martes, 21 de noviembre de 2017

Los buenos. Hannah Kent


     "Lo primero que pensó Nóra cuando le llevaron el cadáver fue que no podía ser de su marido. Durante un largo instante miró a los hombres que cargaban con Martin en sus sudorosos hombros bajo el frío cortante y pensó que el cuerpo no era más que una imitación despiadada; un remedo, cruel de tan parecido. Martin tenía la boca y los ojos abiertos y la cabeza inclinada sobre el pecho, pero no había vida en él. El herrero y el labrador le habían llevado un animal muerto. No podía ser su marido. No era él en absoluto."

     Leí Ritos funerarios apenas salió al mercado sin tener muy claro lo que me iba a encontrar. Tras ese fantástico debut, no he podido esperar a leer la segunda novela de su autora. Hoy traigo a mi estantería virtual, Los buenos.

     Cuando Nóra enviuda de manera repentina nadie sabe que será el primero de una serie de hechos inexplicables. Además, Nóra queda a cargo de su nieto, un niño con necesidades especiales, y va a necesitar ayuda para criarlo, mejor escondido de los vecinos. Por eso aparece Mary en esta aldea remota plagada de supersticiones. De hecho ya hay un rumor sobre la existencia de un niño "cambiado" al que nadie conoce. Ante eso, la abuela intentará por todos los medios revertir ese cambio acudiendo a quien sea necesario.

     Los buenos, "la buena gente" es el término con el que se conoce a las hadas en el folklore irlandés. Pero claro, se alejan mucho estas hadas de las madrinas de Cenicienta, por ejemplo. Para ellos, hay otro mundo paralelo en el que viven estos "Buenos vecinos" y pueden, además, caminar entre nosotros. Nance, la curandera de la novela de Kent, afirma que son capaces de mirarnos con un conocimiento que puede deshacer a un hombre. Sus hadas no son precisamente bondadosas, sino que son irracionales. Explico esto porque Los buenos, está ambientada en el suroeste irlandés a mediados de los años veinte, en un ambiente rural con acceso a una cultura mínima en el que el folklore, las creencias y las supersticiones dominaban a las gentes. Es más, la novela está basada (como ya sucediera con Ritos funerarios) en un caso real sucedido en la zona.
     Es impresionante como desde las primeras páginas la autora consigue meternos en el ambiente de la novela, y que casi podamos pasear por sus páginas. La historia, dominada por mujeres, arranca con la muerte del marido de Nóra, quien está cuidando a su tullido nieto desde la prematura muerte de su hija mayor. El bebé nacido aparentemente sano, es un niño mudo cargado de problemas que más que llorar aulla. Y no tarda en correrse la voz diciendo que las hadas se llevaron al verdadero nieto de esta mujer, dejando a un niño cambiado en su lugar. Por eso Nóra acude al sacerdote, quien no le ofrece más remedio que la fe, y también a la curandera local, en quien deposita todas sus esperanzas. Como digo, una novela de mujeres, cuyo tercer vértice es la chica que coge Nóra para ayudarla en su cuidado al niño. Y es que, al final, la ignorancia y el miedo a lo desconocido, dominan gran parte de la novela.

     Tengo que decir, que pese a la magnífica habilidad descriptiva de Kent, este libro no ha alcanzado el nivel del primero. Se lee con facilidad y la historia es fácil de seguir, pero me ha dado la sensación de estar ante personajes demasiado simples, casi encorsetados en su papel del que no se les permite salir en ningún momento. Me hubiera gustado, por ejemplo, conocer a Nóra más allá que como víctima de su propia vida, exactamente igual que hubiera agradecido un cura que cayera en un cliché menos manido que el de la severidad. Y es que, estoy convencida de que determinados estereotipos existen porque posiblemente sean habituales en la vida real, pero cuando leo me gusta que las historias posean un poquito más de complejidad, alguna sorpresa. Entiendo que Los buenos es una forma que tiene la autora de reflexionar sobre quienes son merecedores del uso de este término, pero no da las armas suficientes al lector como para que sea una pregunta que le haga reflexionar. El resultado, por tanto, se queda en una novela entretenida que no deja el poso suficiente como para alcanzar lo que yo considero una buena historia. O quizás lo que sucede es que cualquier libro que venga detrás de Ritos funerarios y sea comparado con él, va a tener muy pocas posibilidades de salir bien parado.

     Y vosotros, ¿os gustan los libros basados en acontecimientos reales?

    Gracias.

lunes, 20 de noviembre de 2017

La noche de los niños. Toni Morrison


    "No es culpa mía. A mi no pueden acusarme. Yo no hice nada y no tengo ni idea de cómo pasó. Una hora después de que me la sacaran de entre las piernas ya me había dado cuenta de que había un problema. Un problema grave. Era tan negra que me asustó. Un negro del color de la medianoche"

     Una de las cosas que me gustan de seguirle la pista a un escritor es ver su capacidad de reinventarse, tanto en las formas, como en los temas. Quizás por eso, cuando alguien me gusta, sigo hasta agotar su obra, aunque lo haga con calma. Hoy traigo a mi estantería virtual, La noche de los niños.

     Conocemos a Bride. Ella es negra, es su primer pecado. El color de su piel proviene seguramente de algún antepasado remoto, pero eso a su madre no le vale, y tampoco a su padre que se aleja acusando a su madre de infidelidad. Y así crece entre el rechazo y la falta de cariño, una época en la que usaba su verdadero nombre, Lula Ann. Hoy es una reina de la belleza que siempre viste de blanco, quizás en un intento de borrar la mancha de la culpa por un testimonio dado de niña. Tiene una pareja, Booker, una persona marcada también por su pasado, que decide abandonarla llevando a Bride a viajar en su busca y conociendo así a Rain.

     Hoy voy a comenzar la reseña hablando de Carlos Mayor, quien ha recibido esta semana pasada el XII Premio de Traducción Esther Benítez por su trabajo en este libro, y es que, por mucho que se repita, nunca está de más hablar del magnífico trabajo que realizan los traductores. Si un buen escritor da con un mal traductor, nos quedamos sin libro y aún así sus nombres son apenas conocidos por la mayor parte de los lectores.

     Es curioso como se reflexiona de los libros leídos pasado el tiempo. Recuerdo no haberme dado cuenta durante la lectura, cuánto tenía de terrible cuento de hadas que la protagonista se hiciera llamar "novia" y a su madre le dijera "Sweetness". Quizás ya debí de intuir ahí que Morrison iba a tener mucho de fábula y de magia en algún momento, pese a lo aterrador de la lectura en muchas de sus partes.
Bride es el más claro ejemplo de la metamorfosis fallida. Ha pasado de ser una niña deseosa por ser aceptada, y que parece que empieza a serlo cuando testifica destrozando la vida de otra, de ahí esa culpa que arrastra, a una gran mujer admirada por todos que resalta el color de su piel para que a nadie le pase desapercibida su negrura. Y sin embargo, su interior frágil sigue ahí, como intuimos rápidamente cuando vemos su reacción al abandono. Y se confirma en ese momento de realismo casi mágico en el que Bride se ve volviendo a ser Lula Anne. Una parte de la novela tan cargada de significados, que uno se pregunta cómo es posible llegar a expresarlo tan bien como lo hace Morrison. Bride arrastra cicatrices del pasado, y es un personaje que me ha apenado profundamente, sobre todo por la soledad que parecía destilar. Y pese a todo, el mensaje está ahí, la reconversión,la metamorfosis...
     He convertido, creo y casi sin darme cuenta, esta reseña en un monográfico de uno solo de los personajes, como si fuera la única voz del libro y no es así. La madre, Brooke, Rain, incluso Queen... hay personajes muy importantes en esta historia, todos con sus historias y sus uniones, todos ellos llenos de cicatrices y en una gran parte cicatrices que vienen de su infancia. Morrison no escribe, aunque luego haya pensado en cuentos, historias para niños, si acaso deja ver sus pesadillas. Pero también enseña que hay un mañana y quizás por eso encontramos pequeños momentos de ligereza en la trama.

     La noche de los niños es una novela corta llena de pasajes inolvidables y momentos demoledores. Y Toni Morrison evita los sentimentalismos, consiguiendo así una historia efectiva que se lee del tirón pero permanece durante tiempo en el interior del lector.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

sábado, 18 de noviembre de 2017

Cuidando los libros: Limpieza




     Lo primero siempre es limpiar un libro. A poder ser, en seco, es decir, con una brocha suave. Se usa para quitar el polvo de la cubierta, el canto y, algunas veces, en el interior. Si hay una página que empieza a ver su tono cambiado por el polvo o le ha caído algún residuo sólido, lo mejor es utilizar la brocha del centro a los cuatro vértices de las páginas y, en la zona de la bisagra del libro de arriba hacia abajo. Que sea una brocha de cerdas suaves es importante porque algunas hojas de papel pueden verse dañadas, bien por ser tipo biblia, o por la tinta que utilicen. no se puede limpiar de los bordes al centro porque eso doblaría las hojas. Pero, ¿qué pasa si la hoja tiene manchas más resistentes? En ese caso hay que probar con la goma de borrar, pero no usada directamente sobre el papel, sino ralladas bien con un rallador o contra una superficie dura para luego poder frotar la ralladura con los dedos limpios en círculos en la zona a tratar. En general, recomiendo el uso de guantes de vinilo o similar, ya que las manos, seamos sinceros, siempre tienen algo de suciedad o grasa, y puede ser peor el remedio que la enfermedad. Una vez más frotaremos la hoja del centro hacia los bordes cambiando la ralladura cuando cambie de color hasta que veamos que queda limpia y retirándola, como ya explicamos antes, con la brocha. Por supuesto hay manchas más resistentes, pero esas deben de ser tratadas en el momento. ¿sabéis esa gota de café que cae y corremos a... sí, a extenderla con la mejor intención? Lo mejor es poner encima un pañuelo de papel con cuidado, por un pico, para que la recoja y luego colocar sobre la mancha otro pañuelo y otro más justo entre esa página y la siguiente y presionar. y rezar, tampoco viene mal. O cruzar los dedos, esto ya va en creencias de cada cual.
     En el caso del exterior del libro lo mejore s frotar con una esponja de limpieza en seco, con suavidad, para así retirar los restos de suciedad más difíciles. Las que son satinadas, nos lo ponen más fácil ya que podemos aplicar un limpiador. Ojo, siempre sobre el paño, nunca rociando directamente al libro.
     Si vemos que esto no funciona, venden masillas limpiadoras de libros, o esas gomas que son moldeables y se utilizan en el dibujo artístico. Puede ser buena idea frotar, además sueltan muy pocos residuos.

     Los libros huelen, sí. Eso lo sabemos todos, pero no siempre va a ser ese romántico olor que nos cuentan de tinta y papel. De hecho, en muchas ocasiones, el primer olor que nos llega es a polvo y humedad, que llega ser, seamos sinceros, desagradable. Para estos casos lo mejor es coger el libro y meterlo en una bolsa con zip de cierre, y añadir una cucharada de bicarbonato. Extendido con la mano el polvo, que esto no es una receta. Cerraremos la bolsa y lo dejaremos al menos un par de días, aunque yo suelo dejarlo una semana.

     ¿Y los bichos? Esos circulitos que aparecen a veces en los libros viejos que hemos comprado creyendo tener una joya y que nos desconciertan sin saber muy bien lo que son... son bichitos, sí, aunque no lo veamos. A esos hay que congelarlos, metiendo el libro en una bolsa cerrada y esta bolsa en el congelador. Tras un día de congelación se descongela despacio, en el frigorífico, durante medio día más o menos. Recuerda que todos estos procesos hay que llevarlos a cabo sin ninguna prisa. Lo curioso del proceso de congelación es que descubriréis que rascando con muchísimo cuidado en alguna de las páginas que tenían manchitas imposibles, estas se desprenden fragmentadas de la hoja. No digo que vayan a quedar impolutas, pero la diferencia es más que notable.

     Mucha gente es partidaria de pasar la aspiradora a los libros, mi consejo es no hacerlo demasiado cerca ni de forma muy habitual, ya que puede producir daños en el pegamento.
Hay también quien recomienda utilizar un algodón con alcohol para frotar algunas manchas o restos de pegamento de etiquetas adhesivas. no es mala idea, ya que el alcohol se evapora rápido (si hemos medido bien la cantidad a echar) y no deja cerco, pero es importante tener en cuenta que puede comernos el color de la cubierta del libro o incluso emborronar la tinta de un texto en el caso del interior.

     Espero que os haya servido de ayuda.

     Gracias.

viernes, 17 de noviembre de 2017

Pequeña flor. Iosi Havilio


     "Esta historia comienza cuando yo era otro."

     Los lectores somos unas personas tan peculiares que podemos decir mil veces que no está bien juzgar un libro por su portada y luego comprar otro justo por ese motivo. Y además, no tener remordimiento alguno por hacerlo. Es más, yo hice esta misma semana con el libro que hoy traigo a mi estantería virtual. Se trata de Pequeña flor.
 
     Conocemos a José, un hombre que descubre en las primeras líneas que ha perdido su trabajo. Le toca entonces quedarse en casa, cuidar de su hija Antonia y realizar labores domésticas. Laura, su esposa, será quien trabaje, le va bien, los roles cambian. Sin embargo, José tras un serio percance con un vecino hará un terrible descubrimiento.

     Hoy estamos ante un libro personal e inclasificable, casi experimental en sus formas y también en el fondo del que, en cambio, es difícil no hablar. Iosi Havilio nos regala esta suerte de novela, y digo "suerte" porque a mi me ha parecido más un relato y también porque, jugando con el significado y uso de esa palabra, ha sido una suerte que se cruzara en mi camino. A fin de cuentas, la suerte es importante en la vida de cualquiera.
      Havilio escribe su historia como si la estuviera contando su protagonista de forma atropellada, en un solo párrafo sin puntos y a parte, divisiones en capítulos, ni cualquier otro recurso que se os pueda ocurrir que permita al lector hacer un parón. Sensación que, además, no duda en acrecentar utilizando expresiones como árbol de proporciones, sin decirnos cuales pero sabiendo que al lector no le hace falta ese dato para tener claro el tamaño del árbol. De hecho, el libro está salpicado de esta suerte de incoherencia buscada que aporta a la novela un tono muy especial, pero que no dificulta su lectura como tampoco lo hace que acuda en algunos momentos a los recuerdos sin romper ese enorme párrafo que lo constituye. Y sin que se le haga pesado, lo cual tiene muchísimo más mérito.

     Pensaréis ahora que lo experimental del libro es la parte formal, pero no se trata solo de eso, también tiene mucho de ello una trama que baila entre memorias, casi confesiones, costumbrismo, relato fantástico o incluso negro. Encontraremos música, jazz, y mucha literatura que parece ser un buen refugio particularmente si se trata de Tolstoi, también hay engaños y crisis matrimoniales, y descubrimientos infantiles y grandes sorpresas, al menos, para mi, que llegan a su punto más alto en un final sorprendente que puede resultar incluso cruel según la interpretación que se le de a la novela. A medida que voy explicando me doy cuenta de mis omisiones conscientes, como la muerte de alguien importante en el libro, el vecino, algo que hay que contar porque es vital en esta historia, y de otras no tan conscientes que solo he tocado de pasada como es el matrimonio entre José y su mujer y el desgaste y apatía por el que pasan. Y es que Havilio, toca muchos temas por los que va pasando su historia de una forma más o menos encadenada. Por eso parece casi una confesión y por eso resulta tan complicado interrumpir su lectura, por lo cambiante, la metamorfosis constante que hace que comencemos temiendo estar ante una historia triste de un hombre sin trabajo y finalicemos casi boquiabiertos sin saber cuánto de fantástico tiene lo leído.

     Pequeña flor no es un libro para cualquiera y, por mucho que haya visto a gente decir lo contrario, tampoco es para ser leído del tirón. Es una de esas rarezas que uno disfruta poco a poco para darse cuenta de cada una de sus peculiaridades. Y también es, por si alguien no lo sabe, una bella canción


     Y vosotros, ¿alguna vez habéis comprado un libro por su cubierta?

     Gracias.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Los viajes de Gulliver. Jonathan Swift


     "Empecé a oir en torno a mí un ruido confuso, pero en la posición en que estaba no me era posible ver otra cosa más que el cielo. Al cabo de un instante sentí que algo vivo se movía sobre mi pierna izquierda y que, avanzando suavemente pecho arriba, se llegaba hasta casi mi barbilla. Al volver la vista hacia abajo lo más que puede, advertí que se trataba de una criatura humana, que no llegaba a medio palmo de alto, con un arco y unas flechas en las manos y una aljaba en su espalda....." 

     Otro recuerdo de mi infancia. Anda que no me vi veces versiones de ese gigante con pantalones azules que era Gulliver llegando a Liliput, donde lo ataban de dormido en una playa. Me encantaba la historia. Con el tiempo me decidí y así es como terminé leyendo Los viajes de Gulliver, que no Gulliver en Liliput, como yo lo conocía.

      Así empecé a leer dentro del libro, otro titulado Viajes a varias remotas Naciones del Mundo, y conocía su autor, Lemuel Gulliver, un cirujano amante del mar y las aventuras, que cambió su profesión por la de capitán de barco. Gulliver nos cuenta sus cuatro viajes, donde hay enanos, gigantes, caballos...Sí, caballos que hablan y están moralmente por encima de las personas en un lugar utópico que, incluso, nos señala en el mapa.

     Una vez más me sorprendí, no me pareció una novela juvenil. Luego he leído que hay muchas ediciones adaptadas que, supongo, serán como las películas que veía hace años. Pero el libro, con el texto completo, no es literatura para niños.
      Pese a estructurarse en cuatro partes, más la nota del ficticio editor al principio y la del propio Gulliver quejándose de la calidad de la edición al final, podemos apreciar como a medida que avanzamos, las historias que nos presenta son cada vez más fantásticas, imposibles de creer y con una crítica más feroz y muchísimo menos encubierta. Es un libro escrito por un hombre deseoso de expresar su crítica social, los vicios que condena y la degeneración a la que consideraba se iba acercando la humanidad.
      En cada uno de sus viajes Gulliver se encuentra en un mundo mejor que el suyo, con mejores conceptos, mejores formas de vivir y valores, y se ve obligado a defender su país y sus costumbres exagerando, a la vez que sabe que se encuentra en un lugar mejor. Incluso los animales son representados mejores que las personas en un mundo en el que, de la mentira, no existe ni el concepto. Pero él se empeña en alabar hasta ridiculizar sus costumbres, consiguiendo que nadie lo crea. La sociedad entera es objeto de su pluma afilada, la suya, la que le tocó vivir, pero también lo es la nuestra por extensión.
     No contento con eso, da una vuelta de tuerca Swift criticando también los libros de viajes, que considera siempre mienten, y para ello utiliza un libro de viajes en el que absolutamente todo es mentira. Y lo adorna con amplias descripciones en este libro de fábula escrito por un hombre al que declararon incapaz al final de sus días y que yo, y esto es opinión personal, tras leer su obra, considero totalmente cuerdo.

     Un clásico que os recomiendo descubráis por vosotros mismos si aún no lo habéis hecho, porque, ¿os acercáis alguna vez a este tipo de historias ya conocidas por todos pero pocas veces leídas de verdad?

     Gracias

martes, 14 de noviembre de 2017

Héroes de la frontera. Dave Eggers



     "Existe la felicidad orgullosa, felicidad nacida de realizar un buen trabajo a la luz del día, años de una labor que merece la pena, y después estar cansada, y contenta, y rodeada de familiares y amigos, bañada en satisfacción y lista para un merecido descanso: sueño o muerte, tanto da."

     Cada vez que pienso que un libro tiene pinta de road novel, allá voy. No puedo evitarlo, me atraen. Quizás porque para mi la experiencia de conducir durante viajes largos es una gran opción para ordenar mi mente, y eso hace que piense en novelas introspectivas. No lo sé. Por eso me atrajo este libro y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Héroes de la frontera.

     Conocemos a Josie, una mujer en la cuarentena con dos hijos que ha perdido su consulta odontológica. Ella arrastra un sentimiento de culpa por un paciente al que animó a alistarse y también arrastra una vida de decepciones. Cuando la conocemos huye de Carl, su expareja que jamás se quiso casar con ella, pero ahora quiere hacerlo con otra, embarcándose junto a sus dos hijos en una autocaravana por las Carreteras de Alaska hasta la casa de su hermana Sam.

    Ya en las primeras páginas del libro nos damos cuenta de que la protagonista no va a ser una heroina ni tampoco todo lo contrario. Josie huye y lo hace de forma consciente. Arrastrando a sus hijos, con una bolsa con dinero y sin teléfono, sin importarle si empiezan las clases o si es normal lo que está haciendo. Y lo hace, a poder ser, con una copa o vaso de vino en la mano. Huye de una vida de insatisfacciones y no lo oculta: ¿Tienes la impresión de estar haciendo lo que debes?¿De aprovechar el tiempo como es debido? pregunta en un momento determinado Josie a su hermana , porque ella se lo ha preguntado a lo lago de su vida muchas veces, demasiadas, incluso en los supuestos momentos felices. Y ahora huye de todo por las carreteras de Alaska, ese lugar que ha idealizado y que descubre como una zona ahogada en la neblina de una docena de incendios forestales. También les esquiva en Alaska, como se esquivan los golpes de la vida. Y también habrá errores que la conduzcan a ellos. Y es que Eggers no tiene compasión con su protagonista. no será una madre coraje aunque sí que proteja a sus hijos. Josie ha convertido a su hijo mayor, Paul, en una suerte de ángel de la guarda de Ana, una niña que tras nacer prematura y superar dificultades, parece empeñada en lastimarse o lastimar al mundo con su presencia. Y ella les mira detrás de otra neblina la mayor parte del tiempo; la neblina del vino. Y si embargo no la veremos como una madre terrible, sino honesta, desordenada pero que intenta encontrar algo correcto que hacer con su vida y la de sus hijos. Una mujer perdida en una historia en la que los niños brillan por su realismo, apenas conscientes de lo que viven.

     Supongo que los héroes de la frontera en esta novela son todos y cada uno de los supervivientes que Eggers nos presenta, no solo los habitantes del Chateu rodante, pero lo son sobre todo ellos. Personas que van siendo empujadas por la vida a un estado de infelicidad aceptable y que un día deciden romper con todo sin más equipaje que un puñado de dinero que saben que se va a terminar y la esperanza de llegar a un lugar mejor en sus vidas, más que en la tierra. Y eso que Alaska también importa en el libro, porque no hubiera sido lo mismo contado en cualquier otro lugar. Alaska tiene algo de inhabitable, de zona de paso, de supervivencia en pequeños lugares. Allí todos los hombres son grandes y las mujeres duras, todos luchan y sonríen. Y quizás esa sea la verdadera menta de Josie, y ese sea el camino que nos invita a realizar el autor. Personalmente, he disfrutado de la ruta.

     Héroes de la frontera es una de esas novelas de vida que a ratos puede resultar incómoda o estresante y al capítulo siguiente es capaz de enamorarnos. Una historia en la que no hay buenos y malos, solo existen las personas.

     Y vosotros, ¿hay algún tipo de género por el que os veáis inmediatamente atraídos?

     Gracias.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Solenoide. Mircea Cărtărescu


     "He cogido piojos otra vez. Ni siquiera me sorprende, ya no me asusta, ya no siento asco. Solo me pica."

     He leído hasta el momento todo lo que ha sido publicado de este escritor en nuestro idioma, incluído el único título que ha aparecido en una editorial diferente de Impedimenta, como es la primera parte de la trilogía de Orbitor, que espero ver también publicada al completo. Por eso no tardé nada en dirigirme a la librería y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Solenoide.

     Conocemos al narrador, alter ego hasta cierto punto del propio autor, un maestro de una escuela gris en Bucarest en los años 80. Este hombre se lanza a la literatura con un debut literario en un cenáculo y resulta un estrepitoso fracaso. Desolado, regresa y decide abandonar la literatura, pero adentrarse en la escritura de unos diarios cuyo único lector será él, donde nadie más importe.

     He visto varias opiniones encontradas sobre este libro que parecen empeñarse en coincidir solo en el punto de clasificarlo como complicado. Y no tengo claro del todo que lo sea. Lo que sí sé, es que no es para todos los lectores. Principalmente porque, una vez, comenzado, es necesario y a la vez irremediable, leerlo hasta el final. En caso de interrumpir su lectura, no nos habrá servido de nada lo leído, quizás ni siquiera podamos formar una opinión con una suerte de resumen si alguien nos pregunta de qué trata el libro. Y no es el único libro de Cărtărescu en el que sucede esto. Es, al igual que otros muchos temas recurrentes e incluso algún personaje, algo habitual en su obra. Solo que en este título que abarca más de 800 páginas, se acentúa. De hecho todo parece acentuarse en Solenoide, cada momento, cada duda, cada descripción que nos da el autor, parece desarrollarse de forma única para envolver al lector, como si el propio autor dedicase todas esas páginas a encontrar el tema y el momento adecuados en que digamos, cada uno de nosotros, "esto... esto lo ha escritor para mi".
     Había leído que en Solenoide había una casa que tenía forma de barco y me pregunté si de algún modo se levantaba cual Castillo ambulante, y también leí algo de un sillón de un dentista y unos mandos... y sí, Solenoide tiene todo eso, pero no es lo importante. Es una novela que se desarrolla finalmente en dos fases, la diurna del profesor cuyos mejores momentos serán los tiempos en los que no tenga piojos, y la nocturna, más sensorial e infinitamente más creativa. Solo de este modo escapa de la realidad y realiza un viaje introspectivo casi mesiánico y que, bajo mi punto de vista, está marcado por la tragedia.

     Me voy dando cuenta, a medida que escribo, de la dificultad  para desarrollar de forma coherente este libro. Quizás mejor quedarse con el día, la infancia y ese Bucarest que retrata y me hace pensar en lo que los americanos llaman el viejo continente, con un tono gris y un punto de decadencia casi romántica, con esa suerte de miseria emocional que salvo en contadas excepciones como Las bellas extranjeras, marca la obra de Cărtărescu. Esa parte romántica que me evitará hablar de posmodernismo y etiquetar lo inclasificable: y es que, lo realmente inclasificable es describir la sensación de haber tenido entre manos una gran obra una vez que se ha cerrado. Sentir el vacío y pensar: qué libro puedo coger que siga la senda de este, porque si las comparaciones son odiosas, este nivel va a ser difícil de mantener. Y dilatar esa elección. Porque es justo eso lo que sentí al terminar Solenoide. Aunque estoy segura de que no es la mejor elección para tomar contacto con el autor, posiblemente yo empezaría por Nostalgia, el resto del camino... se hará solo.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.