martes, 30 de mayo de 2017

El astronauta de bohemia. Jaroslav Kalfar


     "Me llamo Jakub Procházka. Es un nombre común. Mis padres deseaban para mí una vida sencilla, de buena camaradería con mi país y mis vecinos, una vida al servicio de un mundo unido en el socialismo. Hasta que el Telón de Acero se desplomó con sordo estruendo y el hombre del saco invadió mi país con su amor consumista y sus libres mercados. Antes de convertirme en astronauta, el hombre del saco y sus nuevos apóstoles me preguntaron si prefería cambiarme el nombre por otro más exótico, más occidental; más digno de un héroe. Rehusé. 
     Me quedé con el que tenía, común y sencillo."

     En este caso la propaganda funcionó. Al menos conmigo. Las comparaciones con Murakami unidas a lo extraño del título me convencieron. Y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El astronauta de bohemia.

     En el año 2018 una nove de polvo tiñe los cielos nocturnos de un color púrpura. Mientras las grandes potencias no se deciden a enviar a nadie a recoger muestras, los checos deciden enviar un cohete con un tripulante, Jakub Procházka, astrofísico, a Venus para intentar saber algo más de la misteriosa nube. Destinado a ser un héroe y levantar el orgullo de su país, Jakub se embarca en esta peligrosa misión.

     ¿Será o no será un libro de ciencia ficción? Esa parece la pregunta más frecuente en el lector que descubre este título dentro de una colección de una editorial que no suele prodigarse en estos temas. Así que quizás debamos de comenzar por ahí. Es un libro de ciencia ficción, pese a que la ciencia que explique el autor, poca, no es demasiado fiable, que que el protagonista viaja efectivamente al espacio e incluso hay un contacto extraterrestre. Y no lo es, puesto que no trata de una historia de ciencia ficción, es un libro en el que todo tiene su motivo y la soledad del protagonista además, hace que su vida pasada y su presente invadan la novela tanto, como la historia de su país. Y estos son en realidad los temas sobre los que se articula el libro.
     Bien, acabado ese punto que consideraba importante,entremos un poco en lo que nos deja esta arriesgada primera novela de un tal Jaroslav. Y empecemos por el título. Cuenta la leyenda que hace mucho, mucho tiempo, una tribu vagaba por el mundo buscando un lugar en el que establecerse. Esa tribu tenía un rey que falleció apenas llegaron a lo que es hoy Moldavia dejando tres hijas, de las cuales, una sería la encargada de heredar su poder. Y la elegida fue la menor, Libuse, que poseía el don de la profecía, y por eso fue proclamada reina. De ahí viene la República Checa pero no solo eso. La reina Libuse, cuentan, fue capaz de profetizar la fundación de Praga diciendo: Veo una gran ciudad, cuya gloria alcanzará las estrellas.
     Y ahí estamos nosotros viendo a Jakub intentando alcanzar las estrellas y con ello la gloria para su nación en una misión arriesgada que el autor despoja de todo glamour al hablarnos, cual anuncio insertado en serie, de los patrocinadores de una misión, que lleva consigo el olor a plástico de productos de dudosa calidad. Por eso es tan importante la historia reciente de la República Checa y se percibe un ligero tono satírico sobre esa ambición por recuperar la prominencia ya olvidada de un país. Pero no es lo único que se busca recuperar en este libro, Jakub también recupera la memoria de un padre informador, cuya vergonzosa memoria espera borrar el protagonista mediante su honrosa misión; e intenta además recuperar un matrimonio que hace aguas a todas luces por una misión no hablada lo suficiente y que ahora provoca silencios incómodos entre él y su mujer, que no se resigna a convertirse en "la que espera". Y si hablamos de silencios tendremos que pensar en uno de los momentos más divertidos del libro, la aparición de una suerte de araña con los labios pintados, de la que no desvelaré nada en absoluto.

      Con todos estos ingredientes y una prosa que llama la atención Jaroslav apuesta por una novela arriesgada y divertida en la que ni siquiera el nombre del cohete es al azar. Le ha faltado, como suele suceder en estas novelas que apuestan por la originalidad, un poco de determinación a la hora de poner nombre a las cosas, ya que hay un punto difuso que no llegamos a coger del todo dentro de esta crítica colectiva o individual, pero eso no empaña una lectura fresca y diferente que aporta realmente más de lo que en un primer momento hubiera pensado.

     Y vosotros, que ayer no os pregunté, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 29 de mayo de 2017

Manual de remedios literarios. Ella Berthoud y Susan Elderkin



     "Este libro es un manual de medicina, solo que algo diferente de los demás.
Para empezar, en él no se hace distinción entre dolor físico y dolor emocional; en sus páginas es tan fácil encontrar un remedio para la pérdida de apetito como lo es hallar la cura para la pérdida de esperanza."

     Hay libros que uno compra porque quiere tenerlos, incluso sabiendo que no es una novela, que no va a leerlo del tirón, dudando incluso de si lo va a llegar a leer algún día. Sí, esos libros existen, y se nos antojan y los necesitamos. Hoy traigo a mi estantería virtual, Manuel de remedios literarios.

     El ser humano es complejo, a veces un torbellino de emociones, otras una marioneta que se ve en el torbellino de emociones es la vida. Acusamos a semejantes de fríos cuando les vemos impasibles ante los golpes de la vida, ya sean alegrías o penas, y luego buscamos refugio para los que nosotros recibimos. Y los lectores, nos refugiamos en libros. Y es justo ese el momento en el que este libro comienza a ser divertido, por las curiosas asociaciones, unas más obvias que otras, que las autoras nos van ofreciendo. Yo, por ejemplo, no me sorprendí ni siquiera un poquito cuando vi que si uno se siente como un idiota por uno de esos reveses de la vida, Dostoievski puede ser la elección, o al menos la compañía adecuada. Pero sí que puse en serias dudas que lo mejor para la depresión sea leer a Sylvia Plath, exactamente igual que dudé de lo efectivo, pero no de lo divertido de la compañía, de Scott Fitzgerald cuando uno se siente un comprador compulsivo. Y así hasta cuatrocientas entradas que nos ayudarán con el Cándido optimismo o la ira, gracias a Hemingway. Nos explicarán que es muy importante tener emociones, usando como ejemplo el fantástico Jonnhy cogió su fusil como cura para aquellos que no sienten empatía. Y ojo, doy fe de lo efectivo del remedio ya que si uno no es una piedra, e incluso algunas piedras estoy segura de que también, sufrirá en su alma los devastadores efectos del libro. Veremos en La metamofosis el remedio cuando tenemos una cura de identidad y aprenderemos que en la vida el amor es importante, lo podemos buscar junto a Austen o curarnos tras un fracaso gracias a Nick Hornby y su alta fidelidad.
     Y así siguen desgranando las autoras de este libro los momentos estelares de la humanidad, paso a paso en cada vida cotidiana. La mujer del viajero en el tiempo como terapia o Chandler para hablar de bebida, citarán el acoso escolar y, como no, hablarán de adulterio en una larga lista que irá desde Madame Bovary hasta El verano sin hombres. No hay ni un solo momento de nuestra vida que se escape de este par de mujeres, enfrentándose valientemente, no como sucede en Matar a un ruiseñor, más apto para cobardes, a temas tan mundanos como la eyaculación precoz o la diarrea, sin olvidarnos de la gripe masculina, que es a todas luces mucho peor que cualquier otra gripe. Hablan de orgasmos y frigidez, nos presentan Las Venus de las pieles, en lugar de nombrar a Grey, y también de Sarah Waters o Alan Hollinghurst y su erotismo homosexual. Creo que con esta retahíla os podéis ir haciendo una idea de todo lo que aparece en este hermoso libro. Porque además de todo esto, además de las citas, recordarnos títulos, anécdotas, dar una visión un tanto diferente de los libros que ya hemos leído o no, sin importar si son clásicos o títulos actuales, el libro es físicamente hermoso. La edición está muy trabajada, la tipografía, las hojas que separan cada una de sus partes, y eso lo eleva a la categoría de tesoro o tal vez de manual de botica un tanto pasado de moda que uno luce con orgullo en el estante y conserva con cariño en la mente. Pero merece la pena y es, creo, un ejemplo de cómo la edición digital nos va a seguir privando de determinados placeres que el libro físico nos da.

     Las autoras estudiaron literatura y llevan desde 2008 "curando" gracias a la biblioterapia sin que por ello se crean médicos o afirmen que este libro sea un compendio de medicina o, líbreme Dios, de autoayuda. Pero sí es cierto que muchas veces el libro adecuado nos acompaña en los mejores o peores momentos de nuestras vidas, y le tomamos especial cariño al título que nos acompañó. Eso no creo que lo pueda poner en duda nadie a estas alturas. Y por eso, como tesoro, como curiosidad, como objeto o como pequeñas píldoras, recomiendo este Manual de remedios literarios. Por todo eso y porque además es una preciosidad. Sin olvidarnos de que a los lectores, con permiso de nuestro querido Don Quijote, los libros nos acompañan y nos sirven, más de una vez, para mantener los pies en la tierra una vez cerramos sus páginas.

     Y vosotros..., digo normalmente a estas alturas. Vosotros hoy, en realidad lo que me gustaría que pusiérais, es un título y el momento de la vida o estado con el que lo relacionáis. Eso si que sería divertido, nuestro propio manual para automediarnos literariamente. Yo, por ejemplo, para superar esos momentos de carácter adolescente que nos llegan de amigos, hermanos, hijos..., recomiendo El guardián entre el centeno. ¿Jugamos?

     Gracias.

sábado, 27 de mayo de 2017

Disfrutar de la Feria del Libro



     No cabe duda que la Feria del Libro de Madrid es todo un acontecimiento para todos los que somos lectores habituales, y también lo es para muchos ocasionales. Y sin embargo, de un tiempo a esta parte, parecemos los grandes olvidados a la hora de hablar de la feria. Nos dicen lo que tenemos que leer, y parece que luego debemos de avergonzarnos si, en lugar de comprar ese libro tan bueno, hemos optado por hacer cola durante más de una hora bajo el sol, para que nos firme el libro otro nombre más conocido tal vez por ser mediático. Y yo reivindico que las ferias son para los lectores, y que si nos van a criticar luego porque "las cosas son así y qué le vamos a hacer" luego en las casetas, te dicen los libreros, que a la feria solo se llevan los más vendidos. Y tal vez eso influya en las cosas, o tal vez no,  pero es mi feria, y, señores, la paso como quiero. Y lo que es peor: la disfruto. Cada año. Y pienso repetir.

     Así que este año voy a mirar esos carteles imposibles que seguro se podrían hacer un poco más sencillos, hasta ver qué día me cuadran dos escritores que me gusten mucho, cogeré sus libros (y el plural no es por el par de autores, recuerdo haber ido a una firma con siete títulos del mismo escritor) y me dirigiré a la feria sin importarme lo que opinen. Una vez allí me daré un paseo, me compraré otro par (o siete) y sopesaré nombres y colas, y futuras oportunidades en mi ciudad, que nadie parece tener en cuenta, que hay escritores que luego puedes ver, y otros que no vas a tener cerca hasta, con suerte el año que viene. Y no, no creo que me compre novedades ni top ventas, yo quiero una feria con libros intermedios, con un rinconcito en la caseta en el que meter la nariz, aunque sea un rincón pequeño en cada una, en el que tropezarme con clásicos o alguna bonita edición ilustrada. No quiero listas que me digan qué libro comprar ni otras pasada la feria que lamenten que tal señor tenía dos horas de cola, mientras que el multipremiado señor apenas firmó cuatro libros en una tarde. Quiero disfrutar, que no me digan culto ni tampoco que no tengo valor o criterio o base, como decía mi profesor de matemáticas del instituto a los alumnos rezagados. Y es que, al final, cuando llegan estas fechas que son además el pistoletazo de salida del comienzo del verano, uno acude con toda la ilusión, cargado con una bolsa, crema solar y un botellín de agua, y sale de la feria feliz y agradecido por aquél escritor admirado que se tomó la molestia en mirarte a la cara mientras firmaba tu libro (me ha pasado que no me miren, y también encontrarme con quien pasa el tiempo con cada lector como si fuera el único sin pensar que le restan 20 u 80 personas en esa cola, sabedor de que el lector perdona la espera cuando su escritor admirado le trata de manera personal). Pero cuando van pasando los días, se da cuenta de que no todo el mundo acude con la misma energía y entusiasmo y que hay quien va y mide y sospecha y critica... una pena, si os digo la verdad, ver que no lo disfrutan como nosotros. Y me da igual si son lectores, escritores o periodistas, todos ellos deberían de disfrutarlo. Mínimo como lo hago yo.

     No voy a recomendar libros que comprar en esta feria, como tampoco lo hice otros años. Tampoco os voy a recomendar que hagáis unas colas antes que otras, sería tontería. todos tenemos nuestros gustos, filias y fobias y, en caso de recomendar algo, me iría a los clásicos o a esos libros que me entusiasmaron y parecieron pasar sin pena ni gloria, aunque no hace falta una feria para recordarlos. Pero en una feria es más fácil ver a Grey que a Unamuno, y eso ya lo sabemos todos. Así pues, disfrutemos, y que nadie nos diga a quién tenemos que ver o comprar y, muchísimo menos, leer. Es nuestra feria, sea en la fecha que sea, y en cualquier ciudad.

     Y vosotros, ¿sois de ir a Ferias del Libro?

     Gracias.

jueves, 25 de mayo de 2017

Esperando a Mister Bojangles. Olivier Bourdeaut


     "Mi padre me había contado que, antes de que yo naciera, se dedicaba a cazar moscas con un arpón. Me enseñó el arpón y una mosca aplastada.
    - Lo dejé porque era muy difícil y estaba muy mal pagado -me explicó mientras volvía a guardar su antiguo material en una caja lacada-. Ahora monto talleres mecánicos. Trabajas mucho, pero te ganas muy bien la vida."

     Leí este libro en francés hace ya unos meses por el ruido mediático que tuvo en el vecino país. Ahora aparece editado en el nuestro, bajo un conocidísimo sello, y es por eso, que hoy traigo a mi estantería virtual, Esperando a Mister Bojangles.

     George es un hombre jubilado a una edad temprana, con el tiempo y el dinero adecuados para poder mantener a su atípica familia y pasar su vida junto a ellos. La familia está compuesta por una mujer, cuyo nombre varía varias veces a la semana y un niño encargado de contar la historia. Tienen además una grulla gritona como mascota, de nombre Miss Superflua.

     Hasta aquí y con ese argumento pudiera parecer una historia normal, aburrida incluso, pero nada más lejos de la realidad. Bourdeaut nos regala en su primera novela una tragicomedia sobre la vida y el amor. Pareciera que el autor se hubiera preguntado si uno puede enloquecer de amor y, respondiéndose afirmativamente, hubiera puesto en el camino a esta extraña pareja de excéntricos destinados a enamorarse. Y eso no significa que George no se diera cuanta de que a esa mujer de ojos verdes algo le sucedía, pero ¿qué importa un poco de excentricidad cuando uno está enamorado? Y así les deja conocerse y reinventarse una y otra vez a base de disparatadas historias que nos va relatando su hijo. Un niño feliz, que compite con su madre a saltos en el sofá, aprende matemáticas entre jarros de agua y, lejos de preocuparse por su expulsión escolar, vive en una suerte de fantasía continua sin necesidad de salir de casa. Y así es como son y buscan su propia felicidad, mirando a ratos de reojo a la vida real a través de las ventanas, entre giros al son de una vieja canción de Nina Simone, de la que toma el título la obra.
     Mr Bojangles en la canción baila, siempre baila, incluso en la desgracia. Y para cuando nos damos cuenta del detalle, Bourdeaut deja que la realidad se cuele en el domicilio familiar, y con ella la tristeza a la que parecen empeñados en vencer al ritmo de la canción. La novela, hasta ese momento divertida y disparatada, vira hacia lo trágico cuando la mujer es diagnosticada y separada de una familia que no concibe la vida sin ella y decide intervenir y rescatarla para volver a tener su propio mundo. Pero, la realidad, una vez penetra en la vida, es como el agua, que aunque sea silenciosa, siempre acaba encontrando el lugar por el cual brotar. Y así es como se desarrolla la última parte de la novela, quizás el último tercio, convirtiendo el argumento en un original ejercicio narrativo que da muestras de una destreza a la hora de escribir equiparable a la originalidad de la historia.

     Esperando a Mister Bojangles es una lectura divertida, con un regusto trágico, que merece la pena ser descubierta. Tiene pinta de no ir a hacer mucho ruido en nuestro país, quizás porque somos menos dados a estas novelas que se salen de las pautas habituales en sus argumentos, pero precisamente ese es el motivo por el cual la recomiendo. Además, siendo sinceros, todos quisimos una casa como la del narrador cuando éramos niños, y Bourdeaut convierte en un placer el descubrir, en un primer lugar la justificación de su historia y luego, sin pausa, su final.

     Me ha gustado, de hecho la he terminado en lo que transcurren dos tardes, una sonrisa y una bonita melodía.

     Y vosotros, ¿alguna vez os decantáis por este tipo de novelas, de argumentos diferentes a lo habitual?

     Gracias.

     PD. No me resisto a poneros la canción diciendo eso de baila, ¡Baila, Mr Bojangles!
   


martes, 23 de mayo de 2017

Orfancia. Athos Zontini


      "-Abre la boca, por favor -Mi madre se acerca con el tenedor-. Venga, que se enfría la carne.
     Los perros están en un rincón, ambos con el rabo entre las patas. En el otro extremo de la mesa mi padre tiene los ojos fijos en el televisor. Corta un trozo de filete y lo mastica despacio, sin hacer ruido. Se le ensancha la garganta al bajarle la carne por ese largo cuello de pájaro. Cierro los ojos y mentalmente pido un deseo:¡ahógate, ahógate, ahógate!"

     No siempre que terminamos un libro estamos dispuestos a hablar de él, a veces, el libro se termina de forma física en un tiempo, y de forma efectiva tiempo después. Esto sucede con el libro que hoy traigo a mi estantería virtual, se trata de Orfancia.

     Un niño de ocho años, narrador en primera persona de la historia, nos relatará un año de su vida. Un año en el cual él se niega a comer perseguido por un terror interno: él cree que los padres engordan a sus hijos para comérselos. Y sin embargo, también será un año en el que comience a sentir hambre. Mucha.

     Si un orfanato es un lugar de acogida para niños abandonados o Huérfanos, el significado de la palabra orfanicia me rondó durante mucho tiempo en la cabeza. Recuerdo cuando leí el título la primera vez y me pareció una palabra hermosa... hasta que me puse a pensar que, por fuerza, orfancía tenía que significar húerfano de infancia. En ese momento comencé a pensar que podía ser una palabra engañosa, y el libro captó toda mi atención.
     Athos nos relata la historia de un niño de ocho años, dividida de forma estacional, y siempre bajo su única visión. Este niño no quiere comer, se ve distinto al resto, y "sufre" la preocupación de unos padres que solo quieren verlo rollizo y feliz. No sabemos de dónde le viene ese miedo, si leyó el cuento de Hansel y Gretel o si simplemente apareció un día de la nada. Pero es real. Aunque durante las vacaciones descubra que tiene mucho hambre. A lo largo de ese año descubriremos que comprendemos a los padres en su preocupación, y también la oscuridad que habita en este narrador. El autor dejará testimonio de maltrato animal, de acoso y de desesperación en un libro que puede descolocar al lector cuando le pone punto y final. Y es que Orfancia no parece, a priori, un libro fácil de digerir (si me permitís la gastronómica alusión).

     Hay libros que generan versiones de sí mismos en cada lector, casi libros paralelos. Esos son los libros que me gustan, los que interpretamos. Así que esto podría ser: mi interpretación de la historia.
     Si partimos de un título que juega con el significado y una historia que tiene un fondo en un cuento, ¿por qué no va a ser todo un cuento? Es más, seguramente verlo así sea la única manera en la que la anécdota literal, el negarse a comer, no se coma (¡ja!) a la novela. Entonces descubrimos que tal vez ese niño sea una suerte de Peter Pan que se niega a crecer como el resto, que parecen felices siguiendo las pautas marcadas. Es diferente, no aceptado desde el momento en que comienza su acto de propia rebeldía frente a una sociedad que nos engulle representada en los padres. A fin de cuentas son ellos quienes se encargan de introducirnos en la sociedad con sus normas y guías. Y con ocho años es cierto que comenzamos a ser conscientes de muchas cosas, descubrimos otras capas del mundo que nos rodea no siempre agradables, y también, queramos o no, comenzamos a sentir hambre, a relacionarnos, a tener cumpleaños y seguir normas sin dueño, a dejarnos llevar. Pensemos que tal vez no quiera ser como todos, que tal la novela vaya de eso, de esa rebeldía que choca con la necesidad de ser uno más. Y nos caerá encima toda la carga crítica que lleva: hablaremos de acosos y maltratos y también del "me preocupo por ti" como frase arrojadiza cuando las cosas no se explican, cuando eres pequeño y ese "es por tu bien" no suena igual que cuando se dice siendo ya adulto. Cuando no se comprende. Tal vez ese sea el camino, y Athos decida darle una vuelta de tuerca. Nadie dijo que por ello el protagonista tenga que ser bueno o caernos bien. Nadie dijo que si alguien no se adapta sea solo rebeldía, quizás es por no estar preparado... para eso está la sociedad. Y de hecho, el protagonista no despierta la simpatía del lector.
     El final, esa parte que me he encontrado criticada en tantas ocasiones, me ha parecido un broche perfecto. Nadie dijo que los finales tuvieran que ser felices, ni siquiera tranquilizadores, ¿o no es acaso de los finales de los que extraemos las moralejas de las fábulas? Y eso que, en realidad, tal vez los finales felices de algunos cuentos, den más miedo que aquellos que no lo son. En todo caso será labor del lector decidir si este final lo es, o no.    

     Yo me he encontrado todo esto en Orfancia, una novela cargada de simbolismos, casi una arriesgada fábula escrita para adultos, a rato con aires de thriller. Y os diré algo más; creo que, en este caso, el autor goza de un gran (y negro) sentido del humor.

     Y vosotros, ¿recordáis algún libro que os rondara la cabeza tiempo después de finalizarlo?

     Gracias.

lunes, 22 de mayo de 2017

El cuento de la criada. Margaret Atwood


     "Dormíamos en lo que, en otros tiempos, había sido el gimnasio. El suelo, de madera barnizada, tenía pintadas líneas y círculos correspondientes a diferentes deportes. Los aros de baloncesto todavía existían, pero las redes habían desaparecido. La sala estaba rodeada por una galería destinada al público, y me pareció percibir, como en un vago espejismo residual, el olor acre del sudor mezclado con ese toque dulce de la goma de mascar y el perfume de las chicas que se encontraban entre el público, vestidas con faldas de fieltro -así las había visto yo en las fotos-, más tarde con minifaldas, luego con pantalones, finalmente con un solo pendiente y peinadas con crestas de rayas verdes."
 
     Hace 33 años, Margaret Atwood empezó a escribir esta novela, publicada y recibida con éxito. Hoy, 25 años después de su publicación por primera vez, y por obra y gracia de HBO, ha vuelto a ser noticia tanto el argumento como la historia, y por eso nos la podemos encontrar en las librerías con una cubierta mucho más moderna que la que aparece al comienzo de esta entrada y que colocaré al final. Y es que, hoy traigo a mi estantería virtual, El cuento de la criada.

     En un futuro por determinar pero que no se antoja demasiado lejano, la sociedad ha dado un cambio hasta convertirse en algo irreconocible. A través de la voz de la narradora, descubrimos un mundo en el que la individualidad ha sido suprimida y a las mujeres se las divide y trata como internas uniformadas. Pueden ser esposas, o criadas y deben de ceñirse siempre al papel encomendado con sumisión. Nuestra narradora es criada, y nos irá relatando su vida unida a los recuerdos que le quedan de cómo eran las cosas antes de no poder conservar ni tan siquiera su nombre.

     Voy a separar, lo primero de todo, la serie del libro. En mi caso hablaré únicamente de la lectura, y lo advierto así porque hay una serie de diferencias que podemos percibir desde las primeras páginas o minutos. En primer lugar la ambientación: Atwood ambienta la historia en los ochenta, así que es imposible que la protagonista, nexo principal de unión con esa vida pasada que tanto nos recuerda a nuestra sociedad actual, tenga los mismos recuerdos que la de la serie, en la que se habla de términos modernos como app de citas y homosexualidad. Superado este punto, al que habría que sumar las diferencias de guión que hayan considerado oportunas y no desvelaré, el hecho de ambientarse en los ochenta o en el presente siglo no deja de tener una importancia casi residual en esta aterradora distopía social que Atwood nos presenta, y que muchos parecen empeñados en comparar con Hijos de hombres, pese a que la de Atwood es anterior.

     Atwood nos lleva a un mundo futuro en el que ha sucedido algo, que iremos conociendo, que ha provocado un profundo cambio en la sociedad. Una sociedad en la que la gran perjudicada es la mujer, aunque somos conscientes de que los hombres tampoco lo están pasando bien. Es curiosa la sensación opresiva que es capaz de transmitir al lector, en este mundo sin espejos, miradas a los ojos o nombres propios en el que las mujeres denominadas como criadas, son la base tanto de la perpetuidad de la sociedad, y al mismo tiempo las más alienadas. Vestidas de rojo, sin capacidad de opinión, ni siquiera nombre propio (hecho que la autora acentúa al privarnos del nombre de la protagonistas durante mucho rato y luego convertirlo en algo tan escueto como para lograr que incluso lo olvidemos), son obligadas a una sumisión total.
     Pero no hay solo Señoras o Criadas. También encontramos otros roles como el de tía, escalofriante sobre todo por la forma en que la protagonista la recuerda, que demuestran una crítica feroz a la tiranía de los regímenes totalitarios, ya sean militares, religiosos, sociales o una mezcla entre ellos.
Atwood no da las claves de todo, no nos dice cómo evitar llegar a algo así, pero sí nos habla de situaciones vejatorias que sabe existen o han existido en distintos rincones del mundo, y tal vez por eso es más escalofriante. Además evita en todo momento que su novela pueda ser calificada como, de acción, generando así un ambiente opresivo que martillea en la cabeza del lector, que empieza a pensar en la posibilidad de llegar a un mundo como el representado mientras mira de reojo las noticias de la prensa.

     La novela es buena, estupenda. La historia es interesante y la lectura por capas que se puede hacer de cada pasaje daría para muchas horas de charla. Y es que, por mucho que hablen de la crítica social de la novela negra, es en las distopías en las que muchos escritores cargan tintas. Me gusta Atwood, el terror de la posibilidad de un futuro puede obligarnos a mirar de otro modo el presente.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.


"Nolite the bastardes carborundorum."

viernes, 19 de mayo de 2017

Una librería en Berlín. Françoise Frenkel


     "No sé muy bien a qué edad se remonta mi vocación de librera, en realidad. Ya desde muy niña me podía pasar las horas muertas hojeando un libro con imágenes o un  gran volumen ilustrado.
     Mis regalos preferidos eran los libros, que se acumulaban en las estanterías de las paredes de mi habitación de niña."

     Los lectores somos un público relativamente sencillo de convencer, de hecho, a un altísimo porcentaje, le pones en el título de un libro cualquier cosa que tenga remotamente que ver con una librería, y allí nos tienes. Hoy traigo a mi estantería virtual, Una librería en Berlín.

     Conocemos el testimonio, en primera persona, de la autora. Sale de Alemania en 1939, un lugar ya asfixiante, hacia Berlín, ciudad en la que abre una librería junto a su marido Simon Raichenstein, quien abandona la ciudad un año antes de ella. Con el partido nazi en el poder y las leyes raciales de Nuremberg la situación se hace insostenible yFrenkel acaba en Francia, un país que no le recibe mejor con la guerra ya declarada y en el que tendrá que esconderse. Finalmente, ya en 1943, Frenkel logra cruzar la frontera Suiza.

     Este libro tiene tantas aristas de las que hablar que me parecen interesantes, que voy a cuidar no alargarme mucho. En primer lugar el libro en sí, editado por primera vez en 1945, "Rien où poser sa tête", pasó desapercibido cayendo en el olvido hasta que lo rescatara Gallimard con prefacio de Modiano. Y fue por casualidad. Por otra parte tenemos la vida de la autora, íntimamente ligada a la trama del libro, ya que es una autobiografía. Frenkel nace en Pietrorków, estudia literatura en la Sorbona y se traslada a Berlín, fundando en 1921 la primera librería francesa junto a su marido Simon Rachenstein. Se convierte en una intelectual conocida y vive los años más difíciles de europa. Su libro, escrito a principios de los años cuarenta, ve la luz en 1945, momento en el que se pierde la pista de esta mujer de la que no se conserva una sola foto y cuyos herederos han sido imposibles de localizar, Sabemos que muere en Niza en 1975, los años intermedios siguen siendo un misterio.

     Una librería en Berlín ha sido el título elegido para la traducción al castellano de esta obra que tiene ecos de Némirovvsky. Y sí, es cierto que hay un testimonio de una intelectual cuya pasión por la literatura se desprende desde las primeras líneas, sin embargo, es mucho más que eso. Es la historia de una mujer que relata una epopeya a la vez que obliga al lector a hacerse preguntas a medida que avanza. Por ejemplo, la omisión de su marido al que apenas hace referencias, ha sido una duda constante para mi. La novela, porque pese a ser autobiográfica la podemos leer como una novela, está escrita con un cierto tono lírico que le da cadencia casi de poesía, pero sin empantanar la prosa con figuras que conviertan su lectura en algo arduo, ya que, más bien al contrario, lo más probable es que os dure como mucho un par de tardes. Como testimonio, es impagable, sobre todo y más que la época librera, me ha llamado la atención esa Francia de Vichy tan compleja en la que llega a depender de terceros, entrelazando historias personales que se adhieren al lector a medida que ella se esconde, huyendo en busca de un lugar en el que conseguir descansar... y vivir. Algo que en un momento dado parece dudar en una suerte de desanimado sacrificio. Así saldremos de esta historia conociendo un lugar llamado La Rosaraie, con una nítida imagen en la cabeza de lo que allí se encontraba.

     Me ha gustado, no carga las tintas en los dramatismos, algo bastante habitual en este tipo de testimonios, y deja un gran espacio para la bondad ajena. No hay odio, ira, ni resentimiento, y tampoco sentimentalismos en su testimonio, lo cual acaba siendo mucho más efectivo por la naturalidad de las palabras empleadas. Me ha gustado, la historia, la protagonista y también las formas en las que está escrito el libro. Y, si soy sincera, me gusta ese misterio que envuelve a Françoise Frenkel, espero que no se termine por desvelar.

     Y vosotros, ¿sois de esos lectores fáciles de convencer ante determinadas temáticas en los libros?

     Gracias.