al terminar el libro tendremos algo así como una biografía hacia la madurez de la propia Berlín. Y lo hace desde puntos aparentemente inconexos en los que se repiten situaciones, con un tono frontal, de "tu a tu" que aporta la credibilidad justa para convertir la experiencia de esta lectura en algo redondo. La honestidad del narrador que aboga por una compasión que luego desvela no sentir, la de la adolescente que busca una solución vital o el dolor como algo real aunque no se vea, son algunos de los temas que aparecen en estos relatos que abren de forma descarnada el alma de quien lo cuenta.
Unos relatos en los que el narrador es tanto o más importante que lo narrado. Una primera persona tangible que a veces parece convertirse en una tercera persona igualmente real. Y un lenguaje directo que no duda en exponer claramente lo que desea, en ir al grano, en comenzar  y finalizar a su antojo cada uno de esos fragmentos de vida que componen en realidad este manual. Frases cortas, a veces como mordiscos, y preguntas lanzadas al aire que el lector recoge sabiendo que eran para la propia autora, autoreflexiones que nos llevamos como un ladrón mientras cerramos el libro preguntándonos qué cosas nos hemos perdido por no observar, y miramos los pájaros buscando hábitos en ellos...

     Comenzaba diciendo que en este libro se reunen 43 relatos, ahora añado que no son extensos, imposible si el libro tiene poco más de 400 páginas. Pero además se completa con un prólogo magnífico y una introducción que forman una muy buena puesta en situación para el lector, así como una pequeña biografía y apuntes al final del libro. Y explico esto porque son imprescindibles para completar la experiencia de una gran lectura.

     A veces, cuando un libro viene de la mano de críticas extraordinarias y de posicionamientos en listas de "lo mejor de..." corre el riesgo de estrellarse en nuestras manos ya que nos esperamos algo imposible de alcanzar. Otras veces en cambio descubrimos grandes voces en obras que sin tanta repercusión, nos hubieran pasado desapercibidas. Ese es justo el caso de Manual para mujeres de la limpieza: un gran libro de relatos que se van conectando a medida que avanzamos. Os lo recomiendo. Anotad: Lucía Berlín.

     Los relatos son ese género apreciado por unos y que causa una gran pereza en otros, considerado incluso por algunos como un género menor. En todo caso no cabe duda de que poco a poco van entrando en las librerías y estantes de los lectores. Por eso mi duda, ¿sois aficionados a los relatos?

     Gracias.

martes, 17 de mayo de 2016

Mendelssohn en el tejado. Jiří Weil


     "Antonin Becvár y Josef Stankovský se encontraban en el tejado, caminando entre las estatuas. La tarea no era peligrosa, puesto que dichas estatuas se alzaban sobre una balaustrada y, además, la terraza no tenía inclinación alguna; era casi totalmente plana."

     Hace ya bastantes meses que me topé con este título por primera vez. Se nombraba en HHhH, un libro que tuvo un recorrido bastante largo tras su publicación. En ese mismo momento decidí leerlo, ya que el nombrado me había gustado bastante, pero me encontré que no había sido traducido, así que tuve que adaptarme a los idiomas en que estaba disponible. Finalmente lo he visto en la librería entre las novedades. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Mendelson en el tejado.

     El libro comienza cuando dos obreros reciben el encargo de retirar la estatua del compositor Mendelssohn del tejado de la sala de conciertos de Praga. Sin embargo, desconocen su aspecto tanto ellos como el oficial que dicta la orden quien, recordando sus conocimientos sobre ciencia racial, da la orden de retirar aquella estatua cuya nariz sea más grande: como resultado Wagner está a punto de ser retirado. Buscan a un supuesto experto que resulta no saber nada de música y con este punto de partida, Weil deja una novela que es el retrato de una ciudad invadida en la que la crueldad y la supervivencia un tanto desesperanzadas son la tónica común.

     Weil nace en 1900 en el seno de una familia judía en un pueblo cercano a Praga. En su juventud se unió al Partido Comunista, viajó a Moscú hasta que las purgas le obligaron a exiliarse y volver a Praga. Una vez de regreso trabajó, siendo ya escritor, en el Museo Judío y, cuando llegó la orden de su traslado a Tezerin en 1942 optó por fingir su propia muerte y vivir de forma clandestina.
Comento esto porque por divertida que pueda parecer la anécdota que da título al libro, está escrito por alguien que vivió en esa ciudad y en ese momento, y se nota a medida que uno avanza en un libro lleno de estatuas y desesperanza.

     Mendelssohn en el tejado es una cadena de historias que representan en su conjunto la vida en la ciudad de Praga en un momento en que el miedo imperaba en las calles. Nadie tenía garantizado llegar al día siguiente y había que adaptarse para intentar sobrevivir. Las estatuas, testigos impasibles de lo que estaba allí sucediendo y el arte como resistencia, visto ya en más obras que quizás lo centraban de forma más directa como es el caso de Salvar a Mozart. Por eso toman fuerza estas estatuas impasibles, como han de vivir esos ciudadanos amenazados, que intentan no llamar la atención, mantenerse como esa primera estatua que pasaba desapercibida para los obreros, aunque en realidad estaba tan cerca de ser derribada. Y junto a ello nos encontramos esa balanza entre desesperarse y seguir en cada uno de los personajes que Weil nos presenta: personajes que lejos de ser juzgados por sus actos, son representados por la tragedia histórica que les ha tocado en suerte en la ciudad de Praga. De este modo la novela se va oscureciendo hasta llegar a capítulos casi desgarradores, porque el calado para el lector es progresivo. No estamos ante una novela de dramatismo extremo pero sí ante un coro de voces que se alzan para reflejar una situación cotidiana en una gran ciudad. Un murmullo que se convierte en ensordecedor para el lector. Heydrich como personaje real, primero en marcar la importancia del arte y de esas estatuas perennes en el tiempo, personas que se transforman en piedra. Simbolismo: impasibilidad, frialdad pero también preocupación por sus sobrinas, dualidad una vez más.

     Weil deja un libro en el que podemos leer una historia acaso ya conocida aunque con otros nombres, fueron muchos los que la padecieron, o una novela para leer entre líneas. Cuanto mayor sea la profundidad de la lectura, más desgarradora se vuelve la historia, del mismo modo que cuanto más de cerca nos toca una desdicha, más fácil es que no la olvidemos. Nos dirige además hacia un final que intuimos en un primer momento y que no dudamos a medida que se acerca de forma inexorable, convirtiendo este libro en una de esas historias cuya percepción mejora con el tiempo, ya que la visión global, el conjunto, van asentándose una vez se ha cerrado el libro.

      A veces, un libro te lleva a otro que es igual o incluso mejor que el primero, estableciéndose una suerte de cadenas imaginarias de títulos. Y vosotros, ¿alguna vez habéis llegado a un título por haber visto que se nombra en otro libro?

     Gracias.