martes, 28 de marzo de 2017

La química. Stephenie Meyer


     "La tarea de aquel día se había vuelto rutinaria para la mujer que en ese momento se hacía llamar Chris Taylor. Se había levantado mucho antes de lo que habría querido para desmantelar y guardar sus medidas de precaución nocturnas. Era un auténtico incordio colocarlo todo por las noches para luego tener que desmontarlo a primera hora de la mañana, pero no merecía la pena arriesgar la vida por permitirse un momento de pereza."

     Que la curiosidad mató al gato es algo por demostrar, así que muchas veces ese es el único motivo que me lleva a elegir un libro. Por eso, por la curiosidad, hoy traigo a mi estantería virtual, La química.

     Conocemos a una peligrosa mujer, la química, que vive obsesionada por su seguridad debido al peligroso trabajo que ha desempeñado. Torturaba para conseguir información utilizando temibles mezclas químicas. Ahora la vamos a llamar Alex, y ya no trabaja para el gobierno. Su situación se ha vuelto peligrosa, máxime cuando compañero y mentor muere. Sin embargo, tal vez un último encargo pueda ser una vía de salida... o una trampa mortal.

     Y si tus lectores crecen, crece con ellos. Es algo que ya hizo Rowling, adaptándose a la edad de quienes comenzaron su periplo lector con el mago. Y ahora le ha tocado a Meyer. De Crepúsculo a La química, con una pequeña parada para hablar de parásitos extraterrestres en un libro que no era ni para jóvenes ni para adultos, o tal vez pretendía ser para todos, hay un salto de edad en el rango lector. No solo aso, además, como si renegara de lo escrito, que no de lo ganado, opta por una protagonista diametralmente opuesta a su famosa Bella. Aquí no hay un hombre para salvarla ni tampoco para guardar su sueño, ella se vale sola y además es quien cuida y protege llegado el caso. De lo de vigilar mientras duerme que no le pase nada, mejor ni hablamos teniendo en cuenta las exageradas medidas de seguridad que toma cada noche. Con este desembarco, es fácil suponer el camino que tiene la novela, escrita de esa forma que se dice cinematográfica, y que lo que suele representar es la clara intención por parte del autor de ver su historia en la gran pantalla.
     Si algo tiene en común con las anteriores historias de Meyer, es su capacidad de entretener a casi cualquier lector. Con un ritmo no demasiado rápido y sin detenerse en largas descripciones, es fácil dejarse llevar por una trama que nos puede resultar vagamente familiar a pedazos de otras novelas ya leídas y olvidadas. Exactamente igual que nos sucederá con este pasapáginas cuyo final se nos antoja previsible y, si me lo permitís, parte romántica infumable. Y es que no he sido capaz de creerme ninguno de los vestigios de romance que aparecen en la historia, ni el principal ni el Estocolmo express, y cuando un libro me hace levantar la mirada y murmurar un "venga ya"... me ha perdido. O casi. De hecho, si me quedo con algo de esta novela es con la vía canina, ya que tampoco hay grandes sorpresas en el giro argumental.

       Pero... seamos justos y desandemos el camino. Meyer ha escrito una novela entretenida en la que ha mezclado la mayor parte de los ingredientes del éxito. Además ha tenido en cuenta el público que ya conoce su nombre, y que ya serán mujeres adultas o casi adultas, y ha dotado a la protagonista de la fuerza y el carácter que le faltó en su día a Bella, además de joyas y artificios mortales y un más que dudoso carácter que parece querer hacer dudar en un primer momento al lector sobre si la química es buena o mala en esta novela. Un poco de amor, escenas de acción... un libro, en definitiva, que se deja leer si uno no se hace demasiadas preguntas, o tiene algún conocimiento extra, y que entretiene durante unas horas, que será lo que tardemos en olvidarlo.

     Como comentaba, hay escritores que han dado el salto al libro para adultos con los años, pero que eran conocidos por su literatura dirigida a jóvenes lectores. Así que decidme, ¿os habéis animado con alguno de estos nombres?

     Gracias.

lunes, 27 de marzo de 2017

Morir en primavera. Ralf Rothmann


     "El silencio, el rechazo absoluto a hablar, especialmente sobre los muertos, es un vacío que tarde o temprano la vida termina llenando por su cuenta con la verdad."

      Así comienza esta novela de título compartido con un viejo álbum de Loquillo. Y es que, hoy traigo a mi estantería virtual, Morir en primavera.

     "El escritor eres tú" dice Walter Urban esperando la muerte a su hijo, que siempre se preguntó qué ocultaba el atronador silencio de su padre. Incluso le dejó unos cuadernos con la esperanza de que relatara en ellos aquello que llevaba callando tanto tiempo. Y eso fue lo que obtuvo y por eso se convierte en narrador para relatarnos la historia de su padre cuando, con 17 años, fue reclutado junto a su amigo Fiete para un comando de las SS. La Guerra ya está agonizando, estamos en 1945 y jóvenes iletrados son reclutados y apenas preparados para enviar a luchar al frente, dejándoles tan solo la salida de la deserción para evitarlo.

     Hay un momento en el que las historias reales se ficcionan tanto, o se relatan tanto en la forma que sea, que comienzan a perder pie en la realidad. Por eso es necesario que haya novelas que nos obliguen a creer lo relatado, que nos hablen uniendo pasado y presente sin dejarnos escapatoria durante la lectura. Y eso hace Morir en primavera Ralf Rothmann al relatarnos la más que probable historia de su padre.

       Es muy importante en este caso, quedarnos con el principio del libro. En él se habla del silencio de un hombre recio, de cuerpo agotado por el duro trabajo en la mina, y alma forjada mucho tiempo atrás. Un silencio que solo mantienen quienes sufrieron lo indecible, aunque ni siquiera fueran heridos. Y que reconocemos desde las primeras páginas como uno de esos que llaman silencios de vida, que marcan a todo aquel que rodea a quien lo sufre, como si ellos fueran los que lo padecen. Así es como el autor entra en la SegundaGuerra Mundial, desde la historia personal, lo privado, desde el baile en el pueblo que se convierte en una encerrona para reclutar a cualquiera que sirva para la guerra. Una guerra que sabiéndose perdida por las grandes esferas, intuyéndose incluso perdida por aquellos que se envían a luchar, ha de seguir batallándose bajo pena de muerte ante la negativa. Sin opciones, sin medios caminos, sin posibilidad de huir. Y las guerras son crueles, y obligan a forjar caminos encontrados, y la brutalidad de la guerra no tiene límites y destroza familias, pero aún más corazones.Y provoca silencios por motivos capaces de sobrecoger el alma del lector más duro... porque los sabe reales y no necesitan de terribles campos de concentración para hacerlo.
   
     Es curioso como uno de los mejores libros publicados sobre la Segunda Guerra Mundial se ha quedado en lo pequeño, y además ha contado su historia desde el interior del bando de los malos, que nadie pone en duda ni la puso jamás que lo sean. Y tampoco Rothmann. Pero si hace que veamos que no todo es lo que parece y que cada historia está formada por multitud de ellas pequeñas que nos pasaron desapercibidas. Añade además una reflexión, que deja caer en la cita con la que comienza el libro, sobre los pecados heredados de sociedades que parecen condenadas a seguir sufriendo por los terribles pecados cometidos por otros que simplemente nacieron dentro de sus mismas fronteras. Y es que, en el fondo, esta novela trata sobre uno de los temas universales de la literatura: y no, no es el amor, Rothmann nos habla de la culpa.

     Morir en primavera es una gran novela llena de escenas magníficas que irán a fuego grabadas en la retina del lector.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

     "Los padres comieron las uvas agrias y a los hijos les dio dentera."
Ezequiel.

viernes, 24 de marzo de 2017

Nuestra Señora de París. Víctor Hugo


     "Ella, sin decir una sola palabra, se aproximó al reo, que se retorcía en vano para librarse de ella, y soltando una calabaza que a guisa de recipiente tenía atada a la cintura, la acercó muy despacio a los labios áridos del desdichado."

     Qué difícil es recomendar un clásico, y que necesarias son algunas lecturas. Hoy traigo a mi estantería virtual, Nuestra Señora de París.

     Estamos en París en el siglo XV, allí conocemos a la gitana Esmeralda, a Quasimodo, un joven deforme campanero de Notre Dame y protegido del archidiácono Frollo, al poeta Gringoire, enamorado de Esmeralda y al capitán Febo, de quien se enamora la gitana. La historia comienza cuando Frollo encarga a Quasimodo que secuestre a Esmeralda y Febo lo impide, deteniendo al joven. a partir de ahí, la historia se complica.

     Una vez más una editorial, esta vez gracias a Benjamin Lacombe y sus ilustraciones, eleva un libro hasta convertirlo en una joya. Y en este caso elige al gran Víctor Hugo, y una de las obras cumbres del romanticismo, Nuestra Señora de París. Dividida la novela en dos partes que respetan el texto, que de hecho se compone de once libros, un simple vistazo al diseño y calidad de sus cubiertas puede parecer suficiente para decidirse a la compra, sin embargo, y como sucede con otros libros de Lacombe, lo mejor está en el interior.

     Pero hablemos de la historia, una historia conocida por todos pero leída por mucha menos gente de la que pudiéramos pensar. Una historia que, además, fue tocada y trastocada por Disney, que la adaptó a sus necesidades pervirtiendo el significado de la novela en muchas de sus partes, y llevando a mucha gente a error amén de quitar lectores por eso de saber ya lo que sucede en el libro. Esmeralda, tachada muchas veces de mujer fatal, es un personaje que en realidad se aleja mucho de lo que pudiéramos pensar de dicha etiqueta y, si bien tiene momentos de bondad, como su trato hacia Quasimodo, también gira burlándose del poeta sin pudor alguno. Los personajes masculinos, en cambio, están mucho más definidos, destacando, cómo no, Quasimodo. Pero no es una historia a dos, es una historia de amor trágica llena de trabas para sus protagonistas, en la que todo parece indicar que el autor nos dirige con pulso firme hacia un final trágico. La obsesión malsana de Frollo, el carácter ególatra y engreído del capitán, la multitud, el poeta enamorado, el secreto descubierto... y las gárgolas. Porque todo sucede de una forma u otra, al amparo de la sombra proyectada por Notre Dame, todo bajo la mirada de sus ya famosas gárgolas que, por supuesto, ni se pasean, ni cantan como hicieran en la película de Disney que pretendió hacer pasar por infantil una historia que está a años luz de serlo. No pensemos sin embargo que en el libro solo hay catedral. Víctor Hugo habla de la ciudad entera, pero la imponente presencia de Notre Dame la convierte en un personaje más de la novela, y eso es justo lo que ha sabido captar y recrear Lacombe en sus magníficas ilustraciones.

     Comenzaba diciendo que recomendar un clásico es una tarea complicada. Sin embargo, la lectura de estos libros que han sido capaces de resistir el paso de los años inmutables, emocionando a generaciones de lectores, es algo necesario. En ellos encontramos las fuentes de los que en otro tiempo serán clásicos y se están escribiendo hoy en día, y descubriremos como placer añadido, que pasadas las primeras páginas, pueden ser tan atractivos y adictivos como cualquier otro libro. Y es que, la palabra clásico, provoca muchas veces un cierto rechazo del lector que lo identifica con tedio nada condensado en una extensión de 700 páginas.

     Mi experiencia en esta relectura ha sido fantástica. Me he descubierto presa de las letras de Víctor Hugo igual que lo estuve la primera vez. Os recomiendo este título, al autor, la edición... pero, sobre todo, os recomiendo que os acerquéis a los clásicos sin reparos.

     Y vosotros, ¿sois lectores de clásicos?

     Gracias.

jueves, 23 de marzo de 2017

Tres noches. Austin Wright


     "Todo se remonta a la carta que Edward, el primer marido de Susan Morrow, le envió a ésta en septiembre pasado. Había escrito un  libro, una novela: ¿le gustaría leerla? Susan se quedó desconcertada porque, aparte de las postales de Navidad firmadas "Con cariño" que le enviaba la segunda esposa de Edward, hacía veinte años que no sabía nada de él."

     Con la aparición de la adaptación cinematográfica de esta novela, recordé su lectura. Y eso me llevó en lugar de al cine, a releer. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Tres noches.

     Conocemos a Susan, una mujer de mediana edad casada por segunda vez, profesora y con un marido no demasiado perfecto. Y también a Tony Hasting, de edad similar, también profesor y también casado. Hasta ahí parece que no es nada extraordinario, salvo que Tony es el protagonista de la novela que está leyendo Susan, titulada Animales nocturnos. Y que el autor de esta novela es Edward, ex marido de Susan y del que no había sabido nada en los últimos veinte años. Susan comenzará la lectura de Animales nocturnos y le llevará tres noches.

     Estamos en la forma más literal de la metaliteratura, que es meter un libro dentro de otro. En este caso, el autor nos llevará a la lectura obligada de Animales nocturnos a la par que iremos conociendo a Susan y su vida en sus reflexiones durante la lectura de dicho libro. De este modo no solo la iremos conociendo, también a Edward, el autor. Ahí Austin nos dará la parte más psicológica del libro, mientras que Animales nocturnos será una novela que no da tregua al lector, convirtiendo a su protagonista en una más de la historia y obligándonos a pensar el propósito de esta. Encontramos también reflexiones literarias, lo que provoca el sentimiento de estar ante una novela híbrida que mezcla demasiados estilos como para poder encasillarla en una única etiqueta.
     En cuanto a las dos historias, lo tuve claro desde el primer momento, será Animales nocturnos la que lleve el peso de la novela negra, mientras que la parte protagonizada por Susan será más de atmósfera, psicológica. Y, posiblemente, el gran acierto del libro es convertir a través de Susan en lector activo a quien tenga el libro en la mano. Sin embargo, y pese a que la historia es muy entretenida y original, tiene un pequeño momento en que decae al final del segundo día, y del que se recupera sin llegar a alcanzar la frescura de las primeras páginas; quizás porque el final no es todo lo sorprendente que hubiéramos deseado. Con todo, uno sale de la lectura con la sensación satisfecha de haber pasado unas horas francamente entretenidas buscando el motivo y relación del curioso envío que recibe la protagonista.
     Los personajes son conocidos a la perfección por el lector y, en mi caso, se ha producido un curioso fenómeno, y es que no ha despertado mi simpatía ninguno de ellos. Lo cual, lejos de empañar la lectura, la ha convertido en algo mucho más interesante. Hacía tiempo que no me sucedía esto, normalmente mis afinidades suelen estar repartidas, incluso equilibradas y, aunque el protagonista no me agrade demasiado, encuentro otros personajes que situar al otro lado de la balanza.

     Tres noches es un libro diferente y entretenido, bien estructurado para que el lector jamás se pierda en sus historias entrelazadas que os recomiendo si buscáis una lectura que se salga de lo habitual. Eso sí, os aviso, no es tan negra como la pintan.

     Y vosotros, ¿recordáis el último personaje que despertó vuestra antipatía?

     Gracias.

martes, 21 de marzo de 2017

El valle del óxido. Philipp Meyer


     "La madre de Isaac llevaba muerta cinco años, pero no había dejado de pensar en ella. Vivía solo en la casa con el viejo, tenía veinte años, era pequeño para su edad, se le podía confundir fácilmente con un niño. Era última hora de la mañana y cruzaba deprisa el bosque en dirección a la ciudad; una figura pequeña y delgada con mochila, procurando que nadie lo viera. Había cogido cuatro mil dólares de la mesa del viejo; "Robado" se corrigió. La fuga del manicomio. Si alguien te ve esto va a ir en plan: "Silas, suelta a los perros.""

     Así comienza la última novela de Meyer, con una referencia al Julio César de Shakespeare. Y esta última novela en nuestro país, primera en realidad, es la que hoy traigo a mi estantería virtual, se trata de El valle del óxido.

     Conocemos a Isaac, un chico brillante que no pudo salir de su casa para estudiar por cuidar a su padre, y a Billy, quien con una beca deportiva también pudo salir de su hogar, pero tampoco lo hizo. Son dos jóvenes que no parecen tener nada más en común, hasta que el destino les une el día que deciden dejar su hogar, y les coloca en una situación que acaba con una muerte violenta cambiando sus planes.

     Sería muy fácil hablar de la Gran Novela Americana, de Steinbeck, De ratones y hombres y citar las frases cortas de McCarthy, pero son comparaciones demasiado manidas en la literatura. Meyer nos coloca en un pueblo de Pennsylvania, y con su frase el valle del óxido describe a simple vista el eco de un tiempo pasado que ha dejado ese color a lo largo de su paisaje. Viejas fábricas abandonadas, prisión, almacenes, maquinaria con herrumbre, ferrocarriles... eso es este valle. Y así son sus habitantes, que parecen condenados a no brillar, y si lo hacen, como la hermana de Isaac que consigue ir a Yale, condena con eso al hermano a quedarse cuidando del padre. Ese es el mundo que nos presenta Meyer, un mundo ya conocido al que tampoco aporta nada nuevo, sin necesitar hacerlo. De hecho, quizás el mejor recurso de toda la novela sea precisamente ese, su esfuerzo por mantenerse dentro de los cauces normales, evitando las extravagancias tanto como los clichés rurales americanos.

     Meyer divide el libro en seis partes, y va cambiando de personaje en los capítulos de tal forma que conocemos el entorno de nuestros protagonistas. Grace, por ejemplo, la madre de Billy, que es junto al sheriff Harris uno de los mejores personajes. Y es que ahí es donde Meyer me ha sorprendido, justo en este par y en su capacidad tanto para dibujar un personaje femenino, como para dejar al descubierto los conflictos internos de ese sheriff con dobles lealtades internas.

     Meyer utiliza frases cortas, breves, que agilizan la acción y se convierten en mínimas cuando se trata de personajes masculinos.  Y aún así, aunque sea común a cualquiera de ellos, establece sutiles diferencias cuando se pone en boca de cada uno. Pronto diferenciamos a Isaac, más culto, de Grace y sus preocupaciones, de Billy, leal... dando su rasgo particular a cada uno de ellos. Además al ofrecernos las visiones sesgadas de cada uno de los personajes, lo que consigue es otorgar una perspectiva común de quienes viven en un mismo lugar. Los protagonistas, por ejemplo, dispares pero unidos por sus deseos, las mujeres que toman diferentes decisiones y sus caminos... dando como resultado ese retrato común de decadencia y malas decisiones.

     Me ha gustado El valle del óxido, con mis peros, ya me ha sucedido antes con este escritor. Me ha parecido menos pretenciosa que El hijo, escrita con menos ambición, y por lo tanto más entretenida. Si uno no se para en los detalles, es una buena novela.

     Y vosotros, ¿os gustan las novelas desde varias perspectivas o preferís algo más lineal?

     Gracias.

lunes, 20 de marzo de 2017

El bazar de los malos sueños. Stephen King


      "Te he preparado unas cuantas cosas, Lector Constante; las expongo ante ti a la luz de la luna. Pero, antes de que contemples los pequeños tesoros artesanales que tengo en venta, hablemos un poco de ellos, si no te importa. No nos llevará mucho tiempo. Ven, siéntate a mi lado. Y acércate un poco más. No muerdo.
     Aunque... nos conocemos desde hace ya mucho tiempo, y sospecho que sabes que eso no es del todo cierto.
     ¿No es así?"

      Stephen King me gusta. Me divierte. Siempre ha sido así. Y eso hace que me sumerja en sus libros con una gran facilidad sabiendo que me dispongo a pasar unas horas de entretenimiento. Por eso tenía ganas de leerme estos cuentos. Hoy traigo a mi estantería virtual, El bazar de los malos sueños.

     Esta vez el llamado maestro del terror nos deja una colección de veinte relatos, algunos inéditos y otros no aunque sí mejorados, que vienen acompañados de una pequeña introducción en cada uno de los casos. En ellas el autor se dirige brevemente a su lector contante antes de comenzar su cuento, que irá desde los más clásicos en su estilo, como Área 81, hasta otros que intentarán sorprender al lector, como es el caso de Ur, e incluso poesía.

     No voy a hacer una enumeración de cada uno de los relatos contando su título y resumen porque considero que eso haría un flaco favor al lector. Lo que sí puedo decir es que Stephen King ha recuperado en este libro al escritor que muchos conocimos en nuestra adolescencia a través de aquél formato granate de bolsillo. Y lo encontramos, ahí está en cuentos con niños y bicicletas, con coches monstruosos, con mensajes en arena... y pensamos entonces que ha vuelto ese Stephen King que ahora parecía haber abandonado a su lector de toda la vida para pasarse a lo que llaman liteatura más seria abandonando el género. Tal vez por eso todo el libro vaya dirigido a su Lector Constante, al que habla en cada prólogo explicándole en un tono que recuerda al ya añejo Mientras escribo, en el que le dirá cómo surgen las ideas, hablará de ideas fugaces, de influencias... y que es, podría asegurar, la parte del libro que más me ha gustado. Y es que creo que podría afirmar sin temor a equivocarme, que todos los que leímos Mientras escribo, nos aficionamos a los prólogos de los libros de King escritos por el propio autor. Textos en los que se dirigía a nosotros relatando alguna anécdota que podía tratar desde un paseo para hacer un poco de ejercicio con su perro, hasta un desayuno a la mesa de su casa. Y aquí ha sido generoso con esa parte. Gracias.

      Comentaba que también se acerca al poema en algún relato, y eso hace que me pregunté por qué no poner a un libro media docena de páginas más y dar la opción bilingüe en estos casos. Para saber qué ganamos y perdemos, para ver la rima, las palabras, lo sonoro. En mi caso, me quedo con esa curiosidad. Los poemas me han gustado, no es la primera vez que leo a King metido en estas lides.

      El resultado de El bazar de los sueños es bastante uniforme y compacto, aunque sigue lejos de aquel escritor que conocí. No hay bajones en la calidad de los relatos, aunque es cierto que no los he disfrutado tanto como hice hace años, con sus ... después de media noche. Me hago mayor, supongo. Pero me ha gustado. Tal vez incluso con un poco de nostalgia del lector que fui. Comentaré además, y esto ya es pasión personal, que me he reído con un detalle y os comento porque las curiosidades me pirran, y... bueno, cualquiera que siga mi Instagram sabrá que los zapatos también. Hay un cuento, Fuegos artificiales, en el que se nombra a un zapato cordobés para hablar de un tono de bronceado. Os diré como anécdota que estaría por apostar a que el señor King no tiene ni idea de lo que es un zapato cordobés, al igual que me pasa a mi, en cambio si uno le preguntase por un cordovan shoe las cosas cambiarían. King podría entonces explicar que un zapato cordován se hacer con un tipo de piel muy determinado y que se suele teñir de un tono marrón oscuro. Me sonreí pensando en cuantos deslices habrá que no veamos en cada libro que leemos. No es importante, es... una simple curiosidad que no afecta en nada a la lectura.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.
     Firmado:
     Un Lector Constante.


viernes, 17 de marzo de 2017

Léxico familiar. Natalia Ginzburg


     "Me llamo Natalia Ginzburg.
     Mi padre, Beppino, ama la ciencia y la naturaleza.
     Lidia, mi madre, disfruta en cambio con el placer de narrar. Tengo tres hermano y una hermana. Vivirán lejos y me bastará la ficción para saber qué les ocurre. Cumpliré con todos los ritos: nacer, crecer, reproducirme. Algún día moriré. También escribiré libros. Quizá, incluso, plante el cerezo de aquella primavera triste de Pavese."

     Tenía curiosidad por leer a Natalia Ginzburg y aproveché el aniversario para leer alguno de sus títulos. O al menos para comprar, leerlos.. poco a poco. Hoy traigo a mi estantería virtual, la primera de mis lecturas, Léxico familiar.

     Natalia Ginzburg, de apellido soltera Levi, nos presenta en este libro a su familia formada por un matrimonio y cinco hijos, en una casa inquieta y, como todas peculiar.  Conoceremos así a sus padres, Griuseppe y Lidia, un profesor más severo y una mujer de esas que gustaban a principios del siglo pasado. También a sus hermanos y hermanas, y a su marido Leone, de quien tomó su apellido. Se incluirán además las personas pertenecientes a su círculo.

     Dijo la propia autora del libro, que había que leerlo más como una novela que como una biografía, pese a que el libro sea un retrato familiar. Y es adecuado hacerle caso, ya que sabe bien de lo que se habla, posiblemente más que el lector, que de entrada se encuentra una colección de anécdotas que, lo primero que señalan es el motivo del título. Supongo que a todos nos sucede, y más en familias grandes o con tendencia a reunirse (me sirve también grupos de amigos) que una frase nos lleva a un recuerdo, y una vez que se relata siempre aparece otro ¿y recuerdas cuando...? y así en un bucle infinito de frases, y palabras, y momentos y recuerdos, que son como un léxico propio y común de las personas pertenecientes a ese círculo. Quizás por eso Ginzburg comienza hablando de todos y se va centrando en los cercanos, para que tengamos la sensación de ir colocando nombres y personas y saber perfectamente de quién habla pasadas las primeras páginas. Nos presenta a una familia en la que nos invita a ser uno más durante la lectura, y para ellos, casi parece olvidarse de ella misma como uno de los protagonistas. Sabremos más del resto, de sus sentimientos, del cambio de país, la severidad del padre que realiza algunos comentarios de esos propios de padre pero extraños a quienes no son sus hijos. Nos habla de política y de cárcel, de fascismos y de ideas recurrentes, y también aparece el mundo cultural en el que se integra ella con su marido. Nataliz Ginzburg es capaz de tratar su matrimonio, en la parte de los sentimientos de la propia autora, "dándole carpetazo en tres frases" y luego extenderse para que comprendamos, por ejemplo, que su gran amigo Pavese no superaría la muerte del marido de ella. O hablarnos de la muerte, anunciada y poco creída, de quien al final se quitó la vida.

     Léxico familiar es un libro de esos que llaman de lectura fácil, que parece comenzar como un compendio de anécdotas pero que, una vez cerrado descubrimos que sí hemos leído una novela. Una historia en la que si hay ficción no lo sabemos, y ahora ya no queremos que nadie nos lo diga, porque los personajes que aparecían y sabíamos personas, se fueron volviendo cercanos, les cogimos cariño. Nos invita de este modo a esa zona privada que solo comparten los íntimos, los afortunados, de algún modo los elegidos.

     Entiendo que guste Natalia Ginzbug. a mime ha gustado mucho. Repetiré.

     Y vosotros, ¿os acercáis alguna vez a la no ficción?

     Gracias.