miércoles, 6 de julio de 2011

Cuando el lago se hiela. Elizabeth Edmonson


      "No se recordaba una helada como ésta desde el invierno de 1920 a 1921, y las noticias de que los grandes lagos del norte se están congelando no sólo ha ocupado titulares en nuestros periódicos locales, sino también ha sido el tema de algunas columnas de los grandes diarios londinenses, que recogen información de la helada que se está produciendo a nivel internacional. En este momento, los norteños afilan sus patines y observan los cielos claros y las noches estrelladas para asegurarse de que el clima no va a cambiar, mientras que los exiliados en Inglaterra y el extranjero recuerdan días helados vividos en el norte hace mucho, y cierran los ojos ante sus actuales calles grises para recrearse con la imagen y el recuerdo de los cielos de invierno deslumbrantes, con aire límpido, sin humo, hollín ni gases. En su imaginación, vuelven a patinar de extremo a extremo del lago junto a los elevados páramos, mientras sus cuchillas afiladas rasgan el hielo. Entonces, las orejas y los dedos les hormiguean y se sienten invadidos de una alegría inmensa."
      Hoy os voy a hablar de una historia de intriga con un agresor de chicas jóvenes que reaparece en una zona tranquila, junto a un lago helado. O mejor, de una reunión familiar donde se descubrirán oscuros secretos entorno a un lago helado. O si lo preferís os hablo de el amor que nace entre una chica que busca independencia de su familia y un hombre que ya la ha conseguido, aunque no del todo. O... del secreto de una familia que incluye muertes y embarazos e hijos cuyo destino no queda del todo claro... O mejor, os hablo de todo eso en una época en la que Gran Bretaña tenía un ojo puesto en la Guerra en España y el otro en la posibilidad de una guerra en el resto de Europa, con Hitler,camisas negras, persecuciones los judíos y Estados Unidos tan distante y glamouroso. Porque todo eso es Cuando el lago se hiela, un libro denso y largo en el que acudimos a una improvisada reunión junto a ese lago de dos grandes familias para disfrutar de un acontecimiento que no se repetía desde hacía 16 años. La posibilidad de ver el lago completamente helado y patinar dejando de lado por un momento sus vidas actuales para volver a la infancia.
      Cuando comencé el libro y me contaron como era Westmoreland no pude evitar recordar Manderley y su fantasmagórica Rebeca. Lo mismo me pasó con la dictatorial abuela, que no podía evitar recordarme a ese ama de llaves que hace imposible la vida de la inocente chica que llega a la mansión. Aunque... nada que ver. Esta vez es una tiranía ejercida sobre una familia que se extiende hasta más allá de las puertas de la casa familiar. Hay temor, intrigas detrás de la puerta y complicidad, pero me lo seguía recordando. Eso posiblemente ha viciado mi opinión sobre el libro que, en su conjunto se deja leer.
      Gracias