lunes, 27 de junio de 2016

Las vacaciones


     Las vacaciones son ese momento del año tan relajante que queremos huir de casa. Ese día en el que pensamos que estamos mejor en cualquier otra parte del mundo, que en el nuestro habitual. Y nos pasamos días y más días buscando lugares para así desestresarnos y olvidarnos de todo; que, ojo, podemos acabar en una tienda de campaña en mitad de un monte, convencidos de que es muchísimo mejor que la comodidad de nuestro sofá favorito junto a la ventana. ¿Y el dolor de espalda por las piedras del suelo? Un masaje.

      Hacemos la maleta, preparamos las cosas, metemos los libros y cargamos el lector. Empieza el viaje. "Bienvenido a la compañía xxxxx y gracias por elegirnos para realizar su vuelo. apaguen los aparatos electrónicos...." Que digo yo que si el equipaje de mano se mide y pesa, el libro debería de quedar exento. ¡Anda que no pesa la cultura como para que ahora me digan que tengo que apagar el lector! Total que el vuelo es largo y por fin puedes empezar a leer. Empecemos, situémonos, viajamos a un país determinado y aún nos abemos la época. El protagonista, un hombre de mediana edad, con un vaso en la mano, se acerca y nos dice "¿Desean tomar algo? Tenemos a su disposición un menú con patatas y cacahuetes?"... Ah, no, no ha sido el protagonista. Ese nos mira perplejos dudando si acercarse o salir corriendo. Sigamos, bueno, sigamos en cuanto me dejen de dar pataditas en el asiento, que no sé si leo novela negra o estoy sintiendo que va a salir uno de los gusanos de Dune.
     Ahora, bien... el protagonista deja el vaso porque le suena el móvil y es que, parece ser que han encontrado un cuerpo y es algo terrible y espantoso. Sobrecogedor lo que oye al teléfono... "Pueden adquirir un cupón para el sorteo de un twingo.." Y el prota levanta la vista, traspasando esa línea invisible que separa ambos universos y te dice: "¿Se puede saber qué narices pasa?" Así que te disculpas ante la atónita mirada de tu compañero de viaje, que lleva rato mirando de reojo tu extraño parloteo con un aparato en el que, a todas luces, no estás haciendo una llamada, y decides darle una última oportunidad. Tu protagonista camina, con la consabida gabardina y mirando de vez en cuando sobre su hombro... creo que pretende no perderte de vista, no sea que vayas a volver a hacer algo inoportuno mientras te narra su triste historia. Llega a la escena del crimen y... se oye un pitido mientras por los altavoces dicen: "Nos estamos acercando al aeropuerto de..... la temperatura exterior es de.... grados y son las..... de la mañana. Apaguen los aparatos electró..." y no puedes oír más, en ese momento lo único que has escuchado ha sido la amarga risa de un protagonista, que da la vuelta a la esquina para desaparecer, moviendo la cabeza decepcionado por la compañía que le ha tocado soportar.

     Y más  o menos así empiezo yo mis vacaciones. Supongo que como muchos de vosotros. Luego haré visitas, compraré libros, pagaré el recargo por peso en el aeropuerto... Esas cosas tan normales que todos hacemos en estos casos. El 18 regreso, pero mientras tanto, seguiré dando la lata en twitter y en Instagram

     Disfrutad de las vacaciones.

viernes, 24 de junio de 2016

El aniversario. Imma Monsó


     "Ya van tres semanas. Tres semanas sin dirigirse la palabra. Tres semanas sin ni siquiera saludarse. Circulan ahora en silencio, muy conscientes de que el primero que diga cualquier cosa iniciará una etapa nueva en una relación de pareja larga, una relación que comenzó hace más de veinticinco años y que, tal vez, haya llegado el momento de liquidar."

     Nunca juzgues un libro por su cubierta, pero sí que debes dejarte enamorar por ellas si la impresión es positiva. Qué contradicción, si uno lo piensa. Pero ese y no otro, fue el motivo del flechazo que hizo que abriera este libro. Hoy traigo a mi estantería virtual, El aniversario.

     Una pareja que se acerca a la cincuentena y con los hijos ya independizados, se adentra en un bosque con el coche. Él ha preparado un regalo misterioso para una mujer a la que siente cada vez más lejos: un regalo para conmemorar el aniversario de algo que ella no recuerda.
     En ese bosque o tal vez en otro, en ese tiempo o tal vez en otro, dos niños se adentran en un bosque. Exploran, viven, juegan... sin saber lo que les depara el camino.

      Aunque para muchos sea la primera novela de Imma Monsó, la autora lleva ya una ámplia trayectoria literaria en la que se le conoce su predilección por los espacios pequeños y el número reducido de personajes. Quien no lo sepa se verá sorprendido por estos detalles, ya que la novela, pese a transcurrir en dos hilos, no supera los cinco personajes activos y, en cuanto a los espacios, uno de los hilos transcurre en un coche cerrado.
     Nada es estático y todos cambiamos, y eso es lo que les ha pasado a la pareja protagonista: han cambiado con el paso de los años, mientras se aferraban a ellos, a sus obligaciones a sus empleos. Pero eso también cambia, y la irritación contenida surge distanciándolos. en este punto les conocemos mientras viajan en coche a un destino incierto, obligados a compartir un espacio tan asfixiante como sus vidas. El lector se siente agobiado, abrumado, intranquilo, mientras la autora fuerza la situación exponiendo las diferencias entre ambos. La realidad y la fantasía, quien sólo cree en lo que ve y quien busca algo más, y la noche avanza y el coche frena en un lugar misterioso. Llegamos, parece decir, y aguantamos la respiración ante la persona que vemos a diario, ante el viaje en coche, la discusión cotidiana. Imma Monsó sabe dar al lector una pequeña dosis de miedo cotidiano, de ese que se mete bajo la piel cuando viene de quien uno no espera. Es el juego de Imma y es relativamente fácil caer en él. Incluso con la doble historia alternándose.
     Los niños en el bosque, el perdido en libros, la casa, la mujer que finge, el paseo, la amistad. Tampoco nos resulta hermoso porque llegamos contaminados de sensaciones sin otra motivación que conocer lo sucedido también en este hilo. Y de este modo nos descubrimos haciendo cábalas sobre la relación entre ambos hilos. Y sí, estamos contaminados porque nos descubrimos pensando... nos descubrimos pensando cosas terribles como que, por ejemplo, da mucho más miedo lo conocido, que aquello que aún no hemos llegado a conocer. Por eso me pregunto de qué nos conoce Imma Monsó.

     He estado unos días sin red, lamento no haber podido publicar. Y la semana que viene me iré de vacaciones, eso sí, avisando.
   
     No juzgarás a un libro por su portada, pero decidme, ¿recordáis la última cubierta que os enamoró?

     Gracias.

martes, 21 de junio de 2016

La ciencia en la sombra. J. M. Mulet


     "Dedicarse a la ciencia supone vivir con la espada de Damocles del paro sobre tu cabeza. Hasta que ganas una oposición en la universidad o en el CSIC, o te vas fuera de España y no vuelves, te pasas muchos años dependiendo de la próxima beca o de la próxxima convocatoria de contratos y proyectos... si existen. Sea como sea, van a valorar principalmente tu productividad científica de los últimos años." 

     No es la primera vez que me acerco a un libro del autor. Tengo que reconocer que me lo paso francamente bien, así que no había duda de si lo iba a leer. Hoy traigo a mi estantería virtual, La ciencia en la sombra.

     Esta vez le ha tocado el turno a los muertos. Dicho así parece casi de película de terror, pero, como nos muestra el autor desde las primeras páginas, la ficción nos hizo adictos a series de crímenes e imágenes de estudios forenses. Casi cualquiera reconoce a la chica que hace las autopsias en Castle y es una broma común decir que para empezar en eso de actuar, hay que haber aparecido de cadáver en CSI.

     Con un tono que va de lo divulgativo, ya que no falta a la verdad en los datos y explicaciones, a lo francamente divertido, Mulet hace un repaso a todas esas imágenes que vemos en este tipo de series y a alguna más en la que posiblemente no hayamos caído aún.  Nos contará por ejemplo, el caso del asesino identificado por unas moscas que, tras varias horas al sol, decidieron  acercarse al arma homicida; o desmontará lo que hay de mito en que a un muerto le siguen creciendo uñas y pelos. Y así durante el libro completo, de la anécdota al hecho, iremos avanzando laboratorio tras laboratorio para saber si se leen los huesos, si las huellas sirven, o los fluidos, el ADN, ¡la sangre! Mulet nos convierte en el aprendiz, y nos lleva de la mano como si fuéramos un fantasma sin importarle tampoco dar saltos en el tiempo.
     La anécdota. Ya lo he comentado más veces: las anécdotas, las curiosidades, me encantan. Por eso quizás se disfruta aún más este tipo de lecturas en las que no faltan referencias a Poe o Doyle, un libro en el que, al dar la vuelta la página, descubres que en un momento dado, se dijo que el Destripador pudo ser una mujer. Y eso es lo que hace interesante este tipo de libros que además se lee con una sonrisa que oscila entre el tono y lo relatado, Mulet nos provoca esa sonrisa incluso al hablar de la muerte, y nos salpica de pequeñas historias este interesante libro.

     El otro día lo comentaba, los libros de Mulet podrían resumirse diciendo, al pan, pan. Y a mi me gustan. Porque son divertidos y nos permiten acercarnos a fenómenos y procesos que de otra forma, nos serían ajenos durante tiempo. Además, ahora que la novela negra está de moda y los detectives llegan a la escena del crimen pasando por debajo de la cinta mientras se tapan la nariz. Ahora que cuando enciendes la televisión, sobre todo a determinadas horas, sabes que no vas a tardar en ver una mesa de autopsias o un montón de gente haciendo fotos en una sala revuelta...  Ahora es cuando me parece el momento perfecto para divertirnos acercándonos a ese mundo con otros ojos. Y, por qué no, jugando a buscar errores la próxima vez que al encender la televisión aparezcan Horatio o Crimson para cazar a un asesino que parecía que no había dejado huellas. Empezaréis a ver alguna cosa de otro modo y a fijaros, por ejemplo, en las distintas formas de vestir dependiendo del género.

     Animáos.

     Ayer se me olvidó preguntaros algo importante, ¿qué libro tenéis entre manos esta semana?

     Gracias.

lunes, 20 de junio de 2016

El adversario. Emmanuel Carrère


     "La mañana del sábado 9 de enero de 1993, mientras Jean- Claude mataba a su mujer y a sus hijos, yo asistía con los míos a una reunión pedagógica en la escuela de Gabriel, nuestro hijo primogénito. Gabriel tenía cinco años, la edad de Antoine Romand. Luego fuimos a comer con mis padres, y Romand a casa de los suyos, a los que mató después de la comida. Pasé solo en mi estudio la tarde del sábado y el domingo, normalmente dedicados a la vida en común, porque estaba terminando un libro en el que trabajaba desde hacía un año: la biografía del novelista de ciencia ficción Philip K. Dick. El último capítulo contaba los días que había pasado en coma antes de morir."

     Pese a que tengo un pequeño problema con los finales de los libros de Carrère, he descubierto un placer a la hora de leerlos que me ha vuelto asidua a sus tramas y letras. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El adversario.

     Jean-Claude Roman existe. En 1993 todo su entorno le conocía como trabajador de la OMS. Sin embargo, un día se levanta de la cama y mata a su mujer y sus hijos. Despúes va a la casa vecina y acaba con la vida de sus padres. No perdonó ni siquiera al perro. Después de eso volvió a su casa, se tomó un montón de pastillas para morir él. Había prendido fuego a las casas. Él no murió, aunque estuvo cerca.

     Este es el punto de partida que toma el autor, un punto de partida traumático a partir del cual su protagonista despierta rodeado de policías que no sólo se han horrorizado con lo hecho por Roman, además han descubierto su gran secreto y mentira: no trabajaba en la OMS, ni siquiera era médico.

     Carrère juega en esta novela a la no ficción novelada. Lo que relata es real, de hecho tuvo contacto con Roman de forma similar a Capote antes de escribir su grandísima novela, A sangre fría. Así que con un narrador que se involucra en los hechos, nos relata la historia de una gran mentira que comienza de forma banal y se va tragando una vida completa. La mentira de Roman no fue para conseguir fama, ni siquiera fortuna o poder, era algo gris y comenzó incluso sin tener importancia. Tampoco Roman tenía importancia ni destacaba. Tenía su familia, sus amigos, y unos horarios habituales para cualquiera con un trabajo como el suyo. Entonces, ¿qué es lo que sucede?

     Y aquí juega el autor su mano, aplastando al personaje hasta que consigamos ver bien su interior, sus entrañas. Nos muestra como la mentira es la que aplasta a la persona hasta que explota y nos deja juzgar lo sucedido mientras nos conduce a conclusiones encontradas. 20 años son muchos para mantener una farsa, es lógico que Roman se sintiera aplastado por el miedo y la vergüenza ante la posibilidad de verse descubierto. A buen seguro sería despreciado por todos, entonces, ¿matar a todos cuya opinión importa? Carrère sigue jugando, llevándonos al desenlace conocido desde las primeras páginas, o tal vez por la prensa en su día, mientras nos muestra los lugares oscuros del género humano que le llevan a cometer atrocidades. No hace falta ser un chiflado, parece decirnos, mirad Roman, un tipo vulgar con una vida aparentemente vulgar. Y ahora, mirad lo que había realmente, lo que era, lo que hacía... Mirad.

     Carrère satisface dudas, nos relata una vida y unos hechos a lo largo de un libro de unas doscientas páginas que se lee en apenas un rato. El ritmo, el estilo y lo interesante de la historia hacen que seamos prácticamente incapaces de levantar la vista de las letras. Descubrir los pormenores, intentar entender mientras tenemos la sensación de que eso es lo que pretendía el autor al indagar en la vida de su protagonista. Y preguntarnos también si hay algo que entender, si es posible comprender algo así. Todo eso hace Carrère en un libro que, más allá de la historia, obliga a la reflexión. Una novela muy recomendable con la que comenzó su fama que hoy está fuera de toda duda. No me gustó, eso sí, el último capítulo. Pero eso es porque el autor y yo tenemos esa asignatura pendiente. Es algo mío, personal, una de estas cosas que parecen de trato diario y comentar ante un café.

     El adversario: leedlo.

     Escribir sobre hechos reales siempre se me ha antojado más complicado que la ficción. Y también parece que hay más reticencias a la lectura. Decidme, ¿vosotros os acercáis a la no ficción?

     Gracias.
   

jueves, 16 de junio de 2016

El niño en la cima de la montaña. John Boyne


     "Tres manchas rojas en un pañuelo.
     Pese a que el padre de Pierrot Fisher no había muerto en la Gran Guerra, su madre, Émilie, siempre decía que la guerra lo había matado.
     Pierrot no era el único niño de siete años en París que vivía sólo con uno de los progenitores. El niño que se sentaba delante de él en el colegio no veía a su madre desde que ella se había fugado con un vendedor de enciclopedias, y el matón de la clase, que llamaba a Pierrot Le Petit por lo pequeño que era, vivía con sus abuelos en una habitación sobre el estanco que regentaban en Motte-Picquet, donde se pasaba la mayor parte del tiempo dejando caer desde la ventana globos llenos de agua sobre las cabezas de los transeúntes, para luego insistir en que él no había tenido nada que ver con el asunto."

     Es inevitable ver este libro, fijarse en las líneas que forman los alambres de espino en la cubierta, y pensar automáticamente en El niño del pijama de rayas, gran éxito del autor. Quizás por eso me picó la curiosidad. Hoy traigo a mi estantería virtual, El niño en la cima de la montaña.

     Pierrot es un niño de ascendencia germano francesa que vive en París ajeno al momento histórico en que se encuentra. Es 1935, su mejor amigo es un judío sordo y no se espera el giro que da su vida tras la muerte de sus padres. Tras unos cuantos cambios de destino, Pierrot acaba en Alemania, bajo la tutela de su tía Beatrix, ama de llaves en Berghof, una casa que es, ni más ni menos, que la residencia de Hitler. Pierrot, que no sabía nada de los nazis, se transforma rápidamente en Pieter, un joven muy diferente del niño que llegó a esa casa.,

     Reconozco que no soy fan de El niño del pijama de rayas. No al menos de la forma habitual, ya que me pareció una fábula a ratos un poco exagerada. Un poco en esa línea se mueve este libro que bebe directamente del éxito del ya citado. Sobre todo en las primeras páginas cuando conocemos al protagonista y su amistad con el niño judío, es difícil no encontrar un regusto a la ya conocida historia de Bruno.
     Boyle opta en esta ocasión por colocar a su protagonista en la residencia de un hombre que pronto descubriremos como Hitler, de hecho, deja que el lector vaya justo un paso por delante del protagonista hasta casi su parte final, en la que juega con un golpe de efecto buscando que el libro perdure en la memoria de quien lo lee.
     Pieter se va transformando en esa casa en la que veremos el uso de los uniformes y también como reniega de su ascendencia francesa recordando sólo la alemana, una casa en la que no se hablará de aquel amigo suyo judío y en la que su inocencia irá perdiéndose al no tener más estímulos que los allí recibidos para ir madurando. No demoniza a su protagonista, y tampoco carga de sentimentalismo el libro, procurando de este modo que se auna lectura rápida y ágil en la que asistiremos a la transformación de Pierrot que pasa de ser el débil a el fuerte, sin importar demasiado la forma en que lo consigue o si tiene que delatar a alguien por considerarlo poco patriota.

     Boyle busca la reflexión, enfrentar lo bueno y lo malo y la posibilidad de corromperse en determinadas circunstancias. Sin embargo, me ha dado la impresión de estar ante un libro casi apresurado en el que los personajes hubieran podido estar mejor definidos; ganar un poquito de profundidad.

     En definitiva, El niño en la cima de la montaña bebe directamente, y si lo leéis entenderéis a qué me refiero exactamente, de aquella novela protagonizada por Bruno y creo que va dirigida particularmente a fans de la misma. Personalmente, y aunque la historia podría haber estado bien, considero que se ha quedado muy corta.

     Y vosotros, ¿fuísteis de los que disfrutasteis con El niño del pijama de rayas?

     Gracias

martes, 14 de junio de 2016

El Principio. Jérôme Ferrari


     "Tenía usted veintitrés años y allí, en ese desolado islote donde no crece ni una flor, disfrutó por primera vez de la ocasión de mirar por encima del hombro de Dios. No hubo milagro alguno, por supuesto, y en verdad, nada que se pareciera ni por asomo al hombro de dios pero, para relatar lo que ocurrió esa noche solo cabe elegir, lo sabe usted mejor que nadie, entre la metáfora y el silencio. Para usted, fue primero el silencio, y el asombro de un vértigo más precioso que la felicidad. 
No podía dormir."

      Tendría que hablar demasiado de mi, y este no es un blog de ese tipo, para explicar por qué me gusta tanto la física. Pero digamos que cuando vi este libro en la Feria, supe inmediatamente que tenía que ser mío y que poco importaba el resto porque yo ya había encontrado mi tesoro particular. Hoy traigo a mi estantería virtual, El Principio.

     Un estudiante que ha ido salvando su carrera con más pericia y talento que estudios, se ve frenado en seco cuando en el final le toca hablar de Heisenberg. Este será el punto de arranque de un interés por la vida de este científico padre de uno de los principios más importantes de la física moderna, y el estudiante, convertido en narrador, establecerá un diálogo imaginario sin respuesta con el brillante científico.

     Utilizando una segunda persona, que es en realidad una primera, Ferrari nos ofrece en esta novela una interesante visión de la vida y las cuestiones morales de Heisenberg. Sin embargo hay que precisar que no estamos una biografía, sino en una novela en la que lo que nos cuentan, sucedió. El Principio de Incertidumbre Heisenberg dice que es imposible conocer la velocidad y la posición de una partícula de forma simultánea y su enunciado fue tan revolucionario que, como nos dice el autor, Einstein pensaba por las noches formas de rebatir las ideas de Heisenberg para contarlas en el desayuno de una famosa reunión y asistir a la supervivencia de dichas ideas un día más. Y será esta indeterminación la que marque en gran parte la novela y la vida del científico alemán.
    El siglo pasado fue el siglo de los avances, de los descubrimientos, de los científicos brillantes. Y también de las guerras, así que si situamos a Heisenberg a finales de los años veinte y van pasando los años, no nos extraña en absoluto que viva la Segunda Guerra Mundial. Y aquí llega la otra gran incertidumbre de la novela: los nazis. Frente a los que huyeron de Alemania, están los que se quedaron y Heisenberg se quedó. No sólo eso, Alemania tenía un proyecto paralelo al Manhattan, sí, la bomba, y necesitaba científicos que trabajasen en ese proyecto, científicos brillantes. Heisenberg lo era, no se había ido y no era simpatizante de los nazis. ¿Y entonces? Entonces Ferrari nos sigue contando su historia sin juzgar a nadie, dejando al lector avanzar por su magnífica novelita.

      Su vocación de físico es también la vocación de un poeta, leemos en un momento determinado de la novela. Y eso es lo que hace Ferrari en su libro: poesía de letras. Con frases largas y lenguaje cuidado en extremo, convierte esta lectura en el placer de paladear palabras, como si con ello hiciera su propio homenaje a la belleza. Y una vez más acompaña al libro al hacerlo, ya que la historia enfrenta la belleza de descubrir los secretos del mundo o del universo, con el horror de los resultados a los que pueden llevar esos descubrimientos. Y Ferrari opta por lo primero, por mostrar la belleza del lenguaje sin importarle caer incluso en alguna paradoja, como si de un teórico se tratara. No nos deja tampoco perdernos en la parte más técnica, prefiere empujarnos por una historia que fluye dejando que saquemos nuestras propias conclusiones.

     La mía está clara: El Principio es una gran lectura y voy a buscar más títulos de este escritor premiado ya con un Goncourt. Ha sido un verdadero placer realizar esta lectura y acercarme a este narrador tan particular.

     A veces cuando leemos palabras como "física" o "guerra" nos echamos atrás ante una lectura sin saber que nos perdemos grandes obras. Decidme, ¿hay algún tema que os eche atrás a la hora de elegir un libro?

     Gracias.

lunes, 13 de junio de 2016

Justine o las desgracias de la virtud. D. A. F. de Sade



     "La obra maestra de la filosofía sería desplegar los medios de que se vale la Providencia para alcanzar los fines que se propone sobre el hombre, y trazar, a partir de ellos, algunos planes de conducta que puedan dar a conocer a ese desdichado bípedo de qué manera debe avanzar en el camino lleno de esperanzas de la vida a fin de prevenir los extravagantes caprichos de esa fatalidad a la que se da veinte nombres distintos, sin haber llegado todavía a conocerla ni a definirla."

     Sade fue un hombre de vida convulsa, marcada por los escándalos, la prisión y mucha leyenda negra sobre lo que realmente hizo o dejó de hacer. Sin embargo más allá de sus correrías sexuales con amantes y prostitutas, también sufrió en sus carnes el poder de su suegra (a la sazón, madre de una esposa que le vino impuesta), por lo que no es de extrañar que el poder marcara también su obra. Hoy traigo a mi estantería virtual, Justine o las desgracias de la virtud.

     Conocemos a Justine junto a su hermana cuando ambas se quedan huérfanas. De familia acomodada, no tardan en sufrir el primer revés cuando las monjas las expulsan al acabarse el dinero sin preocuparles demasiado que no tengan a dónde ir. A partir de este comienzo, iremos conociendo a Justine, marcada por una moralidad intachable, y la vileza de quienes se cruzan con ella, que no dudan en hacer de su existencia un camino de tortura y desdicha.

     Sigue apareciendo media sonrisa y algún prejuicio frente al tipo de lectura cuando se nombra a Sade como si su obra se limitara a una simple enumeración de aventuras sexuales sin mucho sentido, cuando ya debería de quedarnos claro que no es así. De hecho, si fuera posible que no lo es, me gustaría saber qué parte resultó más escandalosa para quienes en su época leyeron este libro de una forma pausada y crítica: si esas prácticas que explica o el reflejo de una sociedad de clase media alta, podrida y corrompida por su propio poder. Porque sí es cierto que Justine se ve sometida a todo tipo de castigos y vejaciones, pero también lo es que sin el elemento del poder o el dinero, la obra no tendría sentido. Justine no es castigada de una forma proporcional, ni por saldar una deuda aunque de ahí parta la excusa en algunos momentos, su castigo va un paso más allá porque es el poder y la certeza de que el monstruo que la somete va a quedar impune lo que realmente puede resultar aterrador. Sade habla de una sociedad podrida en la que la moral se ha relajado y determinados estratos sociales pueden campar a sus anchas. Esa sociedad en la que el poder permite esos privilegios, en la que las humillaciones a quienes no "son ellos" quedan impunes, es la que nos va mostrando página a página en esa suerte de descenso a los infiernos que parecen situarse en un sótano, de la protagonista. Una mujer que procura regirse por sus valores, mantener una dignidad en un mundo en el que la perversión recibe más premio que la virtud. Y es en este momento en el que el lector acaricia la palabra corrupción y profundiza en la lectura pensando en el momento en que se publicó y el escándalo que suscitó. Y da un paso más y piensa en la sociedad actual... y sin alejarnos de las diferencias entre Justine y su hermana Juliette, lo hacemos de la parte sexual y reflexionamos sobre esa corrupción a todos los niveles: sobre esa atrofia de valores que relaciona su autor directamente con el dinero y el poder.

     Justine o las desgracias de la virtud es un libro con un contenido erótico imposible de no citar, pero quedarnos en ello sería perdernos lo importante. Sade nos habla de dinero, sexo y violencia, en un entorno que va mucho más allá de lo que relata. Por eso hay libros que merece la pena leerlos de primera mano, por las sorpresas que podemos encontrarnos durante su lectura. Muchas veces, por no decir todas, lo importante se encuentra entre líneas. Y eso no lo puede contar nadie, porque esa lectura es diferente para cada lector.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.