martes, 3 de mayo de 2016

Seis días. Ryan Gattis


     "A las 15.15 h del 29 de abril de 1992, un jurado absolvió a los agentes del Departamento de Policía de Los Ángeles Theodore Briseno y Timothy Wind, así como al sargento Stacey Koon, del cargo de uso excesivo de la fuerza al reducir al ciudadano Rodney King. El jurado no consiguió alcanzar un veredicto sobre la misma acusación contra el agente Laurence Powell.
     Los disturbios empezaron alrededor de las cinco de la tarde. Duraron seis días y terminaron el lunes 4 de mayo, después de que se realizaran 10.940 detenciones, resultaran heridas 2.383 personas y se registraran 11.113 incendios y daños a la propiedad por valor de más de mil millones de dólares."

     Hay libros que atraen por su cubierta, por su autor, por su temática. En este caso, el motivo fue el último. Hoy traigo a mi estantería virtual, Seis días.

    Esta vez la trama viene dada en el primer párrafo. Tras el veredicto expuesto, la ciudad de Los Ángeles se vió sometida durante seís días a unas revueltas brutales, incontrolables en muchos casos, que fueron aprovechadas por bandas para llevar a cabo sus venganzas. Hubo daños, saqueos, agresiones y muertes durante ese corto espacio de tiempo que pareció tentar al apocalipsis en esa gran ciudad.

     Gattis nos deja una novela a través de esos seís días en la que, pese a insistir en que es ficción, usa testimonios de quienes vivieron ese espacio de tiempo infernal. A través de ellos seremos testigos del alma humana, además de serlo de los disturbios, estaremos en un barrio en el que pasar en el momento equivocado o por la calle equivocada puede convertirse en tu peor pesadilla, de hecho puede significar la muerte.Las voces de la novela están bien diferenciadas, lo que ayuda a dar una imagen global de un infierno violento que el autor trata con un tono más cercano al periodismo que al drama. No necesita dramatizar lo sucedido porque es algo difícil de creer y salimos con la clara imagen de lo que debió de ser vivirlo. En un momento dado un personaje lo compara con la guerra, y asentimos. Parte del racismo, sí, pero se dirige con paso firme hacia la violencia de la zona sin ley en la que la policía poco hace, pueda o quiera. Y consigue de este modo tensar un pulso narrativo que nos obliga a seguir mirando los horrores de lo que ya sabemos que sucedió. aunque no fuera literarlmente como nos lo cuenta. O sí.

     La novela, por encima o además del racismo o de los conflictos generados, habla de una parte de la sociedad que existe. Una sociedad americana que a veces olvidamos y que está en las calles y trafica desde la infancia, calles con drogas y sonidos de disparos que ni siquiera esperan a la noche para ampararse. Y en esa sociedad, es en la que viven millones de personas en el país más poderoso, el más libre... en un país cualquiera en realidad. Ese es el reflejo de Gattis, el de la claustrofobia de las sombras de los barrios bajos. Y no duda en usar más de una docena de voces, para demostrarlo en esta magnífica novela. Hay, claro, voces de bandas, pero también de bomberos o policías y hay, además, tanta violencia como humanidad en las personas y la historia que Ryan nos deja.

     Hay libros necesarios. Libros que muestran lo dicho y también lo que se esconde entre lo que no se dice. Este es uno de ellos. Bienvenidos al apocalipsis.

     Y vosotros, ¿alguna vez os acercáis a libros que hablen de sucesos reales en mayor o menor medida en sus tramas?

     Gracias

lunes, 2 de mayo de 2016

El show de Gary. Nell Leyshon


     "Allá vamos, pasen y vean. Por aquí, eso es. Toma asiento. Coge el libro. ¿Todo bien? ¿Estás cómodo? Estupendo. Pues que empiece el show de Gary.
     Tenemos mucho que hacer; muchas pruebas, digamos, por examinar. Pero prefiero no empezar por el principio porque llevaría mucho tiempo conocerme. Vayamos con una escena de los años chungos, así podrás hacerte una idea de cómo fui en otros tiempos."

     Leído Del color de la leche, tenía curiosidad por la siguiente novela que fuera a publicar su autora. Por eso no tardé en hacerme con este título y traerlo de paso a mi estantería virtual. Se trata de El show de Gary.

    Conocemos a Gary desde lo que parece su nueva vida, pero él está dispuesto a que lo acompañemos por todas sus vivencias. Por eso se presenta y nos relata una infancia pobre, una familia con dos hermanos, un padre delincuente y una madre que se deja caer en la nebulosa de la bebida; una pandilla poco recomendable y lo que parece  un sello genético garantizado para seguir las andanzas por los bajos fondos de su padre y tal vez, acabar como él, en prisión a temporadas. Un descenso entre drogas y carreras regado con alcohol, acaso con una salida, mientras nos recuerda que ahora va junto a su hijo.

     La primera percepción al abrir este libro es de miedo. Miedo a estar ante lo ya visto, el recurso usado y que hacía que Del color de la leche fuera un libro sobresaliente. La voz propia del protagonista. Sin embargo, pronto descubrimos que ante protagonistas con voz propia, ese recurso da además una personalidad añadida que no puede aportar una descripción con facilidad. El aire descarado y chulesco que transmite toda la novela viene provocada por ese toque prepotente que jamás pierde Gary, ni en los peores momentos.
     Leyshon, como ya hiciera en su anterior título, da de este modo voz a uno de esos personajes mudos que normalmente no tienen siquiera derecho a ser protagonistas de una novela. Usa, y tal vez abusa, de la excusa del entorno enjaulado en el que el Gary niño ya oye cómo es igualito a su padre aunque él no lo sepa. Parece que todo le condiciona hacia una vida marcada por la delincuencia de poca monta, incluso su padre, que percibimos como un hombre despegado, delincuente, irrespetuoso y de mano larga más que firme, no le mira dos veces hasta que no parece entrar en ese mundo. El orgullo de la semilla sembrada, primario, animal, se manifiesta únicamente cuando sigue la estela de un progenitor que nunca se paró a mirar a su hijo mayor antes de eso y también vemos como el hijo se ve impulsado ante ese reconocimiento buscando en él un cariño que nunca antes recibió. Lo hace además sin victimizar o justificar una actitud por su entorno. Puede considerar que el entorno moldee de una forma casi decisoria, pero no es la excusa. No hay excusa para la bajada a los infiernos de su protagonista.
     Y entonces Leyshon da la vuelta y comienza a contar capítulo a capítulo, peldaño a peldaño a recorrer el camino de Gary.

     La novela es un descenso y ascenso, un camino con un final que a mi me ha sabido a poco, pero que viene en realidad muy acorde con el tono del libro y que se vislumbra ya en las primeras páginas. En conjunto es una lectura muy amena y ágil que da muestra de que aún quedan formas diferentes de contar historias, formas que dan voces sin necesidad de crear héroes o antihéroes para dejarnos una novela que es un placer leer.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

sábado, 23 de abril de 2016

Día del libro como reflexión




     Para este Día del Libro no voy a hacer una entrada contando su origen, no. Tampoco voy a explicar la fecha exacta de la muerte de Cervantes o Shakespeare ni explicar si hubo otros escritores ilustres que sí fallecieron en la misma fecha. Para eso tenéis google, que bien sabemos usarlo todos. Y tampoco voy a decir que hay que comprar un libro, porque leer bla bla bla. No. Hoy no. No este año.
   
     Este año, y como nunca estamos conformes con nada, voy a pedir un día del libro distinto, una fecha en la que se junten las librerías libros y lectores y los precios se adapten a los formatos. Una fecha en la que podamos entrar en una librería y encontrar ese libro que no compramos hace dos o cinco años, porque aún se mantenga en los estantes. Todos tenemos claro que las ventas de hoy ayudan a muchas librerías, pero también que una única fecha no sirve para sostener todo un año en un negocio. Así que no hace falta que hoy acudáis corriendo a una librería y luego no compréis nada porque hay cola. Podéis ir mañana o pasado mañana. Incluso la semana que viene. La librería seguirá ahí. Os lo garantizo. Al menos lo hará si hay personas suficientes que acuden el resto de los días. Esa es la parte en la que nos tenemos que comprometer los lectores. Porque dicen que mientras haya lectores, habrá librerías.
     Pero también hace falta reciprocidad. Catálogos cuidados, precios, calidades... libros que huelan a papel y no a pegamento y catálogos de novedades que huelan a literatura más que a estrellas fugaces mediáticas. Que apetezca, que merezca la pena el gasto y el riesgo, y que tengamos tiempo de decidir si compramos o no un libro sin tener que mirar un presupuesto ajustado, porque pasadas unas semanas, posiblemente no volvamos a verlo el pelo y caiga en el olvido. Recuperar el placer de tener que elegir entre tres o cuatro porque son demasiados  para llevárnoslos a casa y descubrir letras nuevas y no sólo corrientes de moda que inundan las mesas pasándonos de magos a vampiros o zombis o novelas negras cortados por el mismo patrón. Y también los clásicos, con ediciones bonitas que no les hagan parecer rancios, porque hay un placer especial en leer libros clásicos de los que uno ha oído hablar. Y sí, los libros también entran por los ojos, por el diseño.

    Al final, más que una felicitación, me ha quedado una suerte de reflexión sobre un supuesto compromiso de parte a parte, de lector a libro y de libro a lector. Y no he dicho nada del escritor, que es a fin de cuentas quien pone sus horas de ilusión y trabajo, porque escribir es un trabajo, no lo olvidemos. Tras todo eso de la inspiración y las musas hay una persona, una cuenta corriente y recibos que pagar. Y si pensamos eso, tal vez hoy además de posar un libro delante de su autor para decirle que nos ha gustado y que por favor estampe nuestro nombre, además podamos pensar en que lo hemos comprado. No solo como derecho a leer o criticar o valorar... sino como acto. Compremos libros. Sólo así se impulsa la literatura.

     Y ahora sí, metidos en este batiburrillo, librerías, lectores, editoriales, escritores... ¿Feliz Día del Libro! Y decidme, ¿haréis algo especial?

     Gracias

Imagen: https://www.instagram.com/mientrasleo/

Pd. Por causas ajenas a mi voluntad, porque es la Feria del Libro en Invernalia o por estar atrapada bajo un alud de libros comprados el día 23, este blog no publicará hasta el próximo lunes.

viernes, 22 de abril de 2016

Avenida de los misterios. John Irving


     "De vez en cuando, Juan Diego recalcaba: "Soy mexicano; nací en México, me crié allí". Desde hacía algún tiempo tenía por costumbre decir: "Soy estadounidense: he vivido cuarenta años en Estados Unidos". O, intentando quitar hierro a la cuestión de la nacionalidad, Juan Diego se complacía en decir: "Soy del Medio Oeste; de hecho, soy de Iowa".
     Nunca decía que era mexicano-estadounidense. "
  
     Si hay escritores con obsesiones, también hay lectores con obsesiones. Por temas, por escritores, editoriales... fetiches. Yo leo a Irving, me gusta. Y me gusta reconocer sus marcas en cada libro que pasa por mis manos. Hoy traigo a mi estantería virtual, Avenida de los misterios.

     Conocemos a Juan Diego, un escritor de cuerpo castigado aunque sigue siendo de mediana edad, mientras emprende un viaje buscando a una persona. Lo hace cumpliendo una promesa realizada años atrás sin saber lo azaroso que resultará el viaje... ni lo largo. Durante el mismo, entre medicación, nuevos conocidos y muchas horas de sueño, recordará su infancia en un vertedero, a su hermana, y cómo llegó a convertirse en el escritor que es hoy.

     John Irving usa estos dos hilos para dibujar a una misma persona. Y también, para deleite del lector habitual y sorpresa para quienes se acercan por primera vez, tocar las teclas habituales  en su obra. Así, y por colocar el hilo temporal, descubrimos a Juan Diego y su hermana, hijos de una prostituta y un padre cuando menos velado, las traducciones que tiene que hacer el protagonista de lo que su hermana expresa, y cómo saber leer le abrirá puertas insospechadas al quedarse huérfanos. Llegados a este punto ya hemos visto huérfanos, pobreza, prostitución... y también que Irving no es un escritor melodramático que carga las tintas para congoja del lector. Así avanzamos por el camino religioso, ya que la persona que ayuda a Juan Diego tiene una estrecha relación con la iglesia, con la que por cierto ya habremos topado nunca mejor dicho. Y nos iremos acercando ala vida adulta. Una vida adulta entre pastillas, coja, castigada por lo vivido. Y nos acerca al Juan Diego adulto, el novelista, viajero por lo que parece en dos dimensiones, la que le lleva por el mundo buscando a un hombre, y la que le lleva por su mundo mirando sus cicatrices. Y seguimos paseando por las marcas habituales de Irving: el sexo, el escritor, la reflexión, el mundo... todo está ahí.

     Avenida de los misterios es una buena novela. No excepcional, pero si que es una buena historia. Sin embargo he tenido la sensación de un cierto pudor a la hora de asomar a las letras que no he visto en otras como Personas como yo. O tal vez sea que he leído mucho Irving, y le exijo más, o veo sus quiebros justo un segundo antes de leerlos. Con todo, y pese a lo que pueda parecer por lo desgranado, la novela es divertida y de lectura fácil. Resulta sencillo dejarse llevar por la historia  avanzar y retroceder en el tiempo al ritmo marcado por el autor sin soltar la presa que nos pone en bandeja desde las primeras páginas. Conocer a Juan Diego y acompañarle es un placer que recomiendo a cualquier lector, y que paladee sus frases y se deje caer en sus polémicas. Allá donde piense un tema polémico, encontrará un rastro del mismo en la novela de Irving. Lo mejor es dejarse llevar por las letras y disfrutar del milagro de la literatura. Porque sí, también habla de milagros.

     Por cierto que mañana es el Día del Libro, ¿tenéis pensado comprar alguno en particular?

    Gracias

miércoles, 20 de abril de 2016

Los impunes. Richard Price


     "Billy Graves conducía por la Segunda Avenida de camino al trabajo cuando le intranquilizó el gentío: la una y cuarto de la madrugada y aún había más gente entrando que saliendo de los bares, y tanto los que iban como los que venían debían abrirse paso a empujones entre las oscilantes camarillas de fumadores medio ebrios que se apelotonaban justo delante de las puertas. Billy odiaba las leyes antitabaco. Solo creaban problemas: ruido de madrugada para los vecinos, espacio suficiente para que los bronquistas apiñados en la barra pudieran liarse al final a puñetazos y una plaga de radiotaxis y limusinas fuera de servicio que tocaban el claxon para atraer posibles pasajeros."

     De vez en cuando me gusta acercarme a la novela policíaca, aunque he tenido unos cuantos desencuentros últimamente. Quizás por eso dudé sobre el título de hoy. Hoy traigo a mi estantería virtual, Los impunes.

     Conocemos a Billy Graves, policía de turno de noche que patrulla de Wall Street a Harlem con un puñado reducido de nocturnos. Casado con una mujer atormentada por la sombra de un pasado que aún no está preparada para compartir, tiene su propia carga por un tiroteo de hace mucho años en el que hirió a un niño. Nadie le condenó, de hecho la bala primero impactó y atravesó su objetivo, pero fue la prensa quien le juzgó y provocó su ascenso y reclusión al turno de noche. Billy mantiene su amistad con los Gansos Salvajes, un grupo de policías que fueron jóvenes en los noventa. Todos ellos tienen su obsesión, su caso sin resolver que les lleva atormentando dos décadas, su impune. En la noche de San Patricio Billy acude al escenario de un crimen, han asesinado a uno de esos criminales que quedaron impunes hace veinte años. La rueda se empieza a mover.

     Los impunes es una novela policíaca de gran impacto visual durante su lectura. No se puede negar que el autor es guionista, ya que en apenas un puñado de frases consigue empaparnos del ambiente que nos describe en cada escena. Además juega con ventaja, utiliza escenarios mil veces conocidos y asesinatos que ya hemos visto con otras caras y otros nombres. Así que puede imprimerle agilidad a la historia y centrarse en la trama psicológica. Sin embargo no se trata esta vez de la tensión que se asume al thriller, no. Estamos ante una novela policíaca que gira en torno a las obsesiones. La obsesión por el cabo suelto, por el criminal no detenido, el que se escapó, la culpa por no haber podido dejar cerrado el caso y como, por mucho que la vida siga, una parte de la persona va a seguir mirando hacia el rincón en el que aparcamos el suceso.

     Cuando el primer muerto aparece, nos damos cuenta de que el protagonista es capaz de reconocerlo incluso después de tantos años. Y no será el único muerto, más aparecerán en el camino con esa extraña relación entre ellos; ser el objeto de la obsesión de uno de los miembros de este grupo. Así que la duda acecha y el trabajo y la objetividad se le complica. Pero no sólo eso, ya que Price, incluirá a la esposa del agente en una trama ágil y dinámica que está no sólo bien estructurada, sino que además es un placer leer. Esta segunda trama es realmente buena, y me pilló por sorpresa.
     Comenzaba diciendo que no es un argumento original, ni una ubicación original la elegida por el autor. Pero lejos de hacer de ello un fallo, lo utiliza para impulsar la historia y conseguir tenernos pendientes de sus letras. La caracterización, los ambientes, la ciudad en su versión oscura y policial, la sangre... todo ello compone a partes iguales una novela que he disfrutado mucho y que no puedo dejar de recomendaros.

     Me ha gustado Richard Price. Ha sido un placer disfrutar de su novela. Creo que he recuperado la fe en la literatura policíaca.

     En este caso Richard Price es conocido sobre todo como guionista, ya sea de cine o de series de televisión como The Wire, así que la pregunta se impone, ¿os atraen los libros escritos por gente conocida en otro ámbito no literario, aunque sea el de guionista o periodista?

     Gracias

martes, 19 de abril de 2016

Julia Bride. Henry James


     "Había paseado con su amigo hasta lo alto de las amplias escaleras del museo, aquellas que descienden de las galerías de pintura: y luego, una vez que el joven se hubo marchado, sonriendo, mirando atrás, agitando alegre y vehementemente el bastón y el sombrero, ella le había mirado, sonriendo también, pero con una intensidad diferente; y su mirada había permanecido fija en él hasta que hubo desaparecido por la gran puerta."

     Hay una frontera difusa entre el relato largo y la novela corta que muchos autores manejan a la perfección. Uno de ellos es Henry James, por lo que los lectores nos sorprendemos de vez en cuando con un título nuevo. Hoy traigo a mi estantería virtual, Julia Bride.

     Conocemos a Julia Bride, una joven soltera de la sociedad neoyorquina de comienzos del s XX. Ella es joven y hermosa, tanto como para poder elegir pretendiente, aunque sus continuas indecisiones y los divorcios acumulados por su madre, son una mancha que tal vez la dejen marcada a la hora de intentar lograr el matrimonio deseado. Julia verá en su expadrastro la oportunidad perfecta para que alguien intervenga y la ayude a cerrar su matrimonio con Basil French, y a su vez, Pitman, el exmarido de su madre, verá en la joven Bride, una oportunidad para pedir ayuda en sus propios planes.

     Este año, centenario de Henry James, La editorial dÉpoca nos sorprende con este título en una cuidadísima edición ilustrada que eleva el clásico a la categoría de tesoro que conservar. Con unas hermosas ilustraciones, marcas de agua, un jardín interior, y un diseño de portada francamente hermosos, la editorial parece empeñada en demostrar que hay cosas insustituibles por la tecnología. Además, si dejamos la superficialidad a un lado, la edición viene acompañada de un prólogo estupendo, como ya nos tienen acostumbrados, en el que se desarrolla y sitúa al lector tanto en la época como en el contexto y vida del autor de la novela que tenemos entre manos.

     La historia se acoge al ya famoso "mujer blanca, hermosa y bien situada busca" y hace de él una verdadera crítica social a las ya conocidas normas no escritas de la alta sociedad. Cuenta además con una peculiaridad, los escenarios en los que se desarrolla la historia, ya que por una vez en este tipo de novelas, no será en salitas de té llenas de visitas femeninas y salones de baile: James nos lleva a la calle a lugares muy conocidos, sumando un atractivo a la novela. El autor pivota la historia sobre dos personajes, pese a ser tres, y consigue desgranar perfectamente la forma de pensar de cada uno, descubriéndonos a una Julia inteligente y capaz de sopesar cada acto de todas las formas posibles, consiguiendo a través de sus palabras y reflexiones dar una clara muestra del choque generacional que se produjo entre los más jóvenes y las pautas ya asentadas de una sociedad estancada en sus propios prejuicios y convencionalismos.

     La prosa de James es intrincada, sobrecarga sus frases incluso en el número de palabras y eso puede hacer que muchos lectores teman un acercamiento a él. Por eso, esta obra que ronda las cincuenta páginas, es un buen comienzo, una forma de tomar contacto con el autor o de dar una oportunidad a las letras de un nombre de sobra conocido en la literatura. Tengo que decir que no defrauda, es una novela sencilla de leer que esconde bajo cada palabra muchos más significados de los que parece sin que por ello el lector se vea forzado, ya que es empujado de forma natural por la protagonista, a realizar una serie de reflexiones según va avanzando la trama. Una trama cuya finalidad es precisamente esa, como concluiremos convencidos una vez terminado el libro.

     Como curiosidad, me ha gustado llegar a una historia cuya base había leído con otros títulos, otros nombres y firmada por otras autoras, y encontrarme con la literaria visión masculina. Pero esto ya forma parte de las curiosidades que vamos desarrollando a medida que acumulamos títulos leídos, y que normalmente dotan a la obra de un valor añadido, como es el caso.
     El resultado de todo lo expuesto es un libro totalmente recomendable, como historia y como objeto. Una novelita deliciosa para admirar y disfrutar.

     Comenzaba diciendo que hay libros que parecen editarse para recordarnos que no todo puede pasar por el formato digital sin dejarse cosas en el camino. Tesoros en papel que reivindican su derecho a existir y poblar estantes. Así que os pregunto, ¿cuánta importancia le dais a una edición a la hora de elegir un libro que comprar?

     Gracias

lunes, 18 de abril de 2016

La brigada de Anne Capestan. Sophie Hénaff


     "De pie delante de la ventana de la cocina, Anne Capestan esperaba que clarease el día. Vació de un trago la taza de porcelana y la dejó encima del hule de vichy verde. Acababa de beberse su último café de poli. Quizá."

     Con un premio bajo el brazo, una portada impactante y la promesa de estar ante un nombre que resonará en las letras negras, llegaba este libro hace poco a nuestras librerías. Hoy traigo a mi estantería virtual, La brigada de Anne Capestan.

     Anne Capestan lleva seis meses suspendida por un error cometido e investigado por asuntos internos. Recibe entonces la llamada tan temida como esperada para presentarse ante su jefe y ve como es reincorporada al servicio activo y, además, con un ascenso. Poco dura su alegría cuando se da cuenta de que va a ser comisaria de cuarenta hombres que han sido retirados de otras comisarías por considerarlos incompetentes. Y que los casos que van a llevar son viejos, como los muebles de los que dispondrán en su nueva ubicación. Una brigada de trastos, para qué engañarse. Al final serán menos de diez los que acudan y dos casos los que desempolven. La muerte de una mujer en su casa por lo que fue catalogado como un robo, y la de un marinero que también quedó sin resolver. Ahora les toca a ellos demostrar que son válidos, bajo la tutela de Capestan.

     Hénaff juega con el punto cómico para lograr que su novela funcione. Con eso y con protagonistas singulares que el lector sea capaz de identificar para seguir su historia sin problemas. Quizás por eso opta por esta singular brigada evitando la palabra perdedores. Porque la brigada que tutela Capestan no es de perdedores, como iremos descubriendo. No son ese tipo de trastos los que han juntado ahí: lo que sí hay es un policía homosexual deprimido por la muerte de su pareja que interpuso una queja considerada poco adecuada, una mujer que escribe guiones televisivos, un policía con complejo de gafe, otro que bebe... todos son personas fácilmente identificables. Añadiendo además que el policía que aterriza allí por interponer la queja, Lebreton, es el mismo que investigó a Capestan en Asuntos Internos. Y será este el curioso equipo que tenga que comandar una mujer impulsiva y con tanto carácter como inseguridades. Este reparto, dos casos antiguos y nada de ayuda por parte de un departamento de policía que parece estar celebrando haberse librado de ellos con esta original solución. Aunque tal vez lo celebren porque no contaban con que estaban hablando de policías, tal vez incluso más motivados que los que se quedaron en sus propias comisarías y brigadas. A fin de cuentas, algunas pasaron de ser casi apestados, ignorados, a tener un compañero y poder realizar ese trabajo que tanto les gustaba cuando se decidieron por él. Así que pronto empiezan a tirar del hilo, visitar a la hermana de la fallecida o la mujer del otro, y a hacer un camino de posibles relaciones que quedaron ocultas en aquellas primeras investigaciones. Seremos, pues, espectadores privilegiados de cómo este grupo va levantando la cabeza e investigando y relacionando datos. Creando perfiles.

     Comentaba que Hénaff había optado por el sentido del humor en su libro. Y es verdad. Nos encontramos con comparaciones con series como Caso abierto en boca de los propios protagonistas, con descripciones irónicas de ellos mismos, y también con comentarios teñidos de sarcasmo. Hay, además, un perro torpe y el miedo irracional de un gafe a trabajar acompañado, sabedor de su problema con el malfario que le cuelga como San Benito y que él mismo ha llegado a creer. Todos ellos toques que aligeran una novela que se convierte en una lectura entretenida para pasar el rato.
 
     Hace mucho que ya no me fío ciegamente de los premios, si es que lo hice alguna vez, y que he dejado de considerar que una novela premiada ha de ser una obra maestra, así que acudí a esta sin demasiadas expectativas. El resultado no ha podido ser más satisfactorio. Me he encontrado con una historia que funciona, escrita con la ligereza suficiente como para resultar entretenida y leerse en un suspiro. Sin más.

     Y vosotros, ¿con qué libro comezáis la semana?

     Gracias