lunes, 22 de diciembre de 2014

La historia silenciosa. Horowitz, Derby y Moffett



     "Tenía veintidós años y estaba desesperado por encontrar trabajo, algún contacto humano, así que cuando vi una oferta de archivista epidemiológico auxiliar para la que no pedían experiencia, me presenté de inmediato. La descripción que daban era bastante vaga, algo acerca de nuestros permanentes esfuerzos por comprender el alcance del fenómeno silencioso. Conseguí el trabajo un viernes y al lunes siguiente ya estaba en las calles del distrito financiero de Charlotte con una lista de nombres y un texto de presentación."

     Tres autores, un libro que comenzó siendo una aplicación, y una historia en la que los protagonistas carecen de las capacidades necesarias para contarla. Una cubierta con un círculo negro que desde el primer momento identifiqué como un conjunto vacío sin estarlo, y ya tenía muchos motivos para querer acercarme a este libro. Por eso lo compré apenas salió y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La historia silenciosa.

     Conocemos la historia de una generación a lo largo de treinta años, que comienza en 2011. Una generación de niños que nacen sin capacidad para comunicarse y lo hacemos a través de quienes los conocen y rodean, ya que ellos no nos lo pueden contar. Veremos así las reacciones de toda una sociedad a un fenómeno tan singular.

     El libro, estructurado en un prólogo, seis partes y un epílogo nos cuenta una historia que comienza en el presente, en 2011, así que para ser exactos un poquito antes de nuestro presente. Juega con una ficción en la que empiezan a nacer personas que carecen de comprensión para el lenguaje: los silenciosos. Y nos cuenta esta historia desde el punto de vista de quienes les rodean, ya que no se trata solamente de hablar, sino también de leer o escribir, por lo que ellos no nos lo pueden contar.
     Utiliza una estructura claramente similar a Guerra Mundial Z en la que vamos recibiendo testimonios de padres, vecinos, profesores, políticos o científicos y de este modo, más que la información que nos proporcionan en sí, lo que nos van creando es una imagen global de como puede reaccionar la sociedad ante un fenómeno semejante. De hecho, es la parte que cobra más fuerza al comenzar la historia; las reacciones, la extrañeza, la búsqueda de las familias de una solución.. y lo hace con una coherencia que provoca que no nos cueste imaginar que esas serían las reacciones en caso de producirse algo así. Del intento de integración, al intento de ayuda o la reclusión pasando por el miedo o el rechazo. Porque cuando estos niños que van creciendo comienzan a congregarse, cambian los sentimientos hacia ellos. Y, por supuesto, también avanza en la búsqueda de soluciones, remedios para esta generación que, guiada por el instinto universal de la socialización, incluso parece haber encontrado una forma de comunicarse excluyente para el resto de la sociedad.

     Empecé el libro movida por la curiosidad y fue esa curiosidad la que me permitió dibujar una sociedad tan perpleja como lo estaba yo ante la lectura. No es un libro cuya acción nos mantenga pegados a sus páginas, pero sí las reflexiones que esconde, y también las que nos lleva a pensar y reconocer determinadas actitudes. En interés del lector despierta, más allá de esa curiosidad, cuando empezamos a tener conciencia de las dimensiones de esta nueva generación y a considerarlos como tales, casi como un movimiento. Nos fijamos más en los testimonios que nos hablan de algún silencioso en particular, y luego lo integramos en ese gran colectivo que forman. Observamos las reacciones sociales, y también los intentos de buscar una cura para este silencio, mientras nos damos cuenta de que en un mundo dominado por el lenguaje, la incomprensión caracterizará la relación entre quienes poseen esa capacidad y quienes no.

     Como podéis apreciar, tanto en su forma como en su contenido, la historia es muy diferente a las habituales. De hecho, reconozco que me hubiera gustado conocerla en forma de aplicación antes de llegar al papel para poder disfrutar de todas sus posibilidades que son muchas.
   
     Tengo que decir que me ha gustado. Reconozco que puede ser un libro difícil de recomendar por lo atípico, pero es precisamente eso lo que lo convierte en una lectura atractiva. Eso y lo bien llevada que está la narración, en la que pronto reconocemos a algunos de los testigos simplemente al ver su nombre en el encabezamiento. Por todo esto y unos cuantos ases que me guardo en la manga, merece la pena que nos acerquemos a La historia silenciosa.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana de la Navidad?

     Gracias

sábado, 20 de diciembre de 2014

Entrevista a Gonzalo Garrido


     Gonzalo Garrido nace en Bilbao, ciudad en la que desarrolla su trabajo de consultor de comunicación que lleva ya unos años compaginando con la literatura. Conocido en las redes tanto por su espacio, Literatura basura, como por promover el Encuentro Blogs Literarios, acaba de anunciar la segunda edición de su novela El patio inglés, una apuesta valiente que se aleja de la novela con la que lo conocimos, Las flores de Baudelaire, y que no puedo dejar de recomendaros.

     - Tras el éxito de tu primera novela, Las flores de Baudelaire, ¿no hubiera sido más fácil mantenerte en el género negro, tan de moda en este momento?
     - Sin duda, pero siempre he creído que los autores debemos de escribir sobre aquello que nos apasione y, en este caso, tenía un tema universal que me interesaba mucho como son las relaciones familiares y, en concreto, las relaciones entre padres e hijos, todo ello en una época muy dura como fueron los años ochenta. Además, soy de los que cree que hay que arriesgar ligeramente, que los escritores debemos crecer, que no podemos ser conformistas por comodidad o por cuestiones puramente comerciales. La honestidad con el lector también es importante.
     - ¿Por qué partir de un suicidio (o intento) tan expuesto; al lector, a los padres que fueron testigos...?
     - Me interesaba contar la historia de una familia normal, aunque de una manera diferente. Para ello, quise tensionar desde un principio las relaciones al máximo y pocos hechos pueden revolucionar más un entorno familiar como el suicidio. En especial, si es de una persona que tiene toda la vida por delante. Pero, además, quería dar voz a tantas personas que han sufrido esta situación, directa o indirectamente, y se encuentran solas porque la sociedad los mira con recelo. Hoy en día es tabú, cosa que no ocurre en otras sociedades europeas.
     - Un salto al vacío es prácticamente insalvable, y digo prácticamente porque no conocemos el desenlace, ¿es así como ves tu las relaciones entre padres e hijos?
     - No, claro. Soy más optimista. Pero las relaciones familiares pueden conllevar lo mejor y también lo peor. E incluso en una misma familia se pueden dar ambos extremos. En el seno de cualquier familia se producen muchos hechos que condicionan la evolución de los hijos, incluso con la mejor intención del mundo. Pero también condiciona la evolución de los padres, tan poco entendida en muchos casos. La vida de un hijo no es fácil, pero la del padre tampoco. Y esas dos fuerzas no siempre alineadas pueden chocar.
     - En tu libro, el paso a la edad adulta se ve en una brecha generacional que produce un distanciamiento entre padres e hijos, ¿es así como lo ves tú? ¿estamos condenados como padres a sufrir el distanciamiento que hicimos padecer a nuestros progenitores?
     - Creo que sí, aunque con muchos matices. El distanciamiento existe porque los puntos de partida son diferentes y el encuentro entre dos generaciones nunca es fácil. Por ello pienso que lo mejor del libro es que nos permite conocer las realidades del padre y del hijo y ponernos en el lugar del otro. Y ser compasivos con ambos, ya que cada uno hace lo que puede.
     - Una de las cosas que me llamó la atención de esta novela fueron las formas. Vas desde el tono apático propio de un adolescente insatisfecho, hasta los saltos por asociaciones que se producen en la mente del padre mientras espera. ¿Fue difícil alcanzar esos tonos?¿Cuánto se tarda en escribir un libro así?
     - La forma ha jugado un papel fundamental en toda la narración. La propia estructura de libro con dos voces que alternan provoca un diálogo inacabado. En cada capítulo se cambia la perspectiva, intercalando la visión de Pablo con la de su padre como si de una conversación se tratase. Uno habla desde el presente. El otro desde el pasado. Cada uno con su tono, con su forma de escribir y de pensar, con su circunstancia. Eso me ha costado mucho, sí.
No sabría decirte exactamente porque nunca escribo de un tirón. Soy bastante lento y, en este caso, a pesar de ser una novela corta había mucha carga emocional.
     - Al leer El patio inglés uno tiene la sensación de participar en un experimento de introspección en el que el lector, invariablemente, reconoce alguna escena. Me gustaría saber si es algo pretencido y qué sensaciones esperas despertar durante la lectura.
     - La novela es un viaje al interior de esa familia y de esos personajes. Quería mostrar dos realidades confrontadas muy diferentes. Vemos la vida de Pablo con toda su fuerza e ingenuidad, y la del padre con toda su madurez y desencanto. Los protagonistas nos desvelan no solo los hechos que suceden a lo largo de la historia, sino también los sentimientos y emociones que éstos les provocan. Ambos personajes nos son muy cercanos como lectores porque todos hemos sido hijos y muchos somos padres. Ahí nos vemos reflejados con nuestras propias historias familiares. Cada uno sentirá cosas distintas. Desde luego, no dejará indiferente a nadie.
     - Y tu libro no ofrece consuelo, otra de las cosas que me ha llamado la atención. No hay un solo momento en que tiendas la mano al lector y le ofrezcas, no ya un final feliz, sino un camino fácil. ¿Por qué? ¿No hubiera sido más fácil poner un par de almohadones al final de la historia?
     - La vida es muy injusta con algunas personas y no seré yo como autor quien la dulcifique para que las conciencias de mis lectores se queden tranquilas. Dejo libertad para que cada uno elija el final de la historia, dependiendo de su propia situación, de su experiencia, de su sensibilidad, etc...
     - Comentabas el otro día, Gonzalo, en una presentación, que escribes por obsesión. Me gustaría que desarrollaras eso un poco ya que me pareció una afirmación sumamente interesante.
     - Para mi escribir es una necesidad. En mi cabeza bullen una serie de temas que siempre están ahí y que buscan salir al exterior. Y no puedo obviarlos. En mi caso lo hago a través de la escritura y necesito buscar el formato adecuado para cada uno de ellos.
     - Ambas novelas, pese a ser totalmente diferentes, comparten un estilo austero y directo capaz de llegar al lector en apenas un puñado de palabras. A partir de ahí, poco o nada tienen que ver, por eso la pregunta se impone, ¿qué podemos esperar de Gonzalo Garrido en sus siguientes obras?
     - Intentaré seguir mis propios instintos, sacar lo mejor de mi mismo como narrador, tocar más registros, comprometerme contra la injusticia... Ya veremos.
     - Por último, y por satisfacer mi curiosidad que me ha hecho llevarme grandes sorpresas, me gustaría saber qué estás leyendo.
     - Siempre tengo varios libros abiertos, mezclando historia, ensayo y ficción. En ficción he acabado Dora Bruder, de Patrick Modiano, un escritor con el que disfruto mucho desde que lo descubrí hace varios años.

     Tengo que dar las gracias a Gonzalo tanto por su amabilidad como por su cercanía y, sobre todo, por una presentación sumamente interesante de su novela a la que asistí hace unos días.

     Y, por supuesto, gracias a todos los que pasáis por aquí.

     Bibliografía:
     - Las flores de Baudelaire
     - El patio inglés

viernes, 19 de diciembre de 2014

La analfabeta. Agota Kristof




     "Leo. Es como una enfermedad. Leo todo lo que cae en las manos, bajo los ojos. Diarios, libros escolares, carteles, pedazos de papel encontrados por la calle, recetas de cocina, libros infantiles. Cualquier cosa impresa. Tengo cuatro años. La guerra acaba de empezar."

     Claus y Lucas es un libro magnífico que me llevó a querer leer algo más de Kristof, sin embargo, hasta este verano no me surgió la ocasión. Y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La analfabeta.

     Conocemos once momentos de la vida de Agota Kristof a través de once capítulos, como si fueran fragmentos de su vida de los que ha querido dejar testimonio. Testimonio de la guerra, de la huida a Austria y luego a Suiza, de lo que supone dejarlo todo y llegar a un lugar en el que, no sólo estás desarraigado, sino también sordo y mudo por no entender un idioma.

      Cuando uno lee este libro, y es aficionado a leer como es mi caso, no puede evitar preguntarse cómo ha de ser la experiencia que nos relatan. Volverse analfabeto tras pasar años entre letras, tras haber escrito poemitas, tras haber vivido. Eso es lo que le sucede a Agota al llegar a Suiza a trabajar, como no, en una fábrica de relojes. Pasó mucho tiempo (años) antes de conseguir hablar francés. Se había mudado allí con su marido y su hija pequeñísima que aprendería el idioma mejor que ella.

     Este libro está formado por once textos enviados a revistas que la propia autora despreciaba como conjunto llamándolos "redacciones infantiles", sin embargo, todos ellos tienen un punto de unión coincidente en su gran novela, un estilo que se aprecia desde las primeras páginas y que hace que no lo haya leído como relatos. De hecho nunca lo vi bajo esa etiqueta.
     Descubrimos una narración con regusto triste pero que no nos transmite esa tristeza que carga de rencor sus palabras por lo perdido. Nos lo relata porque así sucedió y esa sensación se ve impulsada por su prosa precisa, totalmente desvestida de artificios para crear estilo. Nos enseña a apreciar cada una de las palabras que deja en este librito que se lee en apenas un rato.
     Una historia que destila el amor por las letras, por su lengua materna por todo lo que simbolizaba y que perdió y también que retrata perfectamente la vida de una mujer que, tras llegar a Suiza, vería pasar más de dos décadas antes de escribir su gran obra. De hecho ella misma dice en el título que hoy os traigo:

     "Sé que nunca escribiré el francés como lo escriben los escritores franceses de nacimiento, pero lo escribiré como pueda, lo mejor que pueda. No he escogido esta lengua. Me ha sido impuesta por el destino, por la suerte, por las circunstancias. Estoy obligada a escribir en francés. Es un desafío. El desafío de una analfabeta."

     Si conocéis ya a Kristof es un libro que seguramente os encante y si aún no os habéis acercado a Claus y Lucas, no dudéis en hacerlo con este título, mucho menos extenso. Una historia de desarraigo, de vida.

     Y vosotros, ¿os acercáis a los libros de tintes autobiográficos?

     Gracias

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Bajo la piel. Michel Faber




     "Cuando Isserley divisaba a un autoestopista, en principo siempre pasaba de largo para tener tiempo de observarlo. Buscaba grandes músculos, un pedazo de cuerpo con patas. Los ejemplares pequeños o enclenques no le interesaban."

     Esta vez vengo con una relectura. Me recordó el título hace ya tiempo Sergio en Galletas chinas, y  lo volví a colocar en el montón de libros por leer. Hasta que le llegó el turno. Por eso hoy traigo a mi estantería virtual, Bajo la piel.

     Conocemos a Isserley, una mujer de aspecto extraño por sus "discrepancias físicas". Unos labios hermosos, unas tetas impresionantes, una cara con forma de corazón.... y unas extremidades esqueléticas que llaman la atención, una estatura mínima y una ropa anticuada. Por no hablar de sus gafas. Isserley se pase por las carreteras de Escocia recogiendo autoestopistas. Pero no le sirve cualquiera, primero los examina detenidamente. Y entonces, si han pasado ese primer examen; para.

     Podría decir mucho más del argumento de este libro, podría incluso contar que en un momento dado me lo topé bajo la etiqueta ciencia ficción, pero no me gustan las etiquetas. Nunca me han gustado. Y más en casos como este, que esconden una historia que va mucho más allá de una simple etiqueta.
     Faber construye una historia a ritmo de carreteras escocesas presentando a una enigmática mujer. Lo hace con un narrador que se fija ahora en ella, ahora en el autoestopista recién recogido. Y nos va dando pistas a lo largo de la lectura que tenemos entre manos, va tensando la cuerda. Poco a poco quedamos atrapados por lo que esconde Isserley sin remedio. Asistimos a sus preguntas, sus reflexiones, sus miedos y decepciones casi constantes cuando algo parece no salir bien. Buscamos incluso en su método su obsesión.
     Los enigmas que intuimos nos empujan a continuar este libro y, a medida que el autor va desvelando incógnitas, tenemos la imperiosa necesidad de que oponga sus cartas sobre la mesa y nos desvele la historia completa. Así es leer Bajo la piel.

     El autor es parco en palabras. Las escatima desde el primer momento y es precisamente eso lo que añade emoción a la lectura, la sensación de que hay mucho más bajo la tinta de lo escritor. Pese a ello, podría decir que sus descripciones son magníficas, escuetas, precisas, envolventes hasta saturar los sentidos del lector. Es cierto que tiene un momento en el que la novela se suaviza y nos deja un reposo para que asimilemos lo que nos está diciendo, pero rápidamente retoma esa tensa calma que caracteriza esta narración.

     Esta vez no voy a contaros mucho más, porque es una historia para leer sin que nadie de una sola pista, recogiendo nada más las que el autor nos ha ido dosificando. Lo que si os puedo decir es que es una novela impactante, de esas a las que vamos dando vueltas hasta que terminamos. Y unos cuantos días más.

     Hay una adaptación cinematográfica relativamente reciente que no puedo comentaros puesto que aún no la he visto. Pero al libro acercaos, es de esas lecturas que luego a uno le gusta recomendar como si fueran un tesoro recién descubierto.

     Y vosotros, ¿sois de los que recomendáis un libro hasta quedaros sin voz cuando tenéis la sensación de haber descubierto un tesoro?

     Gracias

martes, 16 de diciembre de 2014

El caso Galenus. Alberto Curiel



     "Este libro recoge la historia que me relató el pasado mes de enero mi antiguo compañero de estudios Fernando Flórez Clavero, a quien todos conocíamos con el sobrenombre de Capitán por su carácter adusto y sus modos involuntariamente castrenses.
     La primera vez que vi a Fernando fue en clase. Sería el tercer o cuarto día del primer curso en la Facultad de Farmacia de Salamanca, durante el periodo académico 1992-1993, hace ya casi veinte años."

     Una de las cosas que vengo haciendo este año es acercarme a la novela de tintes negros que se produce en nuestro país. En este caso en particular, al hablar de patentes y de medicina, me pareció un argumento diferente a lo que había leído y por eso no me lo pensé demasiado. Hoy traigo a mi estantería virtual, El caso Galenus.

     Conocemos a Isabel, una ejecutiva de Telefónica que recupera la amistad con Elena, una amiga a la que hace años que no ve. Sin embargo, no se verán muchas veces antes de que aparezca muerta Elena y las sospechas recaigan sobre el marido. En plena vorágine de sentimientos encontrados aparecerá en la vida de Isabel un joven llamado Fernando, colaborador de la policía en la investigación de la muerte de su amiga, al que ha llamado la atención una "anormalidad" encontrada en la autopsia. Juntos comenzarán una investigación que les llevará por el complicado mundo de las industrias multinacionales y sus secretos.

     La novela se estructura básicamente en dos hilos: un primero que desarrolla la acción del libro, y otro más reducido en el que recogemos los pensamientos de una joven encerrada en un sótano con un fin que vamos intuyendo poco a poco. Con ello el autor consigue, lejos de aliviar la tensión del hilo principal, sumarle la angustia del dolor y encierro que sufre esta joven.

     El argumento, que se desarrolla entre pequeños misterios y viajes a la carrera, comienza con una muerte y rápidamente nos sitúa en el epicentro de la trama: el cáncer. Una enfermedad que está condenada a sufrir un porcentaje altísimo de la población y cuya investigación está todos los días en los medios de comunicación. A partir de estos dos hilos enlazados en la persona de Elena, desarrolla un thriller ágil y de lectura rápida en el que acabaremos sospechando de todos. Sin embargo, no es eso lo que me ha gustado más de una novela que, de no tener otro aliciente, no pasaría de ser un libro entretenido.
     Para el lector pausado que busca leer entre líneas, el autor desata un pequeño debate, en el que habla de los avances médicos y sus consecuencias más allá de las vidas que puedan salvarse. No sólo de la fama, sino también de conflictos de intereses y revoluciones mediáticas o psicológicas que podrían producir descubrimientos como el que nos plantea. Es cierto que esta parte queda difuminada en la búsqueda de enganchar al lector a una acción prácticamente constante, y que me hubiera gustado que entrase un poquito más en el tema, pero ahí está; planteando una situación y esperando reacciones en los lectores.

     Una historia ágil, con un corte cinematográfico que la convierte en una rápida lectura y una buena opción entre otras más densas. Personajes que se dibujan tal vez mas por resultarnos viejos conocidos en este tipo de historias, que por lo que nos describe el autor, y un buen broche final componen una novela que esconde un pequeño debate para aquellos interesados en recogerlo.

     Y vosotros, ¿necesitáis novelas de evasión tras una lectura densa?

    Gracias

lunes, 15 de diciembre de 2014

Un niño prodigio. Irène Némirovsky



     "Ismael Baruch había nacido un día de marzo en que nevaba mucho en una gran ciudad marítima y mercantil del sur de Rusia, a orillas del mar Negro. Su padre vivía en el barrio judío, no lejos de la plaza del mercado. Se dedicaba a la reventa de ropa vieja y chatarra."

     Escrito por una jovencísima Irène Némirovsky, este libro es anterior a su primera novela. Y no lo llamo novela porque debido a su extensión es un relato largo, no porque le falte profundidad o argumento. Con un título atractivo y una autora más que reconocida a la que debía de dar otra oportunidad, hoy traigo a mi estantería virtual, Un niño prodigio.

     Conocemos a Ismael. Un niño ruso que nace en la pobreza de un barrio humilde y el seno de una familia que ve como las enfermedades van diezmando su extensa prole. Pronto comienza a cantar en tabernas, consiguiendo algo de dinero, y será precisamente ese don el que atraiga la mirada de un hombre y su pareja, que no dudará en catalogarlo en base a sus composiciones como niño prodigio. Solo de este modo consigue salir de su barrio, mejorar su situación y su vida, sin saber que nada es eterno.

     En apenas cien páginas, la autora construye una historia tan hermosa como triste y cruel. Vamos siguiendo los pasos de este niño que se ve primero sorprendido por el éxito y luego ufano y lo acompañamos hasta sus últimos momentos. No necesita extenderse para mostrarnos la miseria  y la aceptación de la vida miserable. Ni tampoco para que conozcamos a este niño convertido rápidamente en un "pillo" de las calles portuarias. Pero lo que realmente hace, usando el talento de este joven niño, es ir destapando las caras de la naturaleza de  las personas. El orgullo de los padres rápidamente convertido en interés, el interés de la princesa que se irá mostrando como un egoísta capricho y las transformaciones que se van produciendo en el joven protagonista.

      Invita a la reflexión, ahora que proliferan los programas en los que los niños salen a hacer sus trucos, sobre el peligro de empujar y forzar a este niño sin tener en cuenta sus propias inseguridades. Lo que hubiera de sido un motivo de orgullo, acaba convirtiéndose en un deber, y para cuando lo hace, el niño ya no sabe a qué mundo pertenece. Y cree perdida su capacidad y con ella sus apoyos y tal vez su sentido.
De hecho, la misma autora comenta que tal vez alguien debiera haberle dicho a Ismael que volvería a componer, cuando a quien se encuentra es a otro juguete roto en el camino de su vida. Porque pronto vemos que la historia trata justamente de eso. Y también del valor de las personas por lo que son, siendo la relación de los padres con el niño la parte más cruel de una historia que se antoja mil veces vivida con distintas caras, con distintos nombres...

     La edición tiene un prólogo estupendo, pero recomiendo leerlo al final. Porque, si bien es cierto que pronto anticipamos el color del resultado de la novela, creo que se disfruta más una vez terminada la historia. De este modo podemos compartir los paralelismos que nos señala y también llegamos limpios a un librito francamente recomendable.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

    Gracias

sábado, 13 de diciembre de 2014

Leído este año




     "Me gusta extraviarme de mi mismo a través de otras mentes: cuando no estoy pensando estoy leyendo. Soy incapaz de sentarme a pensar, los libros piensan por mi."
     Charles Lamb

     En estas fechas parece que lo que toca es hacer un recuento de las lecturas anuales. Si tuviera que decir un nombre que me ha causado un impacto con sus letras, seguramente no lo dudaría más de unos segundos: Carlos Castán y La mala luz. Pocas veces se encuentra una con un libro de un estilo tan depurado y magnético como el que me atrapó este verano, sin dejarme salir de sus frases que profundizaban en una hermosa superficie repleta de soledad. Pero no ha sido el único, ni mucho menos. Hace no demasiado me dejé llevar por las dos historias que comparten Secretos del Arenal, otra novela en la que destaca el cuidado uso del lenguaje que hace su autor, Félix G. Modroño, en ambas historias. Y si se trata de dos historias en una novela, no puedo dejar de hablar de Antonio Muñoz Molina, que acaba de darme la alegría de publicar Como la sombra que se va, un libro en el que ha recuperado ese tono que hizo que lo colocara como un imprescindible entre mis lecturas. Una historia sobre dos vidas y una ciudad que a grandes ratos parece susurrarse al lector, como si fuera dirigida personalmente a cada par de ojos que se posan en ella. También Víctor del Árbol nos enseñó este año lo que era Un millón de gotas en el mundo, con una historia que encogía el alma, una vez más, como si supiera que botón pulsar en sus lectores. Y si hablo de relatos, tengo que citar Niños en el tiempo, de Ricardo Menéndez Salmón, una novela estructurada en relatos o tres relatos que acaban componiendo la historia completa de una novela, que me fascinaron tanto como el título que lleva la obra. Parece que todo son lecturas pausadas, pero también estuvo El hombre de la máscara de espejos, demostrando que tenemos novela negra por descubrir dentro de nuestras fronteras.

     Pero no todo ha sido dentro de nuestras fronteras. Richard Ford me llevó a Canadá en una de las mejores lecturas del año, y eso que la realicé en enero creo recordar. Lolito, de un jovencísimo Ben Brooks, nos enseñó el sabor amargo del Nesquik de fresa y La muerte del padre fue purgando el dolor de la ausencia de una figura que ya parecía ausente antes de irse. Aunque para ausencias, el ataúd de papel construido por Delphine de Vigan para presentarnos a su madre en Nada se opone a la noche. Aprendimos también que la forma es parte de la historia con La casa de hojas, un libro que se auto reivindica como objeto además de como lectura, y nos enseña monstruos que se esconden en espacios que no existen. Monstruos que pueden ser humanos y participar en el Ritual de Pinner.
     Pero no son todo monstruos, no. Cartas de amor de Dylan Thomas llegó para hacerme recordar los tiempos en que las misivas iban con sello atesorando sentimientos tan contradictorios como arrolladores: pasiones del cuerpo, del alma... Y si hablamos de pasiones, conocidas son las mías por David Foster Wallace y Thomas Pynchon, así que no pude resistirme a traer a mi casa Esto es agua y conocer las palabras de Wallace apenas tres años antes de su muerte prematura. Como tampoco me resistí Al límite de Pynchon junto a Maxine Tarnow.

      Tantos libros han pasado por mis manos que estoy segura de olvidar al menos una docena de ellos. Aunque recuerdo El nadador en el mar secreto y su tremenda historia que, exenta de sentimentalismos baratos, remueve al lector en apenas un puñado de páginas. O Ubik, y su relato imposible de un término aplicable a todo o tal vez a nada.
     Tantas historias, tantos libros, tantos personajes que logran conmovernos, provocar nuestro odio o desdén, cansarnos, alegrarnos... alguno incluso enamorarnos.

     Para un lector, cada año se escribe con la tinta de los libros que pasaron por sus manos, con las palabras que lograron conmoverlo por el momento en que fueron elegidas, con los sentimientos que asociaron a ellas. Porque el diario de un lector empedernido, no lo dudemos, podría escribirse perfectamente a partir de sus filias y sus fobias. Así que cuidado con vuestra respuesta hoy, porque mi pregunta pretende desnudar esa pequeña parte de vosotros que queda escondida tras las cubiertas de un libro.

     ¿Podéis decirme el título de alguna lectura que haya marcado este 2014?
 
     Gracias