martes, 27 de septiembre de 2016

Los últimos días de Adelaida García Morales. Elvira Navarro


     "Una mujer se presenta en el despacho de la concejala. Es un cuarto desabrido, con tres ceniceros sobre una repisa de obra y varias estanterías atiborradas de cartapacios y libros cuyo tema es el propio municipio, hoy convertido en una ciudad dormitorio. Hady desde publicaciones del cronista local hasta un volumen de leyendas comarcales, pasando por un poemario infantil de una maestra jubilada que cuenta cómo los Reyes Magos llegan al pueblo para alegrar el árbol de Navidad de los hogares humildes."

    Me gustó leer a Elvira Navarro en La trabajadora y me quedé con ganas de más, por eso ni me lo pensé cuando salió este título y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Los últimos días de Adelaida García Morales.

     Adelaida García Morales, pongámonos en antecedentes, porque de eso va precisamente este libro, fue una famosa escritora fallecida de manera casi anónima el 22 de septiembre de 2014. Prueba de ello es que hoy estamos a 27 y dudo que alguna haya visto referencia alguna salvo este libro, al segundo aniversario de su fallecimiento hace apenas unos días. Adelaida alcanzó el éxito con El Sur, una película inspirada en un relato suyo que publicaría luego en El Sur seguido de Bene, reeditado hasta la saciedad. A este éxito le seguiría El silencio de las sirenas Premio Herralde de 1985. ¿Y qué pasó después? ¿A alguno os resulta familiar el nombre, a muchos acaso? Porque esta mujer cayó en el olvido y ahora Elvira Navarro partiendo de un hecho real, ficciona los últimos días de la escritora.

     Elvira Navarro parte de una visita que realizara Adelaida a la concejalía de cultura del pueblo en que residía solicitando 50 euros para visitar a su hijo que en ese momento reside en Madrid, en autobús. La concejala le explica que no es ahí donde tiene que solicitarlo, que eso es Asuntos Sociales quien lo gestiona, pero la mujer no parece entrar en razón, ella lo quiere de cultura. La concejala indaga sobre esta escritora residente en Dos Hermanas, pero la desidia parece seguirla y no recuerda bien el nombre o no llega a leer la novela, menos mal que hay una película. Y hablando de películas entra la segunda voz de esta novelita de cien páginas: una realizadora está rodando un documental en un polígono sobre Adelaida García Morales. Solo tiene tres testimonios y una cámara. Dos mujeres y un hombre, psiquiatra de Adelaida, relatarán mientras cae la tarde, lo poco que saben de esta mujer cuya vida parece haberse diluido hasta ser casi olvidada. Todo esto sucede pocos días antes de su muerte. Aquella mujer que lograra la fama, pedía 50 euros para el autobús un puñado de días antes de fallecer.

     Pareciera que Elvira, que es por cierto, la mirada observadora en la foto del fondo de la cubierta del libro, quisiera resarcir el olvido del mundo hacia García Morales otorgando una voz casi literal a la escritora olvidada a través de este relato de sus últimas jornadas. Y pareciera además, no solo por este libro sino por los temas que tiende a tocar, que a la autora le gusta además fijarse en aquellas cosas que pasan desapercibidas habitualmente. Esta vez, es otra escritora que vivía en un mundo que un día decidió olvidarse de ella. Y nos representa de este modo lo efímero del éxito, la crueldad de la vida y la reivindicación en una voz que se empeña en ir a cultura para solicitar lo que Servicios Sociales podrían haberle procurado con mayor facilidad... o tal vez no. Hay una contradicción en esta Adelaida que se nos presenta deprimida, recluida, dejada no ya de aspecto sino de entusiasmo por la vida, que reivindica ese derecho para poder coger un autobús justo frente a Cultura. Y también tiene algo de simbólico que la concejala que le explica que no puede dárselo, no reconozca a quien tiene delante, que ni siquiera sea capa de recordar su nombre. De este modo parece que la concejala lleve el peso de todo el sector sobre sus hombros incluso ante la sorpresa e indecisión que le provocan la muerte de la autora. Elvira Navarro tiñe para representar todo esto, de una suerte de nostálgica bruma esta novelita capaz de conmover al lector en muchos de sus momentos ya que desnuda el alma de la fallecida.

     Párrafos largos y tono pausado, testimonios que parecen enfrentarse a ratos, no por defender una memoria, sino por defender sus minutos de gloria. Tristemente real, nos decimos mientras seguimos avanzando en esta tremenda lectura. Y es que, puede que la novela que hoy traigo sea ficción, pero Adelaida García Morales existió, exactamente igual que la anécdota de la que parte el libro. Y quizás sea eso lo que provoca que cerremos el libro pensando en lo frágil, lo efímera que es la vida, y lo poco que cuidamos la propia memoria. Hay, por supuesto, una crítica también al olvido cultural en forma de sorpresa por parte del lector que desconoce o apenas recuerda el nombre de la mujer cuya vida nos es relatada, y no sólo en el de la concejala ya nombrada. Y hay, una historia que merece la pena ser leída. Elvira Navarro tiene una voz propia en su obra, y, si me permitís opinar, es de esas voces que merece la pena conocer.

     Por cierto, que ayer olvidé preguntaros, ¿qué libro estáis leyendo esta semana?

     Gracias.

   

lunes, 26 de septiembre de 2016

Quien pierde paga. Stephen King


     "Despierta, genio."

     Así comienza la nueva novela de Stephen King para deleite de sus fans. Y digo para deleite porque la frase la pronuncia un personaje con pasamontañas a un escritor que está durmiendo plácidamente en su casa. ¿Reconocible esa relación escritor/lector en la obra de King? Por supuesto. Hoy traigo a mi estantería virtual, Quien pierde paga.

     Tres hombres encapuchados llegan a casa de un anciano escritor llamado Rothstein con intención de asaltar al que fuera denominado genio literario. Sin embargo, uno de ellos, Morris, tiene una deuda con el escritor y su personaje más conocido: está cabreado con el anciano por la trayectoria que hizo tomar a su personaje y ha oído que tiene en casa manuscritos sin publicar. El asalto se salda con el robo de dinero y manuscritos y la muerte del viejo escritor. Conocido Morris vemos como decide esconder el botín tras finiquitar su relación con sus cómplices y como acaba pasando en prisión unos cuantos años. Y entonces viajamos en el tiempo para conocer a la familia Sauber, un matrimonio cuyo marido es una de las víctimas de la masacre de Mr Mercedes, su esposa y dos hijos que ven como su vida se va al traste por los problemas económicos. Eso hasta que Pete, el hijo mayor, encuentra un cofre en el bosque. A partir de aquí seguiremos las dos historias buscando la unión entre ambas.

     Quien pierde paga es la segunda parte de la Trilogía de Bill Hodges, una tentativa del autor de terror más conocido por varias generaciones, de adentrarse en la novela negra. Conocimos a Hodges, un policía retirado, y sus ayudantes, en la primera entrega, Mr Mercedes, y en esta segunda, King lejos de comenzar citando a su detective, nos hará revivir en el segundo capítulo aquella truculenta escena que marcaba la primera entrega de la trilogía en la que un coche arrollaba a una multitud que hacía cola esperando conseguir un empleo. Pero antes de eso, King recupera una de sus obsesiones: los fans malsanos de los escritores. Y nos presenta en las primeras páginas un asalto digno de Misery para dar comienzo a la acción determinante en este libro: la muerte de un Rothstein cuyo nombre nadie duda que es un homenaje a Roth a manos de un lector. Ahí está el King reconocible para todos sus lectores, el autor visual capaz de estremecer al lector al hacerle partícipe del terror de sus personajes. Y no contento con ello, repetirá en ese segundo capítulo al relatar la masacre desde otro punto de vista al conocido ya por quienes nos hicimos con aquella primera entrega.

     A partir de aquí y marcado por una narración ágil, King despliega sus dos historias separadas por treinta años. Por un lado, vamos conociendo el destino de los asaltantes de la casa de Rothstein (de uno de ellos en realidad), y también el botín robado. Por otro, y pasados treinta años, descubrimos siguiendo la historia de ese tesoro enterrado, a la familia Sauber cuyo hijo se convierte en descubridor de ese tesoro. Y comenzamos a temer el momento en que ambas historias se vayan a cruzar. Porque todos conocemos a King, y tememos y deseamos ese momento a partes iguales. Aunque tal vez no seamos los únicos preocupados, y ahí es donde King nos deja recuperar a Hodges, quizás una niña se haya fijado en el cambio operado en su hermano y acuda a un adulto pidiendo ayuda para saber por qué se ha producido dicho cambio. Sin embargo, y pese a pertenecer a la citada trilogía, Hodges dista mucho de ser el protagonista principal de esta novela que se articula en torno a Morris y Pete, dos personajes con más de un punto en común, como su pasión por la literatura, que serán los encargados de llevar el peso de la historia.

     A lo largo de aproximadamente 450 páginas, King hace gala de su facilidad narrativa que engancha al lector, obligándole casi a seguir leyendo sin notar apenas unos fallos que se hacen evidentes al finalizar el libro y que llevan el mismo nombre: Rothstein. Ese personaje que abre la acción al ser asesinado y cuya sombra planea de forma constante, el genio que guardaba un tesoro en manuscritos y del que nos faltaron datos que, sin ser determinantes para la historia, necesitamos saber gracias a que el propio autor nos lo recuerda en varias ocasiones. O tal vez tengamos que esperar a la tercera entrega para saber por qué Rothstein decidió guardarse una parte de esa historia que le dio la fama.

     En conjunto Quien pierde paga me ha parecido una novela francamente entretenida de un King que no parece terminar de encontrarse cómodo en este género. Perfecta para pasar unas cuantas tardes.

     Dicen que todo lector que ha superado los ciento cincuenta libros a sus espaldas ha leído algo de Stephen King, así que decidme, ¿habéis leído algún libro de King?

     Gracias.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Entrevista a Carlos Soto Femenía


     Carlos Soto Femenía nace en Palma de Mallorca en diciembre de 1966 aunque pronto se muda a Madrid, lugar en el que permanece hasta finalizar sus estudios. Debuta en el mundo literario, amén de relatos premiados en los certámenes Silverio Lanza de Getafe, con el libro La unción que ganaría el Premio Alfonso VIII y publica años más tarde la novela Enemigo innúmero. Ahora lo podemos encontrar en las librerías desde hace apenas unas semanas con su obra El carbonero.
- Han pasado doce años desde aquella primera novela, ¿cómo ves La unción desde la distancia?
- La veo como una novela sencilla, muy sencilla, con las carencias de quien está empezando. Es un libro de comienzos.
- Y sin embargo un punto en común entre ambos libros es ese distanciamiento en el tono.
- Me lo han comentado o he leído como lo decían en algunas críticas los lectores, pero en realidad no era mi intención cuando estaba escribiendo ese distanciamiento. Si se percibe quizás sea porque el personaje es muy fuerte y de este modo alcanza una suerte de equilibrio con la historia.
- Marc, el personaje principal de la historia, es muy carismático y especial. ¿Cómo lo describirías?
- Honesto. Marc es honesto. Es una persona muy directa con apenas contacto humano y tal vez eso hace que resulte tan frontal. Es honesto incluso consigo mismo, de hecho no tiene reparos en reconocer cuál es su futuro, a dónde va abocado, y también en reconocer su lucha en contra de ese destino que parece tener marcado por ser quién es.
- Un carbonero, una figura totalmente desconocida para muchos de nosotros, que parecía vivir ajeno y escondido del mundo. ¿Por qué un carbonero?
- Realmente yo tampoco tenía conocimiento de esta vida. Conocía, claro, las sitjas, pero no había investigado sobre el tema, creo que ni siquiera me había parado a pensar en ellas, hasta que un día me encontré con un artículo en el que un hombre hablaba de su profesión. Era carbonero, hijo y nieto de carboneros y había ejercido su profesión hasta hacía treinta años. Imagina, treinta años y estaba contando una vida que pareciera databa de hace un siglo, pero que estaba ahí al lado. Al descubrirlo no pude evitar tirar de un hilo que me llevó a nuestra maravillosa sierra y los personajes comenzaron a construirse prácticamente solos.
- La sensación de aislamiento que transmite esa vida es brutal, ¿en qué medida afecta eso a tus personajes?
- En todo. Estar ahí arriba tantos meses sin apenas contacto te da mucho tiempo para pensar. Tanta soledad puede volverte loco y uno se acaba refugiando en sus pensamientos que, en el caso de Marc, van invariablemente hacia ese crimen que se cometió y, por supuesto, hacia la venganza. Es el aislamiento el que alimenta la intensidad de esa necesidad de vengarse que tiene Marc y de ahí nacen los deberes que él mismo se pone. Marc entiende que su vida está marcada y dibujada, pero tiene una deuda moral con ese momento de fractura su vida y la de su padre. Porque prácticamente lo pierde todo y es ahí donde la señora gana la fuerza de quien vela por ellos, y también la deuda de Marc hacia la señora. Con el tiempo, Marc sabe que no es responsable de lo sucedido, pero si se ve en la responsabilidad de que no caiga en el olvido lo sucedido, ni esa vida pasada que perdió en un momento.
- Nombras a la señora, que es un personaje mucho más complicado de lo que puede parecer a simple vista.
- Sí, la señora es un testimonio vivo y Marc tiene sentimientos encontrados hacia ella. Por un lado parece una competidora de su madre y, por otro, su familia está unida a ella que siempre estuvo ahí, velando por ellos. Por todos en realidad.
- Un ambiente rural que llega a convertirse casi en un universo cerrado y prácticamente ajeno a todo lo que sucede fuera de él.
- Es que es justo eso, y Marc es quien ha de mantenerlo vivo. Se niega al olvido.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Una letra femenina azul pálido. Franz Werfel



     "La correspondencia estaba sobre la mesa del desayuno. Una respetable pila de cartas, pues Leónidas había festejado poco antes su quincuagésimo aniversario y aún seguían llegando diariamente felicitaciones atrasadas. Leónidas se llamaba, en verdad, Leónidas. Debía aquel nombre tan heroico como abrumador a su padre, un pobre catedrático de instituto que, aparte de esa herencia, sólo le había dejado la colección completa de clásicos greco-latinos y los números de la revista Tûbinger altphilologische Studien correspondientes a un decenio."

     A partir de las cincuenta páginas, aproximadamente, se considera que un relato pasa a denominarse novela. Sin embargo no suele ser cuestión de extensión el que una historia se quede con el lector. Hoy traigo a mi estantería virtual, Una letra femenina azul pálido.

     Conocemos a Leónidas pasado su cincuenta cumpleaños. Tan cerca, que sigue recibiendo felicitaciones y, un día cualquiera, entre ellas, llega una carta con letra sesgada, femenina, en un color azul pálido. Turbará esta carta su existencia provocando que recuerde a Vera, aquella mujer a la que amó estando casado y que ya le escribiera otra carta hace años que jamás llegó a leer por miedo a su celosa esposa. Una carta y unas letras que llegan sin avisar cambiándolo todo, haciéndole recordar.

     Menos de cien páginas tiene esta novelita que uno encuentra por casualidad, disfruta de una sentada y regala después casi con la obligación de quien comparte un descubrimiento. Viajamos en el tiempo y el espacio hasta Austria para conocer a este Leónidas que se hizo a si mismo gracias al frac de un suicida, que se reinventó y llegó a lo más alto casándose con la heredera más hermosa y pudiente de la ciudad. Un hombre íntegro que jamás olvida sus raíces, un hombre honesto... que una vez conociera a otra mujer capaz de hacer que se desviara de su rumbo, acaso de su destino. Y esta será la historia que esboce el autor en el recuerdo de su protagonista mientras avanza el presente, y abrimos la carta, y conocemos sus letras, y también a Vera. Con una atmósfera que se adapta perfectamente a eso que conocemos como viejo continente, Werfel demuestra que no es necesario caer en la tentación del exceso de páginas para contar una historia completa cuajada de sentimientos en cada página. Utilizando para ello un narrador omnisciente que nos deja penetrar en sus personajes, y articulándose cual trípode en Leónidas, Amelie, su esposa, y Vera. Y utilizando la ambigüedad de una carta en exceso formal como detonante de lo que podríamos pensar es una novelita romántica que tratará el tema de la infidelidad y la purga de la misma, el autor nos conduce a un sorprendente desenlace que permite al lector obtener una visión de conjunto diferente. Ahora ya conocemos la época, aquella en la que ser alemán o judío era vital... y también cómo el pasado por mucho que uno crea lo contrario, tiene la mala costumbre de negarse a morir.

     Werfel tiene algo de poético en sus letras, quizás porque fuera también poeta, que ha provocado su comparación con otros nombres más conocidos en nuestro país, como el de Zweig. Sin embargo, tal vez su mayor similitud sera el conocimiento del universo interior de los sentimientos, incluido el femenino, y su capacidad para abrir una ventana al observador sin necesitar para ello más que un puñado de líneas. Y es que, Una letra femenina azul pálido, pertenece a esos libros que uno lee sabiendo que no será la mejor de sus lecturas, pero sí una de esas fielmente recordada. Un placer dosificado, un gran libro pequeño.

     Y vosotros, ¿le dais importancia a la extensión de un libro?

     Gracias.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Zombi. Joyce Carol Oates


     "Me llamo Q_P_ y tengo treinta y un años y tres meses.
     Altura: metro setenta y siete; peso: sesenta y siete kilos.
     Ojos castaños, cabello castaño. Complexión mediana. Algunas pecas desperdigadas por los brazos y la espalda. Astigmatismo en ambos ojos, lentes correctoras para conducir. Rasgos distintivos: ninguno."

     Oates es una de las escritoras vivas más importantes del panorama literario. Más de cien libros, algunos bajo seudónimo, ningún miedo a adentrarse en cualquier tema y, sobre todo, una calidad literaria sorprendente ante tanta producción, avalan esta afirmación cada vez más extendida entre críticos y público en general. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, uno de sus libros singulares. Hoy traigo, Zombi.

     Conocemos a Quentin P_, un joven de treinta y un años que está en libertad condicional por un percance racial. El mismo nos relatará su historia en una suerte de diario mental fragmentado y nos dejará de este modo entrar en su mente. Pero esta no es una historia sobre un conflicto racial, no. Q_P_ como se llama a si mismo, es un psicópata obsesionado con hacerse un zombi que le obedezca, se interesa por las lobotomías... y los picahielos. Q_P_ sabe lo que quiere.

     La maldad humana es uno de los temas más recurrentes en la literatura: noshabla el malo, buscamos al malo, cogemos al malo, lo observamos, lo condenamos, lo matamos... y diciendo esto, ya estaríamos cubriendo una gran parte de la literatura universal. Sin embargo, Oates, como es su costumbre, da un paso más en este libro: le da la voz al malo, a Q_ P_, y no lo hace de palabra, sino en forma de diario privado en el que Q_ puede expresarse libremente. Y nos deja conocerle de esa forma íntima que nos conocemos a nosotros mismos porque miramos rincones que nadie más ve.

     Capítulos cortos, tipografía que alterna cursivas y palabras en mayúscula y algunos dibujos realizados a mano en forma de notas, serán el perfecto complemento de la mente que nos habla a través de las letras de Oates. Q_ tiene unos padres que se preocupan, con una educación y una posición, un psiquiatra de renombre y una mente analítica bajo una lógica retorcida que llega a sobrecoger al lector. No es solo por la lógica propia que despliega, también porque Oates procura hacernos conscientes de lo fácil que es ser así... no nosotros, pero sí cualquiera que nos rodee, incluso un vecino. Nos busca aterrorizarnos, pero de algún modo consigue meter el miedo en el cuerpo del lector, sin estar escribiendo terror, como si nos dijera que ahí fuera, en la calle... y luego nos dejase rellenar el final de la frase. Q_ habla de sí mismo en tercera o primera persona, se nombra o se cita detrás de una inicial, pero, sobre todo, se muestra. Y vemos que es un producto de una sociedad enferma que permite que se desarrollen este tipo de conductas y queden ocultas bajo el manto social demasiado tiempo, porque Q_ tiene un psiquiatra que se limita a tratarle con pastillas. Y Q_ bebe y se droga y ve la televisión y tiene acceso a la información que cree necesitar en una sociedad moderna, la misma que en su día hizo que su padre le obligara a quemar unas revistas en las que aparecían hombres para no disgustar a su madre. Pero ojo, Oates no va a justificar jamás a su protagonista, no va a buscar el trauma ni el detonante que le justifiquen porque Q_ no cree que necesite justificarse de nada. A fin de cuentas, él solo quiere tener un zombi.

     Basado parcialmente en Jeffrey Dahmer, un asesino de chicos que venía de una familia normal, Oates logra que sintamos un rechazo casi visceral hacia su protagonista. De hecho, si hay quien ha catalogado este libro como terror, posiblemente sea porque eso es lo que llegamos a rozar al leer alguna de las afirmaciones que es capaz de realizar. Y no es fácil alcanzar esa conexión con el lector como para que se sienta intimidado ante lo escrito y afirmado por el protagonista. Es algo al alcance de muy pocos y Oates ha demostrado que sabe cómo conseguirlo. Por eso nos encierra detrás de los ojos de Q_, para que sintamos la claustrofobia de quien mira sin poder impedir lo que sucede y sabe que el asesino es consciente de esa facilidad para salir impune.
     Por supuesto, y fiel a la costumbre de la autora, hay una crítica social en todo esto. Sobre todo a la pasividad, al mirar hacia otro lado, al no querer ver. Esa es la verdadera impunidad de la que goza mucha gente, parece decirnos Oates, no la de quien se esconde bien, sino la de quien se aprovecha de esa comodidad que es vivir en la ignorancia. Como el padre que visita a su hijo y, lejos de ahondar en lo que tiene delante, termina por invitarle a cenar.

     Zombi me ha parecido un buen libro. Un experimento literario que viene a demostrar que no todo está inventado y que quedan formas de explorar los temas en la literatura. Q_ no deja indiferente a nadie.

     No necesito que un protagonista me agrade para que me guste una novela. No es importante si me gusta o no, si me cae bien o no, lo importante es que me produzca algún tipo de sentimiento de empatía o rechazo. Y cuanto más fuerte, mejor: como el protagonista del libro de hoy. Pero he observado que no a todo el mundo le sucede y hay muchos lectores para los que es necesaria una cierta afinidad con el protagonista para disfrutar de una novela. Por eso hoy os pregunto, ¿necesitáis que el protagonista os caiga bien para disfrutar de un libro?

     Gracias.

martes, 20 de septiembre de 2016

El otro hijo. Sharon Guskin


     "La víspera de su treinta y nueve cumpleaños, el día más deprimente del peor febrero que alcanzaba a recordar, Janine tomó la que acabaría siendo la decisión más trascendental de su vida: disfrutar de unas vacaciones."

     Cuando vi este libro pensé que sería una buena lectura para pasar el rato entre otras más complejas, anunciado como una novela de misterio, con una base sobrenatural en la que no creo, pero sin que esto sea un problema para la lectura, y con las alabanzas de libreros independientes, no dudé en ponerme con él. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El otro hijo.

     Conocemos a Janine en su cumpleaños, día que que se deja llevar y termina en una noche de pasión. Unos años después la retomamos, sin una pareja, vive con su hijo Noah, fruto de aquella noche. Noah es un niños especial que vive aterrorizado por el agua, no se relaciona bien, y parece recordar atisbos de otra vida, con otra casa, otros gustos... porque nada justifica en el entorno de Noah las cosas que sabe. Por eso su madre, se esfuerza con el  de médico en médico hasta que se tropieza con Anderson, un doctor que documenta este tipo de casos: reencarnaciones.

     Partiendo de una premisa que puede ser interesante la autora nos mete de lleno en la desesperación de una madre cuando la ciencia es incapaz de poner nombre o solución a la dolencia de un hijo. Nos describe cómo es el día a día de un niño especial, con fobias, que pide incluso desesperado a su madre que le lleve con su otra  madre. Y luego nos muestra, alternando capítulos de supuestas experiencias reales documentadas, al doctor que habla de la reencarnación, de niños que recuerdan otras vidas hasta los 5 o 6 años, porque sus mentes aún están abiertas. Abre entonces la trama de misterio, además de la búsqueda de esa otra vida, y obliga al lector a preguntarse qué sucedió en esa otra vida, cómo murió ese otro niño o a manos de quién.

     Es evidente que estamos ante un argumento diferente al que se le puede sacar partido, pero no he tenido esa sensación. Me ha parecido una historia superficial en la que, ni la desesperación materna era genuina, ni se justificaban sus continuos cambios de opinión. No tengo problema con tramas sobrenaturales, pero necesito que, si me sacan a todo un doctor experto, me den algún hilo que justifique en este caso, el estudio y la creencia, y aquí la autora se ha limitado a acumular experiencias en cursiva que parecen intentar convencer al lector por repetición. Porque es el problema principal de esta trama fallida, la falta de convicción y el "imposible descifrar", "expresión nueva para ella"... que parecen acompañar a los supuestos momentos de tensión como si Guskin se quedase sin argumentos llegados esos puntos que suelen ser los principales en una historia. Por otro lado tampoco el personaje del doctor, al que aqueja de una enfermedad degenerativa, termina de resultar convincente, como si esos olvidos y pequeñas incapacidades, fueran la excusa para no necesitar ahondar en él. Y así solo nos queda la trama, una trama en la que se precipita para luego tener que frenar y no terminar el libro "demasiado pronto", lo que ha provocado en mí esa sensación de goma que tira y afloja durante una lectura que, no sólo no ha llegado a convencerme, sino que ha terminado por ser decepcionante.

     De vez en cuando me gusta experimentar, y de un tiempo a esta parte parece que la palabra independiente es considerada un sinónimo de calidad: ya sea editorial independiente, prensa independiente o libreros independientes, pero lo cierto es que si uno experimenta, tarde o temprano, se estrella. Y eso es justo lo que me ha pasado a mi con El otro hijo. No obstante, no me arrepiento de su lectura, hay que leer de todo para saber lo que a uno le gusta.

     Y vosotros, ¿recordáis vuestra última decepción?

     Gracias.

lunes, 19 de septiembre de 2016

El palacio azul de los ingenieros belgas. Fulgencio Argüelles


     "Mi padre tomaba grandes tazones de café negro y llevaba siempre camisetas sucias que olían a alquitrán y a mi madre le decía lisonjas cuando quería algo, ternezas como prenda o encanto o princesa, pero voceaba furioso insultándola, llamándola perra asquerosa y cosas peores cuando ella se retardaba, y lo hacía con una voz ofensiva y metálica, agitando sus brazos inmensos, pero mi madre nunca le contestaba, jamás le decía una palabra de réplica, ni siquiera perdía su expresión de gratitud perenne."

     Hay títulos que, por algún motivo, me llaman la atención y me resulta imposible salir sin ellos de la librería. Eso es lo que me pasó con este, y ni siquiera me planteé leer la sinopsis. Hoy traigo a mi estantería virtual, El palacio azul de los ingenieros belgas.

     Conocemos a Nalo en septiembre de 1972, momento en el que entra a trabajar en el palacio que da título al libro como jardinero. Desde ese momento y hasta 1934 acompañaremos a este Nalo jardinero, observador, al niño que crece en una época convulsa en España. Veremos un universo desplegarse ante sus ojos en un puñado de personas con sus sentimientos y temores.

     El palacio azul de los ingenieros belgas fue la novela ganadora del prestigioso premio Gijón en el año 2003. Un premio que, si alguien me preguntara mi opinión, tiene muy poca repercusión para la fama literaria del lugar y sus tertulias, y que ha dejado títulos que siempre merece la pena ser descubiertos. Y un ejemplo perfecto es el título de Fulgencio Argüelles, un nombre que me era totalmente desconocido hasta verlo impreso en la cubierta de mi reciente adquisición.

     El lector avezado rápidamente se dará cuenta del contexto histórico de este libro, de lo sucedido en Asturias, de Primo de Rivera.. pero no por ello hay que pensar en una novela que habla de guerra o preguerra, porque en realidad lo que estamos es ante una novela de iniciación de un Nalo que no deja jamás de ser quien tiene la palabra como narrador, y que irá descubriendo el mundo adulto, el amor, el sexo, la amistad y los secretos, pero en un momento muy especial. Una época en la que es cierto que llegaron personas como estos ingenieros, a Asturias, a trabajar y explotar las riquezas del lugar. Y que generaron una serie de contrastes respecto al modo de vida y poder adquisitivo, y de esto, nuestro Nalo, porque pronto se convierte en nuestro de la forma en que lo hacen los personajes entrañables, es testigo de excepción. Por supuesto que se ven afectados por la guerra, una guerra que provocó el dolor y la muerte de los sueños de muchos, y el autor, a través de ese pequeño universo que rodea al palacio, es capaz de elevar una voz anónima de lo que fuera la vida de muchos. Ahora mismo, mientras hago un repaso de la lectura, no puedo hacer otra cosa que sonreír ante esa aspiración de poseer una enciclopedia que nos  es mostrada en un momento dado y que percibimos con casi candor.
     Los personajes, ese componente del que se suele hablar con términos como perfilados o profundos, son el eje principal de la historia. No hay uno solo que aparezca al azar, incluso los secundarios tienen una importancia vital para los hechos que nos relatan. Y se ven arropados por descripciones espléndidas y, sobre todo, por una prosa cuidada hasta el extremo convirtiendo la lectura en un placer por el simple hecho de leer las formas del autor. Así disfrutaremos con los abuelos, la hermana, con Julia, los ingenieros y sus familias... y con cada una de las situaciones que provocan. Y así lo sentirá el lector mientras percibe un cierto aire a novela de formación casi victoriana, cosa que hará desde el momento en el que la sensualidad asociada al crecimiento, viene a impregnar algunas de sus letras, sin por ello desanclarse del momento histórico en que se produce.

     El palacio azul de los ingenieros belgas es una gran novela, de esas que parecen haberse perdido en el tiempo frente a la marabunta de novedades de las mesas libreras y que, tal vez y precisamente por eso, proporciona un placer privado en el lector que se decide a descubrirla y se alza como abanderado del título, resuelto a recomendarlo orgulloso. Un tipo de libro que es muy poco habitual que venga firmado por un autor patrio.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.