lunes, 4 de mayo de 2015

Distancia de rescate. Samanta Schweblin


     "Son como gusanos.
     ¿Qué tipo de gusanos?
     Como gusanos, en todas partes.
     El chico es el que habla, me dice las palabras al oído. Yo soy la que pregunta. ¿Gusanos en el cuerpo?
     Sí, en el cuerpo.
     ¿Gusanos de tierra?
     No, otro tipo de gusanos."

     Las lecturas llegan a nuestras manos de modos muy diferentes. En la red, uno recoge recomendaciones, ve personas con gustos afines, las sigue, comenta... a veces hasta se toma una caña. Este libro me lo regaló Sergio, librero, de los de verdad, lector, de los buenos y un montón de cosas más que se van descubriendo con el tiempo, las buenas. Hoy traigo a mi estantería virtual, Distancia de rescate.

     Conocemos a Amanda, una mujer con una niña pequeña que se muda a un pueblo soleado y pequeño de Argentina. Allí conoce a Carla, una mujer marcada por un trágico suceso a su hijo, David, que marcó su vida. Poco sospechan entonces que la tragedia se cierne sobre ellas desde el momento en que se instalan en este remoto lugar.

     Distancia de rescate es un relato largo o novela corta que apenas pasa de cien páginas. Sin embargo no es una lectura rápida, hay que hacerla de forma pausada, digerir lo que la autora nos cuenta. Articulada como una conversación ininterrumpida entre David, un niño que parece saberlo todo, y Amanda, un adulto que parece estar abriendo los ojos y tener mucho por descubrir, asistiremos a la reconstrucción, pregunta a pregunta, de lo sucedido en los últimos días en la vida de estas dos recién llegadas. Como constante una pregunta: ¿Qué es lo importante?, eso parece ser lo que realmente le importa a David, quien pregunta, y parece empeñado en que el lector y la mujer con la que habla descubran donde reside la verdadera importancia. Pero no la del relato, sino la de la vida. Y como marca, la "distancia de rescate". Y Schweblin nos explica algo que a los padres les resultará familiar: la distancia de rescate es esa que permite a la madre reaccionar a tiempo ante un peligro para poner a salvo a su hija, esa distancia que se vigila, se calibra y, a veces, se excede amparados en el "no va a pasar nada". Pero precisamente para explicarnos lo que pasa, existe su historia.

     Una historia a dos niveles, escrita casi como un cuento y que consigue ir tensando al lector. Un accidente a un niño, un médico lejano, una curandera que habla de migrar un alma, una madre que vive angustiada por lo que sucedió... otra madre que llega al pueblo. Llega con una niña a la que vigila, un lugar desconocido, gentes diferentes, plantaciones, desconocidos... y una atmósfera que se va cargando mientras esta mujer calibra una y otra vez la distancia de rescate con su hija. A fin de cuentas, ¿qué es lo peor que puede pasarle a una persona? Tal vez por este camino nos encontremos con lo verdaderamente importante...

     Por debajo de esta lectura, la de la tensión, hay otra en la que no se dan nombres, pero que es mucho más intranquilizadora. Una lectura en la que se denuncian cosas que son cotidianas en algunas zonas y que, expuestas directamente a la mirada del lector, consiguen estremecernos. Una historia tóxica, con caballos y perros y patos, una historia con dibujos colgados en paredes y con supersticiones que pasan por barreños de agua y muñecas atadas, de pueblos que saben y turistas que desconocen, y de consecuencias fatales a este desconocimiento. Una historia contaminada por el silencio de un dolor que no escuchamos, como si no existiera: pero que existe. Una historia de madres e hijos, y de amor y protección, y también de almas rotas en mitad del campo.

     Y la suma de ambas se convierte en una gran lectura. De esas de las que uno no sale indemne, porque desde las primeras páginas ha establecido una relación con la forma de narrar de la autora, tan personal. No encontraremos en esta novela giros argumentales que nos dejen con la boca abierta, pero no hace falta para quedarse boquiabierto pensando en lo que nos relata. Y cerrar el libro, y fijarnos en la cubierta, y comprender las granadas. Comprenderlo todo. Y entonces, con el corazón aún encogido, recomendarlo a sabiendas de que un libro puede dar miedo sin ser de terror. Sobre todo si uno es padre. O madre.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias

sábado, 2 de mayo de 2015

Entrevista a Marcelo Luján

Imagen: lecturalia

    Marcelo Luján nace en Buenos Aires en 1973. Lleva en Madrid desde 2001 donde ha trabajado como periodista y traductor. Parte de su obra ha sido seleccionada para campañas de fomento de la lectura y traducida a varios idiomas. En su haber se encuentran premios como el Santa Cruz de Tenerife, Ciudad Alcalá de Narrativa, Kutxa Ciudad de San Sebastián de Cuento en Castellano y Ciudad de Getafe de novela negra, así como la Segunda Mención en el Premio Clarín de Novela 2005.

     - No es la primera vez que te centras en entornos reducidos en tus novelas, frente a otros autores que buscan las grandes urbes, junglas de personas. Y esta vez incluso más, ¿por qué experimentar con el mal dentro de la propia familia?
     - Porque si el mal puede anidar en un entorno tan encriptado como es la familia, puede hacerlo en cualquier sitio. Y si puede hacerlo en cualquier sitio significa que todos estamos expuestos a él. Expuestos de un modo directo, quiero decir. Esta idea es inquietante y perturbadora: la familia, el núcleo más privado de nuestra existencia, la llamada primera institución, puede ser, también nuestro espacio de destrucción. ¿Dónde podríamos cobijarnos entonces?
     - Uno de los personajes que más me han impactado es Mabel, portadora de secretos, ¿crees que las familias marcadas por secretos son más oscuras?
     - Sí. Y creo, además. que la oscuridad de los secretos atenta contra el bienestar de las personas, incluso de su entorno (incluso sin saberlo). Porque Mabel sabe que nunca podrá librarse de su pasado, del punto tenebroso que vive en ese pasado suyo. Eso lo sabe, lo que no sabe es cómo interactuará ello en su presente. Puede ser que Subsuelo sea una novela sobre eso: sobre cómo el pasado modifica radical e inesperadamente las acciones del presente.
     - Me ha llamado mucho la atención, y lo diré sin descubrir ese punto de la trama, cómo conviertes un acto que hubiera sido hermoso, en algo crucial, casi una puerta a la oscuridad, ¿todos los actos son susceptibles de volverse en nuestra contra? 
     - Por supuesto que todos los actos que realizamos pueden volverse en nuestra contra. Sin embargo, lo que hace Mabel en esa noche envenenada, en ese momento crucial de la historia, es un ejercicio de lucidez: decide, en un segundo, salvar el futuro de su hija sin importarle las consecuencias. Desde luego que es clave, para ello (otra vez), su pasado. Mabel es una mujer fuerte, cuya valentía la rescata de cualquier duda. No olvidemos que Mabel sabe muchas cosas pero sobre todo sabe que a nadie le importa dónde aparecen los muertos.
     - Las hormigas son un símbolo constante en la novela, de hecho creo que tras leerte, no me gustan ni pizca. ?Puedes explicar un poco el simbolismo que les otorgas?
     - Las hormigas de Subsuelo son, a todos los efectos, una suerte de oráculo que aparece antes de la desgracia. Como en las tragedias griegas en donde siempre existe una voz que advierte al héroe del mal, una voz extraña y misteriosa que desea impedir lo que nadie quiere que suceda nunca. Son una metáfora y son, también, la representación más fiel de lo que se mueve debajo de la realidad, del trabajo subterráneo que tarde o temprano emerge y acaba por imponerse.
     - La novela tiene un ritmo constante que no flaquea en ningún momento. A veces, incluso, la imagen que proyectas se convierte en algo estático frente a la anticipación del narrador, ¿por qué elegiste esa forma de narración?
     - En Subsuelo tomé varias decisiones narrativas importantes que determinaron (como muy pocas veces en cualquiera de mis otros libros) el ritmo, la forma, el tono y el estilo. Y no lo hice por motivos estilísticos u ornamentales. Lo hice porque consideré que era el único modo (o el mejor modo) de poder contar esa historia. Porque contar bien la historia que tenemos en la cabeza debe ser siempre lo más importante para un autor. Comunicarla del mejor modo, quiero decir. Y Subsuelo no sólo tiene pocos personajes sino que ocurre, además, en un entorno muy cerrado, sin interacción apenas con el resto del mundo. La figura excluyente de este particular narrador era clave para el desarrollo de la historia, y para la buena conexión entre texto y lector.
     - ¿Cuánto tiempo se tarda en escribir una novela tan pulida como Subsuelo?
     - No quiero ni pensarlo... Me costó muchísimo esfuerzo escribir ciertos pasajes del libro (por aquello de la forma narrativa, de la punción constante del narrador). Tal vez un año, no lo sé.
     - Las etiquetas siempre se quedan cortas, tú escribes novela negra sin necesidad de que haya policías o investigadores de por medio, ¿cómo calificarías Subsuelo?
     - Subsuelo es una novela muy negra pero poco policial. En cualquier caso, una novela negra debe ser, primero y ante todo, una novela.
     - Las pasiones oscuras y el sexo son protagonistas también de tu historia, ¿por qué el sexo?
     - Porque los mellizos son adolescentes (con las hormonas disparadas, claro está), y porque el sexo siempre es un motor en los seres humanos. Aún así, no es un elemento determinante en esta historia. Tal vez cobre relevancia (en esta historia) el hecho de que el sexo funcione perfectamente como una herramienta de dominación, de posesión, de poder sobre el otro. Es la variable de humillación, a través del sexo, la que juega sus cartas aquí: lo prohibido y lo oscuro, dentro de ese todo sexual.
    - ¿Tienes ya alguna historia rondándote la cabeza?
     - Siempre
     - Y, finalmente, la pregunta obligada en este lugar. Me gustaría saber qué estás leyendo en este momento.
     - Terminé en estos días una muy buena novela de Esteban Castromán titulada El Alud, y empecé otra de Diego Ameixeiras: Matarte lentamente. Entre tanto sigo con los cuentos de Aixa De la Cruz: Modelos animales.

     Tengo que darle las gracias a Marcelo Luján por acercarse a este espacio y también a todos vosotros que os pasáis habitualmente por aquí.

     Bibliografía:
     - Subsuelo
     - Moravia
     - La mala espera
     - El desvío
     - Flores para Irene
     - En algún cielo

jueves, 30 de abril de 2015

Sumisión. Michel Houellebecq


     "Durante todos los años de mi triste juventud, Huysmans fue para mí un compañero, un amigo fiel; jamás dudé, jamás estuve tentado de abandonar ni de decantarme por otro tema; al fin, una tarde de junio de 2007, después de esperar mucho tiempo, después de mucho vacilar y más incluso de lo admisible, defendí mi tesis doctoral ante el Tribunal de la Universidad de París IV-Sorbona: Joris Karl Huysmans, o la salida del túnel. A la mañana siguiente (o tal vez esa misma noche, no puedo asegurarlo, pues la noche de mi defensa fue solitaria y muy alcoholizada), comprendí que acababa de concluir una parte de mi vida y que probablemente sería la mejor."

     Este libro salía a la venta, y por lo tanto comenzaba su gira promocional, cuando sucedió el atentado contra la revista de Charlie Hebdo. Houellebecq entonces, cortó radicalmente la promoción durante un tiempo y se dispararon los rumores: el tema del libro era peliagudo en ese sentido. Cada venta, cada palabra, fue mirada con lupa y expuesta a la polémica, y hace apenas unos días ha llegado finalmente a nuestro país junto con su autor. Hoy traigo a mi estantería virtual, Sumisión.

     Estamos en Francia, en el año 2022 y conocemos a François, uno de esos personajes habituales en el autor, profesor universitario, desencantado con la vida, afilado en sus opiniones, con una ausencia de modestia y un gusto por los placeres notable y enamorado profesional y personalmente de la literatura. Particularmente de Huysmans, un escritor francés del siglo XIX sobre el que versó su tesis. François, a sus cuarenta o cuarenta y cinco años, vivirá sin proponérselo, uno de los cambios más importantes en la historia contemporánea de su país. En la primera vuelta de las elecciones, cuando la mayoría de los votos son repartidos entre el Frente Nacional de Le Pen y un nuevo partido islamista, parece claro que se avecinan cambios importantes. La segunda vuelta coloca en el poder a Mohammed Ben Abbes un líder carismático y con don de gentes que tras hacer los pactos necesarios, comienza un proceso cómodo de cambios sociales y económicos en el país. François, temeroso ante lo que pueda avecinarse, emprende un viaje entonces por Francia mientras observa la evolución de las cosas, es jubilado, tentado, asiste a cambios en sus antiguos compañeros y también en el orden en las calles, que tras un primer momento francamente tenso, parecen relajarse.

     Cuando un libro parte de tanta polémica es fácil acercarse a él por los motivos equivocados. Este hay que leerlo, pero no por las ampollas o debates que ha podido suscitar su publicación, sino por la calidad y las reflexiones y conversaciones que provoca en quien lo lee. Ese es el verdadero motivo de que haya traído Sumisión hoy aquí.

     Houellebecq nos habla de un futuro no tan lejano y usa un protagonista con todos los rasgos habituales de sus libros para introducirnos de lleno en la historia. Una historia marcada por el razonamiento y la literatura, una novela sobre los cambios, la pasividad (de ahí el título, de hecho hay un momento en el libro en que se alude a la palabra sumisión) y los modelos agotados. En un futuro en el que los partidos que tradicionalmente se alternan en el poder, surgen opciones diferentes y, en este futuro, las opciones diferentes ganan. Dicho así, pronto comprendemos que no es algo tan descabellado, pero Michel va un paso más allá. Nos presenta un cambio en el que el partido gobernante es islamista, y en el que el líder, es una persona con carisma, amable y razonable; lo que unido a la pasividad de la gente, al "esperemos a ver qué sucede", provoca un cambio radical en la sociedad. Y tampoco nos presenta ese cambio como algo terrorífico; a las mujeres se les incentiva económicamente que se queden a cuidar a sus hijos, y sus puestos quedan vacantes, cubriéndose con hombres y demostrando en cifras una bajada del paro. Esta es la vía elegida por el líder del nuevo partido, y la del autor para hacer de este libro algo que no suene a ciencia ficción. Quienes lleguen esperando ver una crítica contra el islam, se van a llevar una gran sorpresa, porque el libro no trata precisamente de eso, y si tengo que señalar una crítica es hacia la pasividad de la sociedad, a la dejadez ante modelos que se agotan hasta subsistir por una suerte de rutina en la que pocos o nadie interfiere. Una parte política mucho más presente en este libro que en otros del autor y que da para muchas, muchas reflexiones y conversaciones.

     En cuanto a la historia personal, François, profesor de la Sorbona, vive desencantado en lo que debiera de ser su cima profesional y ve como pierde lo que él considera la cima de su vida sexual, ya que su última relación viaja fuera del país. Un hombre ateo, misántropo, al que gusta disfrutar del sexo y otros placeres menores de la vida y con fuertes inquietudes intelectuales. Este hombre será el conductor de la novela con sus conversaciones, pensamientos y actos. Lo veremos encontrarse con el desencanto de una vida solitaria, regodearse también en ella, acudir al sexo por encargo para disfrutar de él exactamente igual que al supermercado para comprar una buena botella de vino. Un personaje que se hace fuerte desde las primeras páginas y cuya pasividad acaba por volverse significativa, un hombre con el que el autor juega a los paralelismos y simbolismos; de Huysmans a François y de François a Huysmans; creencias, viajes búsquedas. Si uno se convirtió al catolicismo, el otro es tentado a convertirse al islamismo; uno viaja y el otro le sigue un siglo después. Y todo ellos salpicado de citas y reflexiones literarias para deleite del lector.

     Sumisión es un buen libro, un muy buen libro al que hay que llegar con calma y disfrutar de la historia. No he dicho novela porque no sabría si es el término adecuado para lo que se relata en ella; si sé que me hubiera gustado que me durase más, que el señor Houellebecq hubiera escrito más páginas y saber cómo continuaba esta historia: no porque no quede resuelta, sino porque uno siente la curiosidad, la necesidad de avanzar en muchos sentidos y ver qué sucede después. Y porque de algún modo, el gran juego del autor en este libro es conseguir que asiente en el lector una de esas preguntas martilleantes: "¿Y si....?"

     Esta vez lo tengo más que claro: este u otro título, pero hay que leer a Houellebecq.

     Y vosotros, ¿os dejáis influir por los medios a la hora de acercaros a un libro?

     Gracias

miércoles, 29 de abril de 2015

El gusano de seda. Robert Galbraith


     "-Más vale que se haya muerto alguien famoso de verdad, Strike -dijo una voz ronca desde el otro extremo de la línea.
     Aún no había amanecido. El hombre corpulento y sin afeitar que caminaba con el teléfono apretado contra la oreja sonrió.
     - Por ahí va la cosa."

     A Rowling en su día le rechazaron varias editoriales, una media docena, su primer libro esa hoy famosísima saga sobre un mago. A Galbraith también le rechazaron varias editoriales su primer libro. Finalmente ambos libros, con un lapso de años de por medio, salieron al mercado. Rowling demostró que podía convertirse en la lectura de cabecera de toda una generación. Galbraith consiguió unas ventas bastante modestas y luego... luego se descubrió que era Rowling. Y entonces se dispararon las ventas. Un desliz, un error que fue llevado a juicio y un mundo que reaccionaba ante el nombre de una escritora ya más que famosa. Hoy traigo a mi estantería virtual el segundo libro de Robert Galbraith, publicado ya sin secreto alguno sobre su autoría; traigo, El gusano de seda.

     Conocemos, o recuperamos si leímos El canto del cuco, a Cormoran Strike, un exmilitar británico al que falta una pierna por un atentado sufrido en Afganistán, hijo de una estrella del rock y detective privado en la actualizada. Trabaja junto a Robin, secretaria con aspiraciones no confesadas ni a su jefe de convertirse en detective. Hasta ellos llega una mujer que quiere saber dónde se esconde su marido, el excéntrico escritor Owen Quine, quien tras causar un enorme revuelo en el mundo editorial con un libro aún no publicado, Bombyx Mori, desaparece de la faz de la tierra sin dejar rastro alguno. La desaparición se convierte en asesinato y Strike comienza a levantar las alfombras del mundo editorial para descubrir lo que esconden debajo.

     Lo cierto es que pese a ser el segundo libro de la saga, no necesitamos haber leído el primero. El dato, la relevancia mediática que obtuvo Strike al resolverlo adelantándose a la policía, nos lo da Galbraith varias veces a lo largo de la historia. Y es el único dato anterior que podríamos necesitar para enfrentar esta lectura.

    La comida rápida no tiene ningún valor nutritivo. De hecho, si uno se para a pensarlo es casi tóxica para el cuerpo. Tampoco tiene mucho sabor más allá de la sal camuflada en supuestos sabores más exóticos. Todos lo sabemos, y de hecho lo decimos en voz alta. Sin embargo, todos caemos en la comida rápida en distintos momentos por una u otra razón (excusas).

     Algo así sucede con esta novela. Los personajes, salvando a los protagonistas, están faltos de carácter que nos ayude a distinguirlos. La trama se basa en girar, a veces de forma desordenada, y usa eso de "se dio cuenta de todo" mientras nos deja sin el proceso deductivo para llegar a saber eso que nos han dicho que sabe. Y sustituid la sal por los clichés, muchos, repartidos o amontonados, lo mismo me da. Y sin embargo la gente la va a leer, posiblemente mucho, porque es entretenida.
     El autor/autora entra de lleno en el mundo editorial, y nos presenta desde la agente arpía hasta el editor borracho pasando por el egocéntrico autor, todos ellos representaciones exageradas que, más que como un reflejo de lo que Rowling ha podido encontrar durante su andadura literaria, yo me lo he tomado como una licencia para divertirse mientras escribía. Me ha llamado la atención, eso sí, la escasa presencia femenina que introduce en ese mundo, y la forma en que aparece. Utilizando un narrador entre omnisciente y observador, a ratos sabe lo que piensan los personajes, a ratos opta por dejarnos saber que nos oculta lo que piensan, Rowling/Galbraith construye una novela concebida para entretener. La desaparición es el pistoletazo de salida para una trama en la que hay envidias, celos, suicidios, sexo, sangre, bondage y secretos en algo más de 500 páginas. El libro busca ir acelerando de una forma constante para así mantener al lector, tal vez no pegado a sus páginas, pero si con la intriga suficiente como para terminar la historia.
     Dice el narrador en un momento determinado que la trama es lo que sucede y la narrativa la forma en que se transmite lo que sucede. Yo completaría un poco esa afirmación, ya que tiene que ser muy complicado escribir un libro cuya lectura sea de las llamadas fáciles para el lector. No sé si es algo que se hace de forma consciente, pero las listas de ventas están llenas de éxitos que todos afirman se sustentan en ese punto. Tan fácil no será, digo yo.
     La novela es de esas que se leen en verano, cuando uno no quiere pensar demasiado y sí pasar unas cuantas horas divertidas en la playa o la piscina. Uno de esos libros que se verán mil veces posados en toallas y que, tal vez juzguemos un poco más duramente por ser obra de una persona ya reconocida en el mundo literario, aunque no en este género.

    Confieso que de vez en cuando voy a cadenas de comida rápida o uso precocinados sin tener una excusa para ello. También veo películas que jamás estarán nominadas absolutamente a nada. Y leo libros que sé que no pasarán a la historia de la literatura, pero que me entretienen: y no les pido más: sé lo que hay.
     El gusano de seda es una novela francamente entretenida.

     Y vosotros, ¿buscáis lecturas entretenidas, para pasar el rato en otro mundo?

     Gracias


   

lunes, 27 de abril de 2015

Apropiación indebida. Una novela sobre el amor. Lena Andersson



     "Esta es la historia de una persona llamada Ester Nilsson. Era poeta y ensayista, y ya a la edad de treinta y un años contaba con ocho densos opúsculos en su haber. Según algunos, se trataba de publicaciones de gran originalidad, mientras que otros veían en ellas un tono lúdico; pero para la mayoría de la gente Ester Nilsson era una completa desconocida."

     Una novela sobre el amor: no una historia de amor, sino sobre el amor. Eso me interesó desde el primer momento. Es un tema complicado, no cabe duda. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Apropiación indebida.

     Conocemos a Ester Nilsson, una mujer con un alto nivel intelectual, las ideas muy claras y una pareja con la que tiene una relación que ha ido evolucionando por los cauces habituales del amor y el mutuo respeto. Recibe entonces el encargo de realizar una conferencia sobre Hugo Rask, y acepta. El día de la conferencia, el autor acude a escucharla, ambos conversan y comienzan una relación intelectual de la que aflora un sentimiento por parte de Ester, un sentimiento que trastoca su vida como sólo puede hacerlo enamorarse.

     Apropiación indebida no es una novela romántica, ni siquiera se tiñe levemente de romanticismo pese a que el lector reconoce en su protagonista todos los síntomas del enamoramiento. Tampoco es una novela de desamor, pese a que percibimos la tremenda desigualdad en los sentimientos que se profesan Ester y Hugo. Y esto es así, porque su autora se encarga de darle a la historia un tono desprovisto de florituras que embellezcan la realidad. Una realidad incómoda para Ester; la del enamorado no correspondido. El enamorado que espera, que se acerca, que se encoge con cada palabra y que ve como finalmente consigue lo que desea. O eso cree tras una noche, o dos, o...
     Lena nos deja una historia profundamente honesta en la que, tal vez, el lector se vea reflejado a un lado u otro de la relación. El enamorado que ve símbolos absolutamente en todo, que se ahoga en la esperanza de que cada gesto sea una señal que interpreta como una muestra de interés. También está el objeto de adoración, inocente o no tanto, que acude a citas, habla, se deja llevar... pero no ama, y no tiene  intención de fingir lo contrario, ni tampoco de aclararlo, de admitir lo que hubo. Y, como dice la propia autora en el libro, "No existe el derecho a ser amado", aunque a Ester, cuya parte racional le deja ver que no sigue el camino adecuado, se le olvide y busque una y otra vez el sufrimiento de la cercanía. Y aquí llega la pregunta del millón, ¿cuántas explicaciones tiene derecho a pedir una persona no correspondida? Y la pista, el lugar hasta el que la otra parte haya dejado llegar la relación. Y la clave de la respuesta, la honestidad en cada paso: admitir, pensar, hablar.

      Apropiación indebida habla de amor, del sentimiento, y de la obsesión como expresión de este. Disecciona el sentimiento como los estudiantes hacen con las ranas en las películas americanas. Expone cada órgano, cada "tenemos que hablar", cada "te llamo porque...", cada vez, cada intento y también cada decepción, cada silencio, cada mirada que se aparta del rostro que pregunta para no responder. Las relaciones son complicadas, y la que Lena nos deja la reconocemos como habitual. Ambos son culpables de sus propios actos; ella de no medirse, él de no ser claro. Por eso la historia es interesante, por eso comprendo cuando leí que se había abierto un debate sobre, nada más y nada menos, el amor tras salir al mercado esta novela en el país de origen de su autora.

     Una novela común, sobre una historia común y un sentimiento común. Pero relatada con un lápiz afilado de una forma cortante, hasta convertir a este libro en una extraordinaria rareza. Me ha gustado descubrirla.

    Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias

sábado, 25 de abril de 2015

Entrevista a Luisgé Martín

www.anagrama-ed.es

     Luis G. Martín, conocido como Luisgé Martín, nació en Madrid en 1962. Licenciado en Filología Hispánica en la Universidad complutense de Madrid y Máster en Gerencia de Empresas, ha sido editor en Ediciones el Prado, colaborador de prensa escrita.

     - Decías en La misma ciudad que hacia los cuarenta años, el hombre echa la vista atrás y hace recuento de los logros conseguidos y de lo que le resta. Si echas la vista atrás, ¿estás satisfecho literariamente hablando, nos puedes contar como fueron tus comienzos en este mundo?
     - Una de las cosas que predico siempre en mis libros es que nunca estamos satisfechos en aquellas cosas que de verdad nos importan, siempre se encuentra un estado superior al que aspirar. Los satisfechos suelen coincidir con los imbéciles. Si cuando tenía veinte años me hubieran dicho que iba a estar donde estoy ahora, habría dado saltos de alegría. Ahora, sin embargo, me parece insuficiente. Un escritor siempre quiere tener más lectores y mejores lectores. Quiero que lo traduzcan a todas las lenguas del planeta y que le den el Premio Nobel. A pesar de eso, mis comienzo en este mundo y mi pervivencia han sido extremadamente fáciles.
     - Tu personaje, empujado por las circunstancias, sí que echa la vista atrás para hablar de a quien conociera en su juventud. Y tu personaje es, además, el narrador y presunto autor del libro. La pregunta es obligada. ¿Cuánto hay de ti en él?
     - Yo soy él, pero nada de lo que le pasa a él me ha pasado a mi. La biografía es un estado de ánimo.
     - En La vida equivocada hay un momento en el que podemos leer que se envidia más la felicidad que el triunfo. Es una frase que me hizo pensar, ¿crees realmente que eso es así?
     - No es que lo crea yo, es que es una evidencia. Lo que queremos siempre es ser felices. El engaño consiste en identificar la felicidad con triunfo, Pensamos que aquellos que consiguen sus sueños, que alcanzan la fama, que se hacen ricos y que son reconocidos profesionalmente, son felices. pero la realidad dice que no es así. Más bien, dice que ese triunfo suele tener un precio y unas renuncias que provocan infelicidad. La fama, por ejemplo, te roba la intimidad, que es una de las condiciones más preciadas, y sin embargo todos los niños quieren ser artistas de cine famosos.
     - La novela viene con una marca casi de autor, y es poblarse de personajes oscuros, con secretos, con deseos no confesados o inconfesables, ¿todos tenemos algo inconfesable?
     - Vuelvo a decir algo parecido a lo que dije antes: todos menos los imbéciles. La naturaleza humana es muy compleja, y se va volviendo más compleja a medida que se envejece. Es imposible llevar una vida normal, social, entre las convenciones que todos aceptamos, sin guardar secretos. Muchas veces ante nosotros mismos. Aprender a madurar es aprender a ocultar.
     - Y si seguimos hablando de pasiones, de secretos... llegamos al sexo, un tema que, sin ser principal, si que tiene mucha importancia en tu historia, ¿la sexualidad marca?
     - La sexualidad marca siempre, pero marca sobre todo si eres homosexual, si eres feo, si eres mujer... El instinto erótico está en la base de muchos de nuestros actos (Freud diría que de todos y yo casi también), de modo que lo que uno sea capaz de hacer con él es determinante en todo. Los feos tienen menos posibilidades de encontrar un trabajo, por ejemplo, no sólo de tener una vida sexual satisfactoria.
     - El fracaso como tema recurrente, casi pensaría que eres un pesimista. ¿Por qué el fracaso?
     - ¿Y por qué no? Este tipo de preguntas no tienen respuesta. Un escritor vive con sus obsesiones y las va alimentando. Creo que la vida siempre es un fracaso y siempre es equivocada, pero hay una clase de fracaso más específico del que necesitaba hablar.
     - Lo realmente intranquilizador de tus libros, es la cantidad de dudas que consigues revolver en el lector, no ya sobre la trama, sino sobre uno mismo. Son libros que parecen pensados para ser conversados, ¿cómo se consigue esa interacción a distancia con el lector que está sentado en su casa plácidamente y no puede evitar revolverse en el sillón con tus palabras?
     - No sé cómo se consigue, pero sé que si no se desea no se consigue. Lo primero que tiene que hacer el autor es querer revolver cosas, poner patas arriba todo, molestar. Y si lo hace con convicción, el lector acabará sintiéndose por aludido. Los libros son siempre espejos. A nadie le molestaría algo en lo que no se ve reflejado a sí mismo de alguna manera.
     - Hemos ido tocando varios de los temas de la novela. Para quien no la ha leído, ¿podrías dar unas pinceladas sobre lo que se va a encontrar en ella más allá de la sinopsis?
     - Mis novelas resultan difíciles de resumir porque se construyen por acumulación y ocurren generalmente muchas cosas. En la vida equivocada se encontrarán a dos personajes, un padre y un hijo, que luchan cada uno con sus fantasmas y que se van conociendo el uno al otro desde lejos. Es una especie de fin de etapa de mi literatura, un resumen de los temas que han estado en mis libros hasta ahora: el deseo, la muerte, la felicidad imposible, la belleza física, la identidad trasmutada...
     - Realmente no paras, siempre tienes algo delante, algo en activo. Y precisamente por eso me gustaría saber si tienes algún proyecto en mente para el futuro.
     - Cada vez paro menos porque cada vez me queda más tiempo para escribir las cosas que quiero escribir. Cuando tengo un proyecto, abro un cuadernito en que voy tomando notas. Ahora mismo tengo abiertos cinco cuadernitos: un libro confesional, un libro de viajes, dos novelas y un libro de cuentos. Todos ellos son proyectos que confío en acabar algún día.
     - Y por último, y como viene siendo ya tradición, me gustaría saber qué estás leyendo en este momento.
     - Leo muy desordenadamente y muchos libros a la vez, a veces por obligación. Estoy leyendo Malemort, el impotente de Guillermo Roz, Ocho centímetros, de Nuria Barrios, El emperador, de Kapucinski, y un librito de citas literarias de Virginia Woolf.

     Muchísimas gracias, tanto al autor por haberse acercado una vez más a este espacio, como a todos los que os pasáis a leer cada día.

     Bibliografía:
     - La vida equivocada
     - Todos los crímenes se cometen por amor
     - La vida mejor
     - La misma ciudad
     - La mujer de sombra
     - Las manos cortadas
     - Los amores confiados
     - El alma del erizo
     - Amante del sexo busca pareja morbosa
     - La muerte de Tadzio
     - La dulce ira
    - Los oscuros

     Web del autor

viernes, 24 de abril de 2015

La resaca

      
     Ayer fue el Día del Libro.

     Menuda noticia, ¿verdad? Pues para mi lo fue. Comenté por la mañana que me gusta liberar libros con motivo de este día, que lo tengo por costumbre.... y la sorpresa fue mayúscula cuando la gente se comenzó a unir en la red a subir fotos de libros que dejaba en cualquier esquina, para que alguien disfrutara de esa historia que primero había leído su ya antiguo propietario. Desde primera hora, y por distintos puntos de la geografía, fueron quedando libros al azar y miradas perdidas de quien los depositaba temeroso de que no lo recogieran y apenado, por qué no decirlo, de ir a perder de vista a ese que fue su compañero durante horas. Esta vez no había puntos, ni sorteos para que nadie se apuntara a una iniciativa, se trataba simplemente de compartir lecturas, pasiones, amigos. Y por eso me he sorprendido y tengo que dar las gracias a un montón de personas. Aquí os dejo los testigos de Cuentalibros, Cartafol, CazaEstrellas, Nesa, Cristina_Roes, Tizire,  Margalidamon o MNievesAbarca junto con los míos. Bancos, piedras, sombras de árbol, una cafetería o una verja, lo mismo daba. Libros románticos, de acción, novela negra, infantil o histórica, su único denominador común es el placer que provocaron durante su lectura a quienes decidieron dejarlos.

     El resto, es pura anécdota. Desde el caballero que sale de un bar para entregar un libro que has olvidado mientras piensas que tal vez no fue una buena idea usar un sitio tan concurrido, hasta quien se escondió tras un seto para ver cuánto tardaban en recogerlo, pasando por la tímida que temía que alguien se quedara mirando a la chica que fotografiaba el libro en el banco. Hay que reconocer que es divertido. Y también que hace ilusión recibirlo. No os diré cómo es que lo sé, porque creo que todos los que pasamos por aquí sabemos la ilusión que hace recibir un paquete cuadrado elegido especialmente para nosotros.
 
     Por lo demás y como buena friki de lo literario he pateado por dos, sí dos, ferias del libro de lugares distintos. He visto a autores que actualizaban imágenes a mano alzada, otros con camisetas en las que se veían impresas las carátulas de sus libros, algún avergonzado por el exceso o la falta de gente, y unos cuantos nerviosos que parecían estar ante su primera vez. He visto gente mirar libros y a muchos de ellos comprar alguno.

     Y os diré una cosa, que ya apuntaba ayer. Me gusta ver gente este día y que se llenen las casetas y las calles de bolsas cuyo contenido se intuye en la forma. Y me gusta leer, a diario. Porque lo que se celebra un día se vive los otros 364.





Esta es la prueba de que no os engaño, Félix G. Modroño actualizando el cartel a un 2.0













     Y no, 
lo único que no voy a enseñar, son mis compras. 


         




Todos los libros que salen en esta entrada fueron liberados.





Pero tengo un lado cotilla....







Así que...




¿Me podéis decir qué libro os llevasteis a casa comprado o no ayer?

     Gracias por animaros, siempre digo que tengo las mejores visitas del mundo.
     Y gracias a todos los que os pasáis por aquí.

     PD: Lo sé, ha quedado muy chulo en la pantalla del ordenador, me disculpo por lo que pueda pasar en los móviles, tablets y demás. Pero de verdad, en la pantalla de mi ordenador, ahora mismo, está todo perfectamente alineado.